El zoológico de A Madroa exhibe especies que viven entre tinieblas
24 ago 2011 . Actualizado a las 11:42 h.Animales nocturnos en plena actividad y completa oscuridad, salvo por una tenue luz azulada que facilita que los ojos humanos vean sus movimientos. Esta es la imagen que perciben todos los visitante del Nocturama, una instalación ubicada dentro del zoológico de Vigo, que acoge desde hace un año a seis especies nocturnas para poder contemplarlas entre tinieblas en su día a día.
Una vez adaptada la vista a la oscuridad, el visitante puede reconocer hasta cuarenta animales distintos y, aunque va a ser ampliado con nuevas especies, desde el zoológico explican que «hay otras inversiones más urgentes». Los que sí comparten mesa y mantel en el Nocturama, aunque en recintos separados, son la chinchilla de Adelaida, el kinkají, el petauro del azúcar, la gineta, el murciélago de la fruta y el gálago de Senegal, un primate nocturno muy activo y ágil.
Cada una de las especies cuenta con un recinto térmico de pequeño tamaño que simula las condiciones vitales, visuales y decorativas de su hábitat.
El recinto para la observación de animales nocturnos es la forma que ha encontrado el zoológico para que niños y mayores conozcan in situ cuáles son los hábitos de este tipo de especies. Con el tiempo que llevan allí, parecen haberse adaptado a su nuevo hogar, aunque en el fondo siga siendo una realidad forzada, donde unas luces que se encienden a partir de las 21 horas señalan que comienza un nuevo día y, por tanto, que es momento de dormir.
Victoria Mancera, de Málaga, visita estas instalaciones por primera vez con sus dos hijos: «Nos gusta la idea de recrear la noche porque así podemos verlos y nos hacemos una idea de cómo viven, aunque siempre será mejor en libertad». Lo explica entre susurros, pues en estas instalaciones es especialmente importante no hacer ruido para evitar alterar más el ciclo de vida de los animales.
La instalación será compartida en un futuro por aves rapaces, búhos reales y otras especies curiosas, aunque no necesariamente nocturnas.
maría rodríguez