Carlos del Álamo apagó la revuelta contra Sogama y logró reducir los incendios, pero la crisis de las «vacas locas» minó su actuación La llamada de Fraga lo sorprendió en Madrid, en la Dirección General de Conservación de la Naturaleza. «Hay que crear la Consellería de Medio Ambiente», le dijo. Y Carlos del Álamo cambió su despacho de la capital por otro en Santiago para asumir el reto. Había que empezar de cero. O casi, porque lo primero que se encontró fue con una explosiva herencia: Sogama. Media Galicia estaba levantada contra el plan de residuos sólidos, un regalo envenenado de Cuiña que, a cambio, se quedó con la gestión de la política del agua. A partir de ahí no le quedó más remedio que fajarse como gestor para lidiar en el equilibrio entre consellerías.
RAÚL ROMAR