Pequeños lugares de Galicia que se salen del mapa: «Para salvar las aldeas hay que vivir en una»

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Xulia (en primer término) en la Grelería, residencia artística en una aldea de O Incio de 6 habitantes.
Xulia (en primer término) en la Grelería, residencia artística en una aldea de O Incio de 6 habitantes.

Estos lugares rompen, con esfuerzo, la deriva del despoblamiento rural y son un soplo de aire fresco en la Galicia vaciada. Senderiz, O Piñeiro y Anceu son algunas de las aldeas que están cambiando las tornas. Hay zonas que parten con ventaja, con fibra óptica y 5G, con servicios esenciales a mano. Pero hay otras cosas que marcan la diferencia

13 mar 2026 . Actualizado a las 16:36 h.

¿Las aldeas están vacías? No siempre. O no todas. Hay quien llena de impulso lugares de la España vaciada. En Laxe, O Incio, Ponte Caldelas, Lobeira o Carballeda de Avia hay pequeños lugares grandes en el tamaño y en la pasión de sus iniciativas y de su gente, lugares en los que medidas públicas (como el programa Fixar para atraer talento y emprendimiento al medio rural), algunas empresas locales (como Áurea), y el entusiasmo a todo riesgo de algunas personas pueden cambiar el chip y mitigar, con gran esfuerzo, la falta de trabajo y población que suele asociarse a las aldeas.

¿Por qué siguen vaciándose las aldeas? «Las aldeas están vacías porque la gente se fue afuera a buscar pan. La mayoría de nuestros vecinos y amigos se quedarían por Lobeira y Bande, pero tienen que ir por trabajo a Vigo, Madrid o París», explica María Rodríguez Gradín, cofundadora junto a Edo Sadikovic en el 2013 en Senderiz (Lobeira) de un espacio de trabajo colaborativo (coworking) que fue pionero en Europa y que revierte el despoblamiento rural.

Sende fue el primer coliving gallego, buscaban crear en la aldea de la sierra del Xurés un espacio abierto al mundo. Así fue. «Empezamos reformando dos casas en una aldea de unos 20 habitantes, sin internet en aquel momento... Y hemos ido creciendo. Por aquí han pasado miles de personas de una decena de países. Lo que sigue definiendo Sende es la mezcla de sencillez rural y diversidad internacional», resume María Rodríguez.

Senderiz fue la primera de las «aldeas milagro» de la montaña gallega, de las primeras que, sin jugárselo todo al turismo, resistió a esa realidad de los pequeños puntos del medio rural gallego, que son paraísos naturales de casas vacías, pueblos fantasma dejados al albur de otro tiempo. Pero Anceu y Senderiz llevan ya unos años saliéndose del mapa demográfico en Galicia, de los «marquiños», rompiendo moldes y ampliando horizontes con buena conectividad y gente de distintos puntos del mundo.

Las aldeas gallegas no solo son para las fiestas del verano. Hay aldeas de Galicia que son para trabajar. Para trabajar en paz y con aislamiento relativo. iSlow, en el lugar de O Piñeiro, de la Costa da Morte, es otro ejemplo.

Hay zonas que parten con ventaja, con fibra óptica y 5G, con una ciudad a menos de una hora, con servicios esenciales a mano. «En Galicia vemos mucho potencial en comarcas bien conectadas por carretera y con buena internet, aunque estén 'aisladas' en la montaña. Lo importante ya no es tanto la distancia física, sino la distancia en tiempo y la calidad de la conexión: si puedes estar en Ourense, Vigo o A Coruña en una hora y trabajar online sin problemas, de repente vivir en un pueblo pequeño se convierte en una opción real para muchos», señala María. 

En Sende, amplía, pueden pedir cita medica «hoy a las ocho de la tarde y ser atendidos mañana a las 10.00, y esto es increíble». Los servicios funcionan «muy bien». «El bus recoge niños para ir al cole, pero el antiguo cole de Lobeira ya esta convertido en una residencia de edad, aunque los niños tienen transporte gratuito hasta el colegio en Bande», matiza María Rodríguez Gradín, que añade que las tiendas móviles llegan sin problema ni dificultades a la aldea. «Todo funciona muy bien ahora. Problema sera en 15 años cuando falten vecinos y nadie se muda mientras». 

¿Cuál puede ser la solución, el modo de que este «rejuvenecimiento» en Senderiz no desaparezca? «Si queremos salvar la aldea, hay que mudarse y vivir en una -responde la emprendedora-. Creo que se puede encontrar una solución. Hemos diseñado un programa donde estamos trabajando con mucha gente de Galicia que quiere mudarse o quedarse en su aldea y muchas ellas están creando sus pequeños proyectos o negocios que les van a permitir hacer sus pequeños estudios en la aldea y trabajar en remoto, o crear desde la montaña».

La «caldeirada» de culturas se nota en Senderiz, como en Anceu (Ponte Caldelas), donde el efecto de los colivings ha sido definitivo. En una y otra aldeas gallegas los vecinos de toda la vida conviven desde hace unos años con nacionalidades que son muy variadas. Gente de diversos puntos de Europa, de América Latina y de Asia ha pasado por estos espacios de trabajo y vivienda colaborativa. «Lo normal es que en una misma semana haya personas hablando gallego, castellano, inglés y algún otro idioma en la misma mesa», concreta María sobre el día a día en su aldea de Lobeira.

