Varios concellos, Correos o Protección Civil ya la han recuperado
06 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La España de la posguerra, tan prolífera en hambre como parca en automóviles y motocicletas, conoció el auge de las bicicletas con motor, un vehículo más asequible que permitía una notable autonomía gracias a la ayuda de un pequeño ingenio de gasolina que se instalaba sobre una rueda o debajo del cuadro.
El velomotor nació en los albores del siglo XX, pero tuvo su gran auge en los años cincuenta de la mano de dos marcas francesas, Velosolex y Mobylette, y una italiana, Mosquito. Esta correspondía en realidad a un motor de 38 c.?c. creado por Garelli para acoplar a cualquier bicicleta mediante un rodillo aplicado a la rueda delantera. Hasta 1955, cuando el bum del ciclomotor marcó el declive del velomotor, se fabricaron más de un millón de Mosquitos, lo que generalizó su nombre como sinónimo de bicicleta con motor.
Ahora, más de medio siglo más tarde, el Mosquito remonta el vuelo en Galicia al amparo de la ecología. El viejo trasto de gasolina es ahora eléctrico, pero el mecanismo es idéntico: «Sin pedalear no funciona el motor», resume David Rocha, gerente de Norbike, distribuidora gallega de estas bicicletas.
Hasta 25 por hora
«Lo que pasa es que las de ahora pesan 23 kilos, y las antiguas, a lo mejor el doble», agrega Rocha, que precisa que la ley actual no permite más de 250 vatios de potencia ni más de 25 kilómetros por hora. «Por encima de ese límite se apaga el motor, aunque se puede alcanzar más velocidad mediante los pedales, como en cualquier bici». Lo habitual es apoyarse en el motor para subir e incluso para llanear.
Este vehículo ecológico empieza a seducir a las instituciones. El Concello de Lalín aprovechó las ayudas del Inega para adquirir cuatro bicicletas eléctricas para su servicio de alquiler, y el mes que viene empezará Vigo, que ya ha comprado ocho para usar por el Casco Vello. En Santiago es el servicio de Correos el que ha decidido apostar por estos vehículos, a cuya moda se han subido también Protección Civil del Val Miñor y el Centro de Investigaciones Agrarias de Abegondo.