Castaña gallega para conquistar Japón con pastel de Ourense

Fina Ulloa
FINA ULLOA OURENSE / LA VOZ

OURENSE

El empresario José Posada alerta de la necesidad de cambios en el cultivo

12 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Ayer, el día de mayor consumo de la castaña por mor de los magostos, el empresario ourensano José Posada ejerció de anfitrión para los representantes de la empresa japonesa Ena Kavakamiya, una firma que lleva investigando dos años en la elaboración de dulces combinando castañas niponas y gallegas. Entre esos postres está una tarta que, además de las dos variedades incorpora también el marrón glacé de la empresa ourensana, y que ayer pudieron probar el alcalde, la teniente de alcalde y varios concejales, durante la recepción que se ofreció al grupo en la consistorial.

Una recepción en la que Posada aprovechó para recordar la importancia de crear productos en Galicia que den valor añadido a esa materia prima que ahorma mismo se vende mayoritariamente en fresco.

Un comercio que pide calidad

Posada, que viajó por primera vez a Japón en 1968 y que actualmente tiene en el país nipón el 50% de su facturación, aseguraba ayer que el asiático es un mercado ideal para la castaña gallega siempre que siga manteniendo su calidad. «Valorizan el producto y no se discute demasiado los precios; se discute primeramente la calidad». Aunque Japón tiene también una larga tradición castañera, su variedad es diferente a la gallega y «se complementan porque la suya es más harinosa y la nuestra más dulce, más permeable». Gracias a esa calidad la castaña gallega sigue compitiendo en un mercado que recibe fundamentalmente producción china a menor precio.

Posada también puso como ejemplo a los japoneses en cuanto a la consideración de este fruto. «Sirve incluso como objeto de regalo y valen a seis euros el kilo, lo que las convierte, si no en un objeto de lujo, si en un producto de cierto nivel», destacaba el empresario.

Además la castaña japonesa sigue técnicas de fruticultura, con cultivos intensos de castaños que producen a los tres o cuatro años y que son cortados entre los doce o catorce años. Un estilo bien diferente del gallego, donde todavía se trata de un aprovechamiento forestal del fruto que llega una vez al año. Para Posada es necesario cambiar la mentalidad «y hacer lo que ellos, huertos, soutos bien cuidados, plantaciones programadas para convertir el producto en una riqueza real». De momento esto no se da y para el empresario es la razón de la degradación que está sufriendo el fruto y que se se constata año tras año con los daños producidos por diversos parásitos.