El Pontevedra embelesó a todos los presentes que se habían dado cita en el municipal de Pasarón con goles, efectividad y buen juego. Sin embargo duraría poco la alegría porque el farolillo rojo le acababa sacando los colores a todo un favorito al ascenso logrando incluso el primer gol de la temporada lejos de su estadio.
Y es que la primera parte comenzó como estaba prevista, con unos primeros compases en los que el Sanse intentaba eludir la presión psicológica de ser un colista jugando en el feudo de uno de los clubes más fuertes de la liga y un Pontevedra que no tenía demasiada prisa por llegar a la meta rival, sabedores los granates, de que simplemente era cuestión de tiempo que llegasen las oportunidades.
La sociedad que conformaron en la banda izquierda Jonay y Xavi Moré daba sus frutos y liberaba de presión defensiva a Igor y a Gato, escorado en el día de ayer al costado derecho.
No tardaría más de un cuarto de hora en abrirse la lata y de paso romperse el encuentro. Gato ponía en balón en el área madrileña, Víctor, desde atrás peinaba para Igor y el brasileño, reencontrándose consigo mismo tras varios partidos de ausencia por lesión, anotaba el primero de la tarde. El 1-0 significaba el teórico principio del fin del Sanse y daba alas a los hombres de Javi Gracia en una tarde que prometía goleada.
El aspecto defensivo de los locales estaba bien cubierto por Vázquez y Castaño en el eje de centrales y en el mediocampo con la omnipresencia de Turiel. Eso fue lo que más atascó a los futbolistas de Luis Mayor que tenían a Jony, Álvaro y Sestelo como sus únicas bazas en ataque.
En el ecuador de los primeros cuarenta y cinco minutos Gato se quedaba solo ante Gonzalo tras un soberbio pase en profundidad de Xavi Moré. El ariete granate encaraba al cancerbero visitante, lo regateaba hacia la derecha y marcaba a placer el segundo mazazo en el alma de los blanquirrojos. Era el momento de encerrar al rival en su propio campo. Igor fijaba la línea defensiva de los capitalinos mientras Jonay se había convertido ya en un atacante más.
La grada pedía más goles y más espectáculo. Lo primero llegó por mediación de Moré y lo segundo de Igor, que con una chilena probó suerte buscando la delicatessen. Para este tercer tanto Xavi emuló a Gato en la acción del segundo gol. También él encaró a Gonzalo y también él fue capaz de batirlo, aunque para ello escogiese la opción del caño al portero madrileño.
Pero como con el 3-0 no era suficiente. El colegiado Roldán Rodríguez quiso su parte de protagonismo y decretó penalti en una acción personal de Álvaro, que encaró a Duque y fue empujado por Castaño dentro del área. El propio Álvaro optó por lanzar esa más que discutida pena máxima y la estrelló contra el larguero. Se acababa el primer acto con el sabor de que el Sanse había cavado su propia tumba, pero no fue así.
La segunda parte adquirió tintes que rozaron lo trágico. Los madrileños se vinieron arriba mientras los locales iban perdiendo su identidad. Sestelo marcó un auténtico golazo de vaselina desde unos 25 metros de distancia. Gracias a ese gol (que aplaudió todo Pasarón) y a que los visitantes creyeron en la victoria, se vivió una recta final del choque en la que el público estaba casi más pendiente de seguir el reloj para ver cuánto faltaba que del propio juego. Lo único reseñable fue la reaparición de Sergio Organista, que debutaba en liga. Otra vez los malditos fantasmas de los últimos minutos y otra vez que el rival se le sube a las barbas al Pontevedra. Mal sabor de boca por la imagen dada pero tres puntos que tienen que saber a gloria.