«En los casinos me dejan entrar, pero no jugar; aún no entiendo por qué»

Ana Rodríguez

CULTURA

Empezó tan joven que, para ingresar en la Sociedad Española de Ilusionismo, tuvo que mentir. Ahora, cuarenta años después y convertido en todo un mito, presenta en Vigo y Pontevedra su «Magia potagia»

14 ene 2011 . Actualizado a las 13:31 h.

Es como volver a la infancia. A su violín imaginario. Al ¡tatatachán! A la armónica. A los gritos. A aquellos diálogos absurdos con el incauto espectador:

-Dame tu mano. No, esa no, la limpia.

-¿Cómo te llamas?

-María.

-Anda, mira, igual que mi hija Ana.

Juan Tamariz, el mago del Un, dos, tres, se fue de la tele hace ya años. ¿Nunca pensó en volver? «Llevaba un montón de tiempo y pensé que ya era el momento de que entraran otros». Pero no los hubo. La magia en la tele («con permiso de Pepe Carroll») fue cosa de Tamariz. Tras su participación en el último Congreso de Magia celebrado en A Coruña, regresa a Galicia.

-Viene a Pontevedra con un espectáculo que recorre 40 años de profesión. Suena a despedida.

-Para nada. Tengo 68 años y aún me quedan otros treinta para pensar en retirarme.

-Dígame cuál es el truco para llevar toda una vida en los escenarios y que nadie le critique.

-No hay truco. Yo lo que creo de verdad es que cuando hago la magia porque me gusta, porque disfruto y porque quiero a la gente es al final lo que la gente nota. Lo que transmito. Yo no hago espectáculo para ver si todos me aplauden y yo me inflo y me pongo gordo, gordo. Lo que quiero es que disfrutemos todos juntos. Pienso que es la idea que transmito y el público reacciona como es lógico. Con cariño, que es lo más bonito.

-En la ausencia de críticas y envidias también influye ese corporativismo de su profesión...

-La verdad es que nos llevamos muy bien, siempre unidos, con cenas, con alegría. Y da gusto porque yo llego a una ciudad y enseguida los magos que haya por allí me buscan, vienen a por mí. Es una maravilla.

-¿Aprenden unos de otros?

-Lógicamente. Claro. Muchos de los trabajos que tengo, no solo aquí en España, sino en otros países, es ir a dar charlas para otros magos profesionales o incluso aficionados que quieren conocer cómo hago yo las cosas, por qué las hago, el pensamiento interior, la estructura de los juegos o la forma de trasladarlos y comunicarlos al público. Ahora acabamos de llegar de Argentina y Chile y en febrero vamos a un congreso que me dedican los magos americanos.

-Un congreso en su honor...

-Bueno, es lógico, ellos buscaban al mago más elegante, y ese soy yo, no hay duda (risas).

-Una curiosidad. ¿Por qué se ha limitado a jugar con las cartas?

-También en mi espectáculo hay algún efecto de telepatía, de transmisión mental. Y también otros objetos que no son cartas, pero la mayoría sí, son cartas, porque es el instrumento que desde niño me ha apasionado. Me interesa. Me gusta. Las amo con pasión. Igual que el clarinetista ama el clarinete o el pianista a su piano. Yo con las cartas tengo una relación casi erótica.

-¿Por qué?

-Porque las siento en mis manos y me pongo encantado (risas).

-¿Qué le diría, en estos tiempos, a un mago que empieza?

-Pues que siga, que adelante, que es una afición preciosa y que da mucho gustito dar ilusión a la gente, sobre todo en estas épocas que tanta falta le hace a todo el mundo.

-¿No tiene un truco para salir de la crisis?

-A tanto como a eso no llegamos, pero yo pienso que una de las cosas buenas de esta afición es dar ilusión a la gente y que esa ilusión te ayude después para que luches en la vida con más fuerza en lugar de querer irte hacia abajo y no poder más y pensar en lo más que estamos.

-Piense en un momento de su vida en que le hubiera gustado hacer magia de verdad.

-Me gustaría poder hacer algo con esto de la crisis, pero no lo logro. Y lo digo siempre, es algo en lo que sigo trabajando, en que todas las armas del mundo, en vez de vomitar plomo, que echen agua o tinta negra que manche al adversario. Estoy en ello.

-¿Qué hace al mago? ¿El talento? ¿La preparación?

-El trabajo, muchísimo trabajo. Sobre todo, y eso es lo más bonito, porque cuanto más trabajas más te esfuerzas, más amas lo que haces y más transmites ese amor, ese cariño, esa pasión y ese entusiasmo.

-¿Cómo es la preparación de un número de magia?

