Para ellos hay 210 euros..., para él no

SOCIEDAD

Desde el 1 de enero ya funciona el plan estatal de renta para la emancipación. Gracias a él muchos obtendrán un bálsamo económico de 210 destinado a sufragar una parte de su alquiler. Sin embargo, sus requisitos de edad despiertan discrepancias

19 ene 2008 . Actualizado a las 21:21 h.

Han pasado ya más de dos semanas desde la entrada en vigor de la llamada renta de emancipación, pero las colas continúan siendo el paisaje habitual de los centros de información repartidos por todo el país. En A Coruña, el pasado miércoles a las 10.30 de la mañana el expendedor de números de espera facilitaba el 48, mientras que el indicador lumínico advertía que, en ese momento se estaba atendiendo al número 16. Entre una cifra y otra, varias decenas de jóvenes perseguían un mismo fin: hacerse con la ansiada subvención de 210 euros que el Gobierno concede a los jóvenes entre 22 y 30 años que cuenten con una renta bruta anual inferior a los 22.000 euros.

En ese ambiente las historias fluyen al instante con su cara positiva y negativa. Como si de una entrega de notas del colegio se tratase, los rostros varían según los aspirantes conozca si se encajan o no en los requisitos. Víctor Atán y Nuria Sambad parece que están entre los elegidos. Como ocurre con todos los solicitantes, hasta dentro de unos días no les llegará la certificación pero, a falta de un documento de la empresa que acredite la continuidad en el trabajo, la subvención será suya. «Teño que pedir un papel -comenta- a empresa que diga vou a estar polo menos seis meses mais na empresas, porque o meu é un contrato de fin de obra».

«Esta lei xa tiña que saír moito antes», dice Atán con contundencia. Nació en Corcubión, tiene 24 años y trabaja en el sector del metal. Su pareja, de 21, también procede de la Costa da Morte, concretamente de Muxía, y tras pasar por «unha tenda de larpeiradas» su nombre figura ahora en las listas del paro. Apenas llevan dos meses viviendo juntos y lo hacen fuera de su tierra. El imán industrial de Arteixo (A Coruña) los atrajo, como a tantos otros, con sus enormes posibilidades laborales.

Sin embargo, ese constante aumento del padrón arteixán conlleva un precio. Por su vivienda amueblada pagan mensualmente 450 euros, una cifra que consideran altísima. «Nós alá encontrabamos pisos moito mais baratos. Por 200 euros xa tiñas piso», compara Nuria. «É o que hai, máis baratos non os vas poder atopar», comenta Víctor resignado, que asegura que se ven obligados a controlar el gasto: «Cada vez saímos menos, porque as veces non das chegado a fin de mes. Entre os gastos do piso e o coche xa case vai todo o que tes. Así non podes aforrar nin un peso. Eses 210 euros case son a metade do aluguer que estamos pagando e o notaríamos moito a nosa economía».

Lo tienen claro. La subvención les va a dar el Gobierno irá directamente a su cuenta de banco con un solo destino. «Aforrar», dicen al unísono.

Burocracia

Víctor y Nuria vinieron a informarse en A Coruña junto a otra pareja amiga, que reside también en Arteixo. En los dos casos tuvieron que pasar la mañana, sin ir a trabajar. Le gustaría que todo el procedimiento fuera más ágil: «Dan demasiadas voltas. Primeiro piden papeis da empresa, logo a túa vida laboral, tamén ten que dar papeis o dono do piso, e así continuamente. Non podes estar pedindo de seguido horas do traballo ao xefe todo tempo. Hai xente que así se desanima e xa non pide a a axuda».

Uno de los argumentos esgrimidos en contra de la renta de emancipación es la de su supuesto carácter electoral. La prestación entró en vigor el pasado 1 de enero y las primer ayudas se harán efectivas a primeros de marzo. El día 9 de ese mes serán las elecciones generales y el sector de población al que afecta es el que, sociológicamente, se tilda de más pasivo y necesitado de estímulos a la hora de acudir a las urnas. Todo parece responder a una estudiada matemática política.

«A nós nos da exactamente igual que sexa polas eleccións. Eu non son nada de política, o que quero e poder aforrar algo mais cada mes», confiesa Nuria. Víctor, por su parte, explica que, de todos modos, no variaría su opción. «A min isto no me inflúe para nada no meu voto», afirma son seguridad.

