Sus padres hacían 4.000 botellas y el hijo, 250.000

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MARCOS MÍGUEZ

Pedro Rodríguez, alma máter de la bodega Guímaro, organizó una cata de su vinos en la taberna O Secreto de A Coruña, uno de los grandes templos del vino en Galicia

21 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Es la cata ideal. Unas cuantas cosas ricas para picar, vinos de una misma firma, y la compañía del bodeguero, que siempre es algo que le da un valor añadido a la experiencia. La cita fue en la taberna O Secreto de A Coruña, uno de los grandes templos del vino en Galicia, con la presencia de Pedro Rodríguez Pérez, viticultor, alma máter, bodeguero, propietario y gerente de Guímaro. «Soy un poco de todo», resume este hombre campechano, sonriente y locuaz que el mes que viene cumple los 52. La bodega tiene 35. «Empezaron mis padres a nivel local y embotellaban para unos clientes de Pontevedra. Fuimos de las primeras bodegas de la denominación de origen Ribeira Sacra», relata. Mucho cambiaron las cosas en estos años. «Mis padres hacían unas 4.000 botellas y nosotros estamos ahora en unas 250.000 sumando nuestras diez marcas. Es un orgullo pensar que ahora vendemos a 35 países, desde Canadá a Nueva Zelanda pasando por China o Japón», destaca con satisfacción. Se sabe al dedillo la historia del apodo Guímaro que se convirtió con el paso del tiempo en una referencia de los vinos gallegos. La revuelta Guímara fue un levantamiento histórico protagonizado por los vecinos de A Pobra do Brollón (Lugo) contra los abusos de poder de los condes de Lemos en la época medieval. «Lo llevamos con orgullo», sentencia. 

LAS NUEVAS AÑADAS

En la cata que les citaba al principio se descorcharon distintas variedades. Blanco Cepas Viejas y Camiño Real del 2023, Finca Meixemán del 22, A Ponte del 21, Finca Capeliños, del año de la pandemia, y Finca Pombeiras del 2023. «Ahora vamos a empezar a sacar la añada del 2025 tanto de blanco como de tinto. Lo hacemos siempre coincidiendo con la Feria del Vino de Amandi que se celebra a final de mes, en concreto el domingo de Ramos», avanza. Aunque es hablador, no es de los que entran en muchos detalles sobre los vinos que elabora. «No hablo de cuestiones muy técnicas para no agobiar a la gente. Si vas a tomar una cerveza, no te explican nada. Nosotros algo sí, pero sin cansar a las personas que lo único que quieren es disfrutar de un buen vino», argumenta. Pero cuando habla de su primer vino de parcela, el propietario de Guímaro se extiende algo más, consciente de que fue un punto de inflexión en la historia de los vinos gallegos. «Para el año que viene vamos a hacer 25 años del primer vino de parcela. Nos llamaban locos por no hacer vinos jóvenes, nos decían que la uva mencía no valía para envejecer... Con la ayuda de Raúl Pérez y de mi enólogo, Luis Buitrón, ahí tenemos El Pecado y Finca Capeliños. Hoy se ve fácil, pero hace un cuarto de siglo, insisto, en la Ribeira Sacra nos llamaban locos», relata. En la cata fue explicando las uvas gallegas que utiliza y cómo se emplean para corregir los vinos de manera natural. Xurxo Rivas y Javier Pérez, de la taberna anfitriona, pusieron distintas viandas para acompañar a las diferentes variedades que fue comentando Pedro Rodríguez. No estuvo nada mal. Jamón ibérico puro de bellota Maldonado, empanada, carrilleras estofadas, surtido de quesos y hasta bica ourensana y cañitas para cerrar la merienda-cena y la cata. Esto es un tardeo y lo demás son cuentos. Ahí tienen al trío que hizo feliz a unos 40 apasionados de las cosas ricas y auténticas.