Carmen y Ana, autoras de «Instrucción de novicias»: «Cualquier cosa que te esté pasando, ya le pasó a una monja del siglo XVI»

Sara Cabrero
Sara Cabrero REDACCIÓN / LA VOZ

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En la imagen, Carmen Urbita y Ana Garriga. Ambas son doctoras por la Universidad de Brown (EE.?UU.) y tienen el pódcast de divulgación «Las hijas de Felipe».
En la imagen, Carmen Urbita y Ana Garriga. Ambas son doctoras por la Universidad de Brown (EE.?UU.) y tienen el pódcast de divulgación «Las hijas de Felipe».

Vidas conventuales para guiar a las nuevas generaciones. Ana Garriga y Carmen Urbita presentan un libro con protagonistas de hace siglos que pueden ayudar a entender mejor problemas actuales

01 abr 2026 . Actualizado a las 16:22 h.

Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz o la carmelita descalza Ana de San Bartolomé rezuman más modernidad de la que muchos podrían pensar. Porque estas monjas del Siglo de Oro español pasaron fatiguillas semejantes a las que arrastran las generaciones boomer, millennial o zeta que habitan nuestro tiempo. Sorprende, pero aquellas mujeres tan poco reivindicadas en la cultura española tienen mucho que enseñar a nuestros coetáneos y para aquellos que todavía no se lo crean no hay mejor receta que dejarse llevar por las páginas del magistral Instrucción de novicias. Vidas del convento barroco para guiar tu presente, un recorrido firmado por Ana Garriga (Salamanca, 1990) y Carmen Urbita (Madrid, 1990) por las fascinantes vidas de un grupo de monjas de los siglos XVI y XVII: «Estamos convencidas de que cualquier cosa que te esté pasando a ti ya le pasó a una monja de esta época», resumen estas dos doctoras por la Universidad de Brown (EE.UU.) que ahora plasman sobre el papel el resultado de más de 15 años de investigación por los legajos de estas mujeres.

 Más allá del sepulcral silencio, la liturgia y los convencionalismos que han construido nuestra imagen de un convento, este espacio gobernado por mujeres dio cabida a resquicios sindicales, moda, fama, amistad, amor, política o economía. «Frente a esta idea tan común que existe sobre la clausura en general, pero sobre todo en la de aquella época, que tiene que ver con una idea de sumisión femenina y de vida apartada del mundo, nos sorprendió ver que existía una sociabilidad femenina en el convento que tiene mucho que ver con la rebeldía, con formas de sociabilidad colectiva y de resistencia a través de la escritura. Muestran formas de vida que no tienen nada que ver con esa idea de sumisión que está tan extendida», explica Carmen Urbita, una de las autoras.

Esas mujeres también tuvieron que enfrentarse a amistades tóxicas o a superiores poco asertivos que jugaban con su trabajo. «Grandísima repugnancia siento en volver a hacer esta obra por muchas causas y razones que no pongo aquí por no alargarme», clamaba María de San José, una monja agustiana que en el siglo XVII tuvo que ver cómo 20 años de sesudo trabajo plasmados en un cuidado escrito desaparecieron por culpa de un superior (hombre) que había perdido los cuadernillos de la religiosa.

Anorexia

También sorprende toparse con problemas, en estos contextos, derivados de un culto a cuerpos inalcanzables. Porque sí, las monjas también padecieron en sus propias carnes la influencia de los extremos métodos de ayuno. Garriga y Urbita muestran cómo Santa Verónica Guilani, por ejemplo, usó la santa anorexia como una manera de recuperar autonomía sobre su cuerpo, yendo en contra de los mandatos contradictorios a los que la sometían respecto a la comida. «Es increíble ver cómo problemas contemporáneos que están tan tristemente en la conversación, con el auge del Ozempic y la delgadez extrema, también estaban reflejados en el Barroco», insiste Urbita.

También en los conventos del Siglo de Oro se pueden encontrar pruebas fehacientes de amor lésbico. Así lo atestiguan, como exponen las dos autoras, documentos, cartas y tratados que advertían a las hermanas de los peligros de dejarse llevar por el deseo entre compañeras. Correspondencias, testimonios o procesos inquisitivos citados en el libro permiten descubrir afectos que van más allá de la amistad entre personajes como Sor Juana Inés de la Cruz y María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga.

Pero, sin duda, Instrucción de novicias deja patente que estas mujeres olvidadas fueron un célula de resistencia intelectual en un contexto histórico profundamente desfavorable: «Parte de nuestro empeño surge de intentar romper con ese discurso de la excepcionalidad. Es decir, dejar atrás la idea de que existen tres monjas icónicas que supieron articular discursos intelectuales muy elevados». «La gente piensa que estas mujeres formaban parte de una masa un poco anónima y disforme que estaban ahí borreguilmente obedeciendo y no es del todo verdad. Hay monjas que han trascendido más porque publicaron en aquella época o tuvieron más relevancia dentro de sus órdenes; pero si rascas un poco, ves que la que no estaba llevando las cuentas del convento y tenían conocimientos avanzados de cálculo, estaban escribiendo biografías de compañeras; otras eran unas intelectuales de la botánica... Manejaban muy bien los saberes de su tiempo», relata Garriga.

Y lo saben con la certeza que les da 15 años de estudio analizando toda clase de documentos. Incluso ellas mismas han encontrado multitud de similitudes en las contrariedades de su tiempo con las que arrastraban sus estudiadas: «Nuestra Instrucción de novicias está repleta de claustros, cirios, mortificaciones y rezos susurrantes, pero también de los malestares y sosiegos contemporáneos que todas encontramos en la amistad, el trabajo, el dinero, el amor, el cuerpo, la fama y el espíritu», resumen ambas. De hecho, uno de los objetivos que persiguen pasa por reivindicar el contexto de aquella época. «En realidad, utilizaban el convento como un lugar estratégico desde los márgenes desde el que podían intervenir en algunos de los temas que estaban en el centro del discurso de su época», reivindica Carmen.

La «monjamanía»

Conscientes de que este título llega en plena fiebre de lo que muchos ya han bautizado como la monjamanía, Urbita y Garriga —que llevan ya muchos años pregonando el mensaje de sus monjas a través del popular pódcast de divulgación histórica Las hijas de Felipe— reivindican que su trabajo poco o nada tiene que ver con el de Rosalía o el de la laureada película Los domingos. «Es evidente que ha habido un resurgimiento de la figura de la monja, pero es muy difícil asumir que todos estos gestos hacia lo conventual nacen de un mismo impulso. Nuestro proyecto, por ejemplo, no necesariamente se parece a Rosalía o a la película de Alauda Ruiz de Azúa, pero todos nos invitan a dejar de pensar en la monja como una figura monolítica y prototípica, porque, en realidad, tienen muchas aristas», explica Ana Garriga.

Eso sí, admiten que esta mirada nostálgica hacia todo esto viene dada, en gran parte, por la sociedad en la que estamos viviendo: «Estamos atravesadas por muchos desasosiegos que tienen que ver con una masculinización brutal de la política, con un mundo totalmente desbaratado en el que cada vez sentimos más soledad y estamos más sometidas a tiranías de producción. Y en todo esto surge la idea metafórica de los conventos como un espacio más colectivo y feminizado».