Realizado en Suecia el primer implante de una tráquea sintética

Sara Carreira Piñeiro
sara carreira REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Sobre la estructura se hicieron crecer células madre del paciente

09 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El eritreo Andemariam Teklesenbet Beyene, de 36 años, puede hablar y tragar gracias a su tráquea sintética, la primera que hay en el mundo en su estilo. Su caso ha dado la vuelta al planeta porque, aunque una tráquea no tiene la complejidad de un corazón -ni en resistencia ni en flexibilidad, entre otras muchas cosas-, sí se trata de un paso más en la lucha humana por no depender de las donaciones.

La operación del implante duró doce horas, se llevó a cabo en el Hospital Universitario del Instituto Karolinska de Suecia y la realizó un cirujano pionero, el italiano Paolo Macchiarini, quien ya usó algo parecido en el 2008 con una mujer catalana, Claudia Castillo. En aquella ocasión necesitó una donación, pero esa tráquea fue «cubierta» por células madre de la paciente, que se evitó el rechazo al órgano.

De Londres a Suecia

Ahora, Macchiarini ha dado un paso más y ha rizado el rizo: encargó a los británicos del University College de Londres una tráquea sintética biocompatible exactamente igual a la original, y para eso sometieron a Beyene a escáneres en tres dimensiones; trasladaron la estructura porosa creada a partir de este molde virtual a Suecia y allí la sumergieron en una solución de células madre extraídas de la médula ósea del paciente; en dos días, los millones de agujeros de este conducto artificial se cubrieron con tejido de Beyene. Este podrá volver a Islandia, donde preparaba un doctorado sobre geología, antes del cáncer de tráquea, que fue operado y tratado con quimioterapia sin éxito.

Macchiarini, cuyos resultados no cuentan con el apoyo unánime de la profesión a pesar de haber publicado alguno en The Lancet, explicó ayer que la gran ventaja de esta nueva técnica es que no depende de nadie. En el caso de Beyene no se podía esperar a una donación, que no llegaba, y por eso se optó por este sistema. El paciente, que lleva años luchando por su vida, reconoció ahora -un mes después de la intervención- que cuando entró en el quirófano estaba «muy, muy asustado», pero no tenía alternativa, «era vida o muerte».

Mientras, Paolo Macchiarini ya piensa en repetir la operación, esta vez con un niño en Estados Unidos, una complicación más porque debe asumir que el crío seguirá creciendo después del trasplante.