Estando de vinos en un bar alguien dijo: «Eu tiro a aixada máis lonxe que ti». Y se lió. Porque en Galicia no hay reto lanzado en un bar que después no se ponga en práctica. Aquella noche el ganador consiguió lanzar el apero de labranza a 27 metros. Nada mal para una noche de juerga. Uno de los «participantes» era miembro de la comisión de fiestas del pueblo de Éntoma, en O Barco de Valdeorras, que decidió incluir la competición en el programa de las fiestas de San Xoán, como la primera «competición local de lanzamiento de azada».
Ayer era el gran día. Como en toda primera vez, las reglas se fueron marcando según se iban haciendo necesarias. No valía girar sobre uno mismo, que esto no era lanzamiento de martillo; ni se podía tampoco levantar los pies del suelo, ni coger carrerilla... Por delante, tres lanzamientos. Con tres azadas, la primera un poco más pesada que la última, todas con un mango recortado hasta los 50 centímetros, para que fuera más fácil mandarlas a tomar viento.
Veintidós muchachos (en un principio la presencia femenina se reservaba a la parte del público) se atrevieron en la competición, unos con más maña que otros, todo hay que decirlo. El ganador fue Javito Arias, que lanzó la azada a 36,68 metros (un poco más y termina en la vía del tren). Hubo quien lo acusó de tongo, «porque é un tipo moi alto, cuns brazos moi longos», se oía entre los demás competidores. La cruda realidad parecía dura de afrontar, aunque fuera en un juego en las fiestas (al que más de uno reconocía llegar sin haber dormido tras toda una noche de juerga, lo que ayudó a mermar las fuerzas de los lanzadores).
Viéndolos a ellos, varias mujeres entendieron que el procedimiento no era demasiado difícil, y quisieron probar suerte. Entre los comentarios jocosos de sus vecinos, y en algunos casos maridos, ellas fueron probando suerte. Eso sí, ya fuera de competición. Por eso de cerrar algunas bocas, hubo quien superó en metros la distancia conseguida por el que se enmarca como su media naranja. «Agora xa sabemos quen sacha as leitugas», le espetaron a más de uno. Demostrado quedó, sin duda.
