Medirán en el oceáno Atlántico la salinidad, presión y temperatura del agua.
06 feb 2011 . Actualizado a las 17:40 h.Los investigadores a bordo del Sarmiento de Gamboa han lanzado ya tres de las doce boyas «robóticas» que tienen previsto sumergir en el Atlántico para medir la salinidad, presión y temperatura del agua, dispositivos de los que hay más de 3.200 repartidos por mares y océanos y que tienen una vida útil de tres años.
Se trata de hacer una fotografía a los 2.000 primeros metros del océano Atlántico y de arrojar luz sobre su importancia en el clima.
Eugenio Fraile-Nuez, del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y coordinador del bloque de física del Sarmiento de Gamboa -en el que se encuentra a bordo rumbo a Santo Domingo-, ha explicado a Efe que el lanzamiento de la primera de estas boyas, llamadas perfiladores langrangianos Argo, se produjo el pasado 1 de febrero, a 140 millas náuticas al suroeste de El Hierro.
En total se arrojarán al mar 12 desde el Sarmiento -hoy previsiblemente se lanzará la cuarta- y otros seis desde el Hespérides, buques ambos de la expedición de circunnavegación Malaspina 2010, organizada por el CISC.
Fraile-Nuez, quien ha puntualizado que además se sumergirán otros dos fuera de Malaspina, uno cerca de Canarias y otro en el Golfo de Vizcaya, ha detallado que esto forma parte del proyecto Argo, en el que España participa, a través del IEO, desde 2002.
El objetivo de este programa, en el que colaboran más de 30 países, es proveer de una descripción cuantitativa del estado de los 2.000 metros más superficiales del océano cada diez días.
La red Argo sería el análogo oceánico de la de los sondeos atmosféricos que varias veces al día se realizan desde miles de estaciones meteorológicas y que permiten predecir el tiempo.
Las citadas boyas de color amarillo miden 1,70 metros y envían los datos recogidos vía satélite, que se ponen en tiempo presente a disposición no solo de los investigadores de Argo, sino de cualquier persona que lo desee.
Estas boyas se hunden hasta los 2.000 metros, aunque primero realizan una parada de «descanso» a los 1.500 metros.
Permanecen nueve días a la deriva y al décimo bajan hasta los 2.000 para luego durante seis horas ascender hasta la superficie midiendo en el camino la temperatura, presión y salinidad.
Los datos son enviados por satélite desde la superficie, disponiéndose en tiempo presente de los campos de temperatura y salinidad de las capas superiores e intermedias de los océanos: se obtiene una imagen del estado del océano cada diez días.