Tantakka Teatroa representó una obra de personajes desgarrados que apuntó a los sentimientos de los espectadores La función de Tantakka Teatroa apuntó directamente al corazón, a los sentimientos. Detrás de las palabras, siempre envueltas por el caramelo de la razón, que brotaban de los personajes estaba latante la nostalgia, el desarraigo y la amistad. Nunca salió de la boca de los protagonistas términos como esperanza o soledad, sin embargo nacían simplemente de la entonación. La eufonía de «Novecento, el pianista del océano» era la de aquellas películas negras de la época dorada de Hollywood, con personajes atrapados por su pasado a la espera de que algo trancendentalmente ocasional se cruzará en sus vidas para comenzar de nuevo su existencia. En las tablas del Rega y en el ambiente flotó el espíritu de Humphey Bogart, Rita Heiwburg y Santiago Ramos.
GABRIEL RIVERA