Los modestos se rebelan, los presupuestos se igualan, llegan las sorpresas y el aroma de las eliminatorias da al torneo un aire distinto Desde el principio de los tiempos, el torneo de la regularidad ha caminado de la mano del factor justicia. Puede cundir el desánimo, pero también da lugar a la capacidad de rectificación y reacción. La Copa, por el contrario, desprecia la razón y el sentido común. Ese es su aliciente y el atractivo añadido que posee. La ley presupuestaria cae en el olvido, el equipo débil vuela al sentir el aliento del público enfervorizado. Hasta la barandilla del campo contiene sensaciones de heroicidad. Al lado de la Copa del Mundo, la Intercontinental o la Copa del Rey, está la Copa da Costa, un torneo que viaja en paralelo entre la realidad y la ficción.
06 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Si alguien repara en la historia del Ponteceso negaría su desaparición. Los pontecesáns mantienen los mejores registros coperos y tendrán ese privilegio, cuando menos, durante un par de años. Son los que más eliminatorias han superado a lo largo del camino de la Copa da Costa y ocupan el primer puesto en el ránking de finales con ocho. También los que más han perdido, con cinco. Sin embargo, el tiempo les deparó la buena nueva de un espectacular triunfo en su ocaso. Como si la competición quisiese redimir a un equipo y a una afición frustrada luego de tres intentos que se quedaron en la orilla y de dos décadas de sequía copera. El Carnota, además de sus dos galardones, merece un premio a la regularidad. En los últimos treinta años sólo se ha perdido dos ediciones. Acumula buenas estadísticas, como equipo difícil de eliminar. El podio de partidos lo completa un equipo copero por excelencia: el Laxe, que en la década de los ochenta devastaba a sus rivales. Seis finales y dos semifinales atestiguan sus éxitos Épocas y equipos Cada época tuvo unos equipos en protagonista, al igual que ese Laxe deslumbrante. En los primeros años, la hegemonía corrió a cargo del Cee, el Buño y el Xallas, con dos equipos al acecho: Fisterra y Negreira. Los primeros setenta carecieron de dominador claro. Un reflejo es la alternancia de ganadores. Con la transición volvió el Cee a marcar la pauta y surgió la figura del Corcubión, que no culminó sus buenos torneos con un título. Los ochenta nos dejó la ausencia de los equipos con mayor tradición le dio la alternativa a Laxe, Camariñas y Baio, escondidos hasta entonces. El Corcubión, en dos años brillantes se apuntó a la senda del triunfo. La segunda Copa que consiguió fue, por cierto, en la única ocasión de la historia que no se marcó ningún gol. En los noventa, volvieron los míticos Cee, Fisterra y Ponteceso a mandar en la competición. A su lado, San Lorenzo, Camariñas y Lira firmaron buenos torneos. Para el 2000, aún habrá que esperar.