El público vibró en Sabucedo al ritmo de la pelea fraternal de la Rapa
04 jul 2011 . Actualizado a las 11:05 h.«Espera que canse, é unha máquina», gritaba ante la bravura de una de las bestas uno de los más exaltados entre el público, desde unas gradas a rebosar, que vibró con la Rapa. El curro de Sabucedo se convirtió ayer durante dos horas en un microcosmos, ajeno al mundo exterior, habitado por más de doscientos caballos encerrados en unos pocos metros cuadrados, seres poderosos, que avientan con temor su encierro en pocos metros cuadrados. Un coso que compartieron con una treintena de aloitadores, gladiadores sin más armas que su propio cuerpo, entrenado desde la infancia para entablar noble combate con las bestas. Y, de fondo, un público ávido por admirar una pelea sin vencedores ni vencidos, con el único trofeo de las crines desparramado por la arena, bajo una lluvia de clicks de las cámaras fotográficas de aficionados y profesionales de las decenas y decenas de medios internacionales acreditados.
El cielo cubierto, que amenazaba lluvia, trocó casi al final en sol cegador. De unas condiciones óptimas se pasó a un calor incómodo cuando el cansancio hacía mella ya en los guerreros de Sabucedo tras una refriega que se saldó con contusiones, apósitos y vendas en más de un brazo. Uno de los más jóvenes tuvo peor suerte e ingresó en la enfermería con una pierna lesionada. Gajes de una tradición secular, heredada de generación en generación y que convierte a Sabucedo en epicentro gallego de la Rapa.
Pero ese microcosmos que es el curro tiene satélites que atraen a miles de visitantes. Verbenas, exposiciones, gastronomía, fiesta a rachar hasta el amanecer. Eso también es la Rapa.