Un centenar de personas exigen el regreso de los desahuciados de Lérez

PONTEVEDRA

Juan Carlos Carabelos aseguró que su padre le pidió 210.354 euros para no volver a pisar la vivienda de O Castelo

16 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Desafiando al viento y a la lluvia, un centenar largo de pontevedreses participaron ayer en la protesta con la que exigieron que los ocho miembros de una familia desahuciada de una casa de O Castelo puedan recuperar su hogar. Los afectados fueron desalojados a raíz de la separación de Manuel Carabelos de su esposa y de que un juez determinase que ambos tenían derecho a disfrutar del usufructo de la vivienda durante seis meses.

Cuando le tocó el turno al pontevedrés, este consiguió que el juez decretase el desalojo de la casa, en la que residían, entre otros, uno de sus hijos, su esposa y dos hijos del matrimonio -nietos, por tanto, de Manuel Carabelos-. Mientras el magistrado entendió que el inmueble debía considerarse como una única estructura, los desahuciados mantienen que son dos independientes: bajo y planta superior.

Para intentar hacer ver al juez la validez de su planteamiento, Juan Carlos Carabelos indicó ayer que el jueves pasado le entregaron una serie de documentos: «Penso que unha vez o xuiz revise un pouco, simplemente un pouco por enriba, o que ten nas mas verá e darase conta de que meteu a zoca ata onde máis non puido».

Es por ello que hizo un llamamiento público de que se «subsane canto antes» esta situación. «A casa é miña e quero disfrutar dela cos meus fillos», insistió a las puertas de la misma.

Junto a él, estaban su esposa y uno de sus hijos de corta edad. Los tres encabezaron la protesta con una pancarta en la que se leía «10 días esperando Xustiza» y en la que los participantes gritaron consignas a este respecto, así como otras en las que ponían el énfasis en que «non queremos maltratadores no noso pobo».

Violencia psicológica

En relación con estas acusaciones vertidas contra su padre, Juan Carlos Carabelos insistió en su deseo de que se tiene que saber que su progenitor es un maltratador -psicológico, precisaron otras fuentes-, «que ten unha sentencia de 21 meses de prisión e tres anos de alonxamento da miña nai. Non é firme porque a recurriu, pero que sepa [o xuiz] que ten unha sentencia que xa o afirma».

Tras la concentración, Juan Carlos quiso dejar claro que, a pesar del desahucio, está dispuesto a convivir con su padre bajo el mismo techo. Eso sí, el pontevedrés en el bajo de la vivienda y los ahora desahuciados en la planta superior.

Al respecto y después de insistir en que «non me quero meter na súa vida», Juan Carlos recalcó que «a casa é toda miña, pero o acordo ao que cheguei con el é que podía vivir na parte de abaixo. Iso o sigo mantendo, agora que o xuiz decida».

En todo caso, sus palabras denotan que ni perdona a su padre, ni olvida que con sus acciones sus hijos fueron desahuciados. Aquel día, según rememoró ayer Juan Carlos, mantuvo una conversación con su progenitor para tratar de encontrar una salida al problema. Sin embargo, para su padre ««a solución non era ningunha, que non lle importaban nin os netos nin ninguén da casa, absolutamente nadie».

Eso sí, aseguró que estaba dispuesto a echar atrás la orden de desahucio a cambio de 210.354 euros -35 millones de las antiguas pesetas-. «Máis ou menos é o que pode valer a casa. O que me pide é o que eu puiden gastar na casa e iso non estou disposto a facelo».

A pesar del tiempo transcurrido, el matrimonio mantiene la esperanza de recuperar lo que consideran su hogar. No en vano, «os papeis están todos ao meu nome e ao da miña muller. Presentei facturas para que vexa como eu gastei do meu diñeiro e que se dea de conta do que fixo. Isto non ten perdón de Deus».