El chef gallego del Parador de La Granja, subcampeón de España

Alfonso Andrade Lago
alfonso andrade REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Javier Gómez, que representó a Castilla y León, se quedó a 1,5 puntos del triunfo

16 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La Granja de San Ildefonso (Segovia), el histórico enclave donde Felipe V e Isabel de Farnesio levantaron en 1720 el palacio de verano de la familia real, cuenta desde el 2007 con un parador nacional que inauguró Juan Carlos I en la Casa de Infantes, edificada dentro del complejo por mandato de Carlos III en 1770. El parador alberga el restaurante Puerta de la Reina y el jefe de cocina de tan insigne local es el gallego Javier Gómez Torre (A Coruña, 1980).

Javier, un trotamundos de los fogones que ha pasado, entre otros, por los del Parador de Baiona, ganó el certamen de gastronomía de Castilla y León y, en representación de esa comunidad, compitió en el Campeonato de España de Cocineros, donde acaba de proclamarse subcampeón, superado solo por el representante valenciano por un mísero punto y medio (419 a 417,5) que lo priva de participar en la próxima edición del prestigioso Bocuse D?Or.

«Faltoulle pouquiño», lamenta Gómez, que detalla el arsenal de galleguismo que atesora el Parador de La Granja: «Tenemos otro cocinero de Cariño, en el comedor hay gente de Lugo y O Grove, el jefe de comedor es de Carnota; la subdirectora, de Santiago...». Por eso, en los fogones del Puerta de la Reina no faltan «guiños» a la gastronomía gallega.

«Trabajo bastante con zamburiñas y pulpo -dice con orgullo- y desde luego que no falta el albariño en la carta de vinos». Con todo, el parador está más enfocado a la degustación de productos castellanos, como «el cochinillo o los famosos judiones de La Granja de San Ildefonso», aclara Gómez Torre, quien estar «muy cómodo» en la localidad segoviana.

Apostó también por las zamburiñas y las cigalas para llenar de suculentas guarniciones el plato de salmón, obligatorio, junto con el de cordero, en el campeonato de España.

Lo más complicado de este concurso fue «preparar los dos platos y sus seis guarniciones en solo cinco horas y media», un esfuerzo para el que estuvo entrenándose varios meses, compaginándolo con su trabajo, lo que le obligó a asumir «largas jornadas de 12 y 13 horas en la cocina». «Otra vez será», proclama con optimismo.