La pajarera celebra su primer cumpleaños con el doble de censo que el año pasado En San Diego reside un monseñor, un cardenal gris y un capuchino. Pero también una viuda dominicana, algunos oriundos de Mozambique, Java o California y muchos, varios, diamantes. Son sólo parte de los habitantes de la pajarera de San Diego, donde el sol despierta los trinos y el revuelo se levanta al desayuno. La familia ha crecido desde que el pasado julio se inaugurara la casa, escaparate de especies que no pueden verse en Europa en estado silvestre y cita diaria para paseantes que conocen de su existencia al final del parque. Faisanes, tórtolas, palomas, patos, pinzones... hasta una cuarentena de animalillos, hasta ahora conocidos por libros o documentales, regalan cada día el espectáculo de vivir.
R. D. SEOANE