Estados Unidos asume la exaltación patriótica como legado del 11-S al cabo de nueve meses de los atentados El país que quisiera ser el más seguro del mundo, los Estados Unidos que el presidente de la Xunta, Manuel Fraga, visita estos días convidado por un foro de estadistas que analizan las perspectivas de desarrollo de Latinoamérica, sigue esperando respuestas que la Casa Blanca no puede dar. Nueve meses después de los atentados del 11 de septiembre, la normalidad que los ciudadanos pasean por las calles de Chicago apenas alivia esa sensación de alerta. Cada pregunta indiscreta en el aeropuerto, cada huella de la prolífica imaginería de las barras y las estrellas, son punzantes llamadas a George Bush para que eleve la guardia. Pero sobre todo, son pruebas de unidad ante el frío aliento de un peligro imprevisible.