BEGOÑA R. SOTELINO EN DIRECTO
12 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando llega un maestro avalado por la crítica internacional, el público casi nunca se atreve a cuestionar la opinión de los especialistas ni defraudar al artista. Haga lo que haga. Y ya tiene que hacerlo muy mal para que le protesten. Joshua Redman, acompañado por una banda que no sólo le seguía, sino que iba por delante de él, ofreció en el Centro Cultural Caixanova un concierto memorable para los amantes del jazz más vanguardista, para los amigos de la investigación sonora, de la experimentación instrumental. En particular, para auténticos melómanos. En general, para espectadores de oídos curiosos y abiertos. Pero para los no especilaistas, el recital se hizo difícil de sobrellevar a ratos. El espectáculo se fue cosiendo con retazos brillantes de intensidad con largos momentos para el lucimiento del líder del cuarteto con su saxo, de técnica perfecta, sí, pero en ocasiones se agradece menos virtuosismo en favor de más calor. A lo largo de su concierto en Vigo, incluso le hizo ganar en emoción el que Redman descansara buenos ratos en una esquina para dejar volar a Aaron Goldberg en el piano, a Rauben Rogers con su bajo y a Greg Hutchinson con la batería. Una pena que no se estirase más con temas de otros, como el de Charlie Parker o el clásico My one and only love, del que hizo una fantástica decostrucción para poner los pelos de punta. Al final, el aplausómetro explotó, mientras, el músico pidió disculpas por las dificultades técnicas, que, más que perdonadas o ignoradas por el público, se diría que ni fueron captadas. brodriguez.vigo@lavoz.com