Un equipo de universitarios alcanzó en Macao las semifinales del concurso de emprendedores más importante, tras ganar el español
19 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El desafío consiste en gestionar una empresa. A partir de una serie de datos objetivos sobre su funcionamiento, los concursantes pueden manejar hasta mil variables para mejorar su rendimiento. Gana el que haya logrado una mayor cotización en bolsa para su sociedad. Este es el juego propuesto por el Global Management Challengue, el concurso de emprendedores más importantes a nivel mundial, un reto que fue asumido por un equipo de cinco estudiantes de la Universidade de Santiago, que lograron imponerse en la fase nacional de una competición en la que participaron otros cuarenta grupos de distintas universidades españolas. Su triunfo les valió representar a España en la fase final mundial que acaba de celebrarse en Macao (China), con la intervención de delegaciones de más de treinta países. Ganó Eslovaquia, seguida de Macao, el equipo local, pero la representación española demostró que el joven talento gallego también se cotiza al alza en China, donde alcanzaron las semifinales.
«Fue una experiencia genial», asegura Carlos Estévez, que estudia quinto curso de Administración y Dirección de Empresas. De esta área también son Laura González y Estefany Cuadros; mientras que Álvaro Silva hace un máster de Ingeniería de Procesos Químicos y Iago Quiñones cursa Ingeniería Informática. De los cinco miembros del equipo, a Macao, sin embargo, solo pudieron desplazarse tres por motivos económicos. «Los organizadores del concurso nacional -explica Álvaro Silva- solo nos pagaban el hotel en China, parte de la manutención y 500 euros para el vuelo. Si no nos llega a apoyar la Universidade de Santiago no habríamos podido ir».
Profesionales
Pero este no fue el único inconveniente que tuvieron que superar. En Macao se encontraron con que no todos los equipos estaban formados por universitarios, sino que también incluían a profesionales de consultorías y gestión de empresas. «Partíamos con desventaja, porque había gente que llevaba más de diez años trabajando en esto», apunta Silva. «Había participantes de 50 años y con años de experiencia, aunque en ningún momento nos sentimos menos que ellos, porque al fin y al cabo era un juego», señala Laura González que, junto con Álvaro y Carlos, fueron los tres representantes gallegos en China.
A Carlos Estévez, más que la supuesta desventaja con respecto a otros equipos que incorporaban en sus filas a profesionales con años de experiencia, lo que le apenó fue la falta de tiempo para preparar la competición, lo que también mermó sus posibilidades. «A nosotros -relata- nos anunciaron que podíamos ir a China dos semanas antes del concurso. Y en este tiempo tuvimos que buscar a patrocinadores y gestionar el viaje, cuando había grupos que llevaban ya seis meses preparándose para el concurso». Estévez, en cualquier caso, es partidario de mantener la línea que ha seguido España a la hora de representar a sus aspirantes. «Si los portugueses o los indios -dice- quieren llevar a gente de 50 años, allá ellos, pero a nosotros nos parece genial la idea de España de participar solo con estudiantes».
En las pruebas, los jóvenes tuvieron que decidir desde si contrataban o no a empleados, si invertían en I+D, el gasto en márketing o la adquisición de maquinarias o materias primas, entre muchas otras variables. La experiencia, confiesan los tres, les ha resultado fructífera y positiva para su futuro laboral. Laura González incluso se ve como emprendedora. «Aún no tengo una idea definida - asegura-, pero en el futuro sí me gustaría crear mi empresa».