Treintañeros

Además de los 210 euros mensuales, el programa de la renta de emancipación incluye un préstamo de 600 euros que se pueden usar para la fianza y 120 euros para los gastos de tramitación del aval, en caso de que este sea necesario. Todo ello durante un plazo de 4 años, que se puede disfrutar de modo continuo o fraccionado.

Rafael Romero no se podrá beneficiar de los 210 euros mágicos. Pese a que sus ingresos estén por debajo del límite que marca las condiciones de la prestación, el tener 32 años le impide optar al bálsamo económico que le permitiría rebajar notablemente su alquiler. ¿El motivo? Es demasiado mayor.

«Para mí toda esta campaña huele a electoralismo y creo que es una trampa», piensa este joven de Vigo. Tendrá que continuar destinando mensualmente 350 euros para el pago del exiguo apartamento que habita, pese a no llegar a los 40 metros cuadrados. «Asumo que tengo que pagar por vivir, que no me va a salir gratis. No me planteo pagar una hipoteca porque para un soltero de treinta años es imposible. O ganas 4.000 euros o no puedes y, la verdad, no conozco a nadie de treinta años que gane ese dinero». Su piso está situado cerca de las afueras de la ciudad, en Bouzas. Allí vive solo. Bueno, solo no, lo acompañan dos preciosos gatos.

«A mí me parece fenomenal que se concedan ayudas de tipo social por parte de los poderes públicos, pero una cosa es que las haya y otra es en qué condiciones las hay», explica Romero, que trabaja como encargado de la impresión digital en una imprenta. Él considera un despropósito el que se pretenda focalizar el problema del acceso a la vivienda únicamente en una franja de edad «porque es un problema universal que afecta a todo el mundo» y que, sin embargo, se permita un margen económico tan amplio: «Dentro de los límites que marcaron puede entrar una persona que gane 1.300 euros al mes y eso es mucho dinero. Para que todo esto tuviera pies y cabeza debería ser el revés, situar el baremo de dinero más bajo y el de edad sin límite alguno».

Rafael considera que no vive una situación dramática como para moralmente reclamar ayudas, mientras existan personas con un mayor grado de necesidad. «Hay familias que no tienen ni para vivir, que nadie las ayuda. A mí claro que me vendría muy bien esa rebaja en el alquiler. Supondría, desde luego, un gran desahogo y una gran ayuda». ¿Y en que se los invertiría? «Pues seguramente me podría comprar un libro más al mes, ir algo al cine, poder cenar más fuera, pero es que hay gente que ni puede comer o que no le puede pagar los libros a los niños y esas cosas son muy fuertes. Yo soy soltero y me libro de todo eso».

Efectos secundarios

Desde el anuncio de la entrada en vigor de estas subvención se teme una subida general de los alquileres. Dos son los mecanismo que los empujan. En primer lugar, no son pocos los casos de alquiler con jóvenes (sobre todo en pisos de estudiantes y compartidos) en los que no existe un verdadero contrato, sino que la ocupación de las viviendas está basada en simples acuerdos verbales. Para entrar en el programa se tendrían que legalizar, obligando al propietario a declarar esos ingresos. A sabiendas de la recepción de la subvención, este propone al inquilino una subida intermedia que beneficie a ambos. En segundo lugar, existe otro efecto de carácter más general. Y es que con ese incentivo muchos de los jóvenes que vivían en el domicilio paterno lo abandonan, pasando a formar parte de la demanda de vivienda y estrechando la oferta de pisos. La lógica lleva a un alza en los precios.

Víctor y Nuria no han notado el efecto: «Xa temos firmado o contrato de antes e agora non o poden subir». Romero ya lo sufrió en sus carnes con anterioridad. «Eso ya ocurría en con las ayudas que en su día daba la Xunta. El propietario tenía que poner todo en regla y lo compensaba subiéndote el valor del piso. A poco que lo mires bien te das cuenta de que es algo tremendamente absurdo cómo funciona todo. A mí me da la sensación de que, al final, el típico niño de papá que se pone a trabajar a media jornada por que sí, y se quiere ir de casa puede tener acceso. Y, sin embargo, no puede uno que lo necesite de verdad».