Su madre abrió el establecimiento en un local de apenas dos metros cuadrados que él fue ampliando, aunque mantuvo hasta el final la filosofía de ofrecer variedad de artículos para auxiliar a los vecinos en cualquier necesidad urgente
Un buen día, un amigo le pidió a Jorge Araújo que le cortase el pelo. Lo hizo con lo primero que tuvo a mano: unas tijeras para el pulpo. El cliente quedó satisfecho y él decidió estudiar Peluquería y Estética y abrir su propio negocio