El puerto exterior coruñés no es el Gaiás ni ningún dispendio que se le parezca. Hablamos de cosas serias: una infraestructura productiva que generará riqueza contante y sonante y ayudará a retirar de las colas del Inem a miles de gallegos que, además, no tendrán que hacer de paganinis, pues apoquina el puerto con el crédito que debe concederle el Estado. Más: su puesta en marcha permitirá retirar una bomba de relojería del corazón de una urbe de 247.000 habitantes. Si todo son ventajas, ¿cuál es el problema?, ¿el color político de quienes tienen que arreglarlo?, ¿por qué surgen aquí los peros que no hubo en Gijón? Que el presidente de Puertos del Estado y el ministro de Fomento sean gallegos, y conozcan bien las necesidades de un pueblo que ve Langosteira irrenunciable, debería servir de algo, ¿o no?