Ayer se presentó en competición el melodrama surcoreano «The Housemaid», que tuvo una tibia acogida
15 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El capitalismo más salvaje fue el gran protagonista de ayer en el Festival de Cannes. En una ciudad que durante diez días, además de películas, acoge a las mayores fortunas del mundo, la mayor cantidad de lujo por metro cuadrado y que multiplica por tres sus precios, llegó Oliver Stone para poner las cosas en su sitio. Su película, presentada fuera de competición, Wall Street: El dinero nunca duerme, es una secuela de Wall Street , dirigida por él mismo en 1987.
Está protagonizada de nuevo por Michael Douglas en el papel del maquiavélico Gordon Greko, aquí muy bien acompañado por Shia LaBeouf, Josh Brolin, Carey Mulligan y Susan Sarandon. El filme comienza en el punto donde finalizaba el anterior, pero una década después. Si el Wall Street de 1987 finalizaba con el bróker Gordon Greko entrando en la cárcel, ahora vemos su salida. En sus años de prisión ha escrito un best seller y parece reformado. Pero no es así.
Oliver Stone destila un fuerte mensaje sobre todos los horrores del capitalismo más salvaje, pero se acaba enredando entre tanto término económico que se queda corto. La realidad de la bolsa y el funcionamiento de los mercados va muy por delante de lo que cuenta la película, que no se mueve más allá de unas vagas referencias a las hipotecas subprimes. «Es una película sobre la avaricia, el poder y el dinero», dijo el director.
La sensación final es que Oliver Stone ha dejado escapar un tema que daba para mucho más. Ahora bien, lo que cuenta lo hace de una forma brillante, con un ritmo trepidante, dosificando muy bien la tensión y los momentos tranquilos, jugando permanentemente con imágenes superpuestas de índices y cotizaciones (genial el mostrar el skyline de Manhattan como la evolución del índice bursátil). Y nunca un director se ha recreado tanto mostrando Nueva York tan propio de postal turística. Lo que cuenta atrapa, lo que no impide que un final forzado decepcione y que la acogida no pasase de tibia. Lo mejor está en los actores: Michael Douglas sigue dando miedo como un bróker capaz de todo, incluso de traicionar a su hija, por el dinero, y la actriz que la encarna, Carey Mulligan, confirma que su nominación al Oscar por An Education no fue por casualidad.
Michael Douglas se mostró feliz de recuperar a un personaje que le dio el Oscar y le abrió nuevas posibilidades como villano cinematográfico. «Con los años, los papeles que le ofrecen a uno en Hollywood van disminuyendo. En cambio, pienso que el cine independiente sí ofrece oportunidades interesantes».
En competición se estrenó ayer una película de Corea del Sur, una cinematografía emergente que acapara premios en festivales. Se titula The Housemaid, la dirige Im Sangsoo (Seúl, 1962) y la protagoniza Jeon Do-young. Se trata de un melodrama con un final cercano al fantástico, sobre una mujer que es contratada como criada en un adinerado hogar burgués.
También el actor mexicano Diego Luna estrenó el largometraje que dirige, Abe l, en sesión especial fuera de concurso .