-Mi forma de trabajar viene normalmente de un deseo soñado o semisoñado en ese momento en que uno se despierta y, todavía semiinconsciente, piensa «sería precioso que sucediera eso». Y luego viene un largo proceso que a veces dura seis meses, pero a veces dura seis años en el que vas tratando de conseguir esa ilusión; que el espectador sienta lo que tú sientes y, aunque, como es normal, detrás de todo hay una razón lógica que lo explica, lo fantástico es que el público no se lo pueda ni imaginar para que la ilusión sea lo más perfecta posible.

-Y ahí entra la psicología en la que usted tanto insiste, en conseguir que el público vea lo que usted quiere que vea.

-En realidad no es solo lo que el mago quiere, sino lo que quiere el espectador, o por lo menos es lo que yo siempre quiero como espectador. Es como cuando uno va al cine y te haces a la idea de que hay ahí unas personas a las que les pasan cosas, pero en realidad ni les pasa nada en la vida real ni nada. Ni siquiera están allí, porque son imágenes que ni siquiera se mueven, es un truco técnico, pero uno no va al cine pensando en que todo eso es mentira, eso ya se sabe. Esa es la verdadera magia.

-¿Qué hay de leyenda y que hay de realidad en sus sueños de convertirse en director de cine?

-Yo siempre quise ser mago, pero cuando yo empecé, muy chiquitillo, ser mago era trabajar en un ambiente que no me gustaba, en las antiguas salas de fiestas y siempre de noche. Entonces decidí dedicarme al cine, que me encantaba y me sigue encantando.

-También dicen que una mano negra le impidió conseguirlo.

-Sí, efectivamente. Estuve estudiando en la escuela de cine y, cuando me faltaban diez días para acabar, nos cerraron la escuela. Era la época del dictador cuyo nombre ya no recuerdo.

-Y entonces volvió a la magia.

-Que era lo que de verdad que apasionaba. No había la profesión todavía, pero me la inventé un poco yo.

-Y se coló en la Sociedad Española de Ilusionismo antes de tiempo.

-Es que yo era muy jovencillo y no se podía entrar hasta los 18 y yo tenía 14, 15 o 16 y me colaba y les hacía magia, y les gustó y me dijeron que sí. Cuando me preguntaron mi edad y les dije que 16 dijeron: «Pues da igual, pasa».

-En 1973 fue campeón del mundo de cartomagia en el Congreso Mundial en París y su espectáculo, conocido como El Número de París, es todavía un ejemplo. ¿Por qué?

-Es una rutina, un espectáculo de magia de cerca de 12 minutos que es muy denso y que yo estoy tocando la armónica a la vez que hago la magia y es muy, muy complejo. Dentro del mundo de los magos siempre ha tenido una especie de aura, pero yo creo que todos los juegos y todas las ilusiones en cada momento tienen su función y su fuerza.

-¿Es su truco más difícil?

-En arte todo es difícil en el buen sentido. Todo exige mucho esfuerzo y sobre todo mucha pasión. No es el más difícil. Me gusta y a los magos les gusta, pero es uno más.

-Usted es un mago atípico. En sus espectáculos no hay tensión y, mucho menos, silencio. ¿Por qué?

-Por nada en especial. Es porque soy una persona alegre y dentro de lo que puedo optimista, que no tonto, sino que mi forma de ser es estar alegre. Vengo de una familia andaluza. Y cuando hago magia estoy haciendo mi ilusión y quieras que no lo intento transmitir en escena y eso es lo que hago. No es por nada especial, es porque me divierte.

-¿Por qué dejó la tele?

-Ya fue hace muchos años, pero es un medio muy difícil para la magia y no es muy gratificante. Durante unos años lo hice porque mucha gente no conocía en España la magia y luego llegó el momento y dije: «Que sigan otros, ya está bien».

-Su hija sí le siguió, no en la tele pero sí en la profesión.

-No exactamente, ella no es maga, sino que tiene lleva la dirección de su propia escuela de magia en donde enseñan juegos. Y tiene mucha gente.

-¿Se puede decir entonces que fenómenos como Harry Potter han vuelto a poner de moda la magia?

-No es que esté de moda. Lleva ya muchos años. De hecho siempre hay más alumnos esperando de los que caben en su escuela.

-Con cuarenta años de profesión a la espalda habrá visto de todo. ¿Cómo ha cambiado la magia?

-Como todas las artes, evoluciona, no progresa, pero sí evoluciona de acuerdo con los tiempos y ahora hay magos y magia que se hace de distinta manera, pero el fin último es el mismo: dar ilusión.

-Supongo que se lo habrán preguntado muchas veces, pero es obligado: ¿cuántos sombreros de copa tiene?

-Pues varios, sí, pero la mayoría están ya muy viejitos los pobres.

-Y una última curiosidad. ¿Tiene vetada la entrada a los casinos?

-Me dejan entrar, pero no me dejan jugar. No entiendo por qué.