Los modestos se rebelan, los presupuestos se igualan, llegan las sorpresas y el aroma de las eliminatorias da al torneo un aire distinto Desde el principio de los tiempos, el torneo de la regularidad ha caminado de la mano del factor justicia. Puede cundir el desánimo, pero también da lugar a la capacidad de rectificación y reacción. La Copa, por el contrario, desprecia la razón y el sentido común. Ese es su aliciente y el atractivo añadido que posee. La ley presupuestaria cae en el olvido, el equipo débil vuela al sentir el aliento del público enfervorizado. Hasta la barandilla del campo contiene sensaciones de heroicidad. Al lado de la Copa del Mundo, la Intercontinental o la Copa del Rey, está la Copa da Costa, un torneo que viaja en paralelo entre la realidad y la ficción.
G. VARELA