¿Lo mejor y lo peor de vivir en Senderiz? «Lo mejor es la calidad de vida que da la combinación de silencio, naturaleza y vecindad. Poder salir de casa y estar en plena Serra do Xurés en pocos minutos, trabajar en remoto mirando a la montaña, saber que si te pasa algo hay vecinos que vendrán a echar una mano sin que tengas que pedirlo. También es un lujo poder concentrarse de verdad en los proyectos, sin el ruido constante de la ciudad, y al mismo tiempo estar recibiendo personas de todo el mundo que te aportan nuevas ideas», resume María.

Esa misma esencia, la que ponen la diversidad, la creatividad, en un lugar pequeño con buena conectividad, conexiones y servicios a tiro de piedra, se percibe en Anceu. Hay incluso una expresión, «efecto Anceu», para aludir a un impacto en la salud y en la calidad de vida que tiene que ver con el silencio, las conexiones de alta velocidad e infraestructura digital gracias a la empresa Áurea, la carballeira del enclave, la calidad realista del tiempo o incluso con el amor. Porque de Anceu salen no solo proyectos e ideas, sino también interesantes proyectos de pareja. Así lo cuentan Agustín y África, el motor coliver de esta aldea que rejuvenece el padrón de Ponte Caldelas. «Lo primero para que una aldea pueda renacer es el contexto: identificar a esas personas que viven ya en la aldea que tienen ganas de participar y hacer cosas. Porque son esas personas las que conocen la historia de ese lugar y entienden su idiosincracia. Yo siempre hago la coña de referirme a Rosa como rural influencer, pero es que sin ella millones de cosas no habrían podido suceder en Anceu, porque ni Agustín ni yo éramos de esta aldea», revela África, al frente de Rural Hackers Instituto Ben Pensante, de Pontevedra. Rosa, o Rosabel, esa rural influencer a la que ella se refiere se marchó de Anceu Brasil cuando estaba a punto de cumplir los 7 años, cuando su aldea estaba «llena de rapaces, había más casas, había una taberna, ¡y escuela!...», recuerda. Emigrante que ha vivido en Brasil México D.F.. Rosa apunta que frente a la tendencia de décadas de ver cómo las aldeas se mueren hay que «abrir los brazos a la gente emprendedora y trabajadora que viene de fuera». Con esa actitud, Rosa ejerce de «madre de todos» en el coliving de Anceu y es una suerte de Idealista andante que conecta a los más recientes habitantes del lugar con propietarios de viviendas en desuso en la zona. De este modo, ayudó a Ana, la joven madrileña al frente de La Furgolibro, a encontrar alquiler en Anceu, y a Andreea y Florian, pareja de rumana y alemán enamorados de la zona, a encontrar allí la casa de sus sueños, y acceder a un alquiler con opción a compra.

De Londres a una aldea de Laxe se movió Inés, ingeniera informática, con su pareja y sus mellizos para reinventarse en O Piñeiro abriendo el único coliving de España donde puedes trabajar y criar a los niños. Este es el punto diferenciador de iSlow de otros espacios de trabajo y convivencia colaborativa en Galicia. «Desde que abrimos nós, hai sempre xente doutros países que atravesa polo lugar para ir para Laxe. Á xente maior de aquí chámalle a atención... Cando están plantando as patacas, pregúntanlles e ás veces non se entenden e outras si, pero failles graza interactuar igualmente», contaba Inés en una entrevista con el periódico en febrero del 2024. En este tiempo han ido creciendo con distintas iniciativas, entre ellas, «unha escoliña de verán» que hicieron ya el pasado verano y repetirán el que viene. «Unha escoliña que se fixo con nenos da zona e familias que viñan doutros países; foi unha experiencia bilingüe, multicultural, bastante colaborativa, pois as iniciativas faciámolas en colaboracións con negocios locales», explica Inés. En la línea de colivings como Sende y Anceu, ofrecen en la Costa de Morte un campo, con buenas conexiones, para emprendedores y personas que acuden a trabajar en remoto con un proyecto, como puede ser un libro. De iSlow salieron recientemente, para echar raíces en la zona aunque sea de modo temporal, una pareja alemana, una emprendedora de los Países Bajos que organiza actualmente unas jornadas de yoga y surf, y expatriados que vuelven de países como Estados Unidos. «Este entorno intercional, de fala inglesa, axúdalles a integrarse na zona», señala Inés, que añade que el programa para emprendedores Fixar también permite un recorrido a estas personas que llegan a la aldea. 

Arte y vida (con poco wifi) en el corazón de O Incio

Como una semilla mágica a una aldea de O Incio llegará al mundo este 12 de marzo, según la fecha prevista de parto, el hijo de Xulia la emprendedora que montó junto a Nando y Arturo la Grelería, espacio vegano y de creación artística en el corazón de O Incio, en una aldea de seis personas, que no tiene buena conexión a Internet, pero esto les permite enfocar vivir sin wifi como un lujo. Xulia llegó a la aldea de A Coruña, donde tenía una galería de arte y artesanía contemporánea en una plaza peatonal en la que solían organizar actividades y encuentros abiertos a todo el público. «Xerouse aí unha comunidade linda de artistas, visitantes e veciños. Ese era o punto forte da galería», cuenta Xulia, que se mudó al rural con la riqueza de esa experiencia. 

A O Incio llegó por causa de la herencia de una casa familiar en la aldea en que ahora vive. «Non era unha casa moi grande, pero daba para levar alí a Grelería dalgún xeito. Quería transformar ese proxecto, pero non abandonalo», dice la emprendedora. «E pensamos que sería boa idea, en vez de compartir o resultado final do traballo dos artistas, compartir o proceso creativo», explica. La casa acoge, aparte de al equipo de la Grelería, «como mucho a tres artistas». Para pinchar la burbuja que podría ser la experiencia para esos creadores, se celebran jornadas de puertas abiertas para que la gente de la zona tenga la oportunidad de conocer lo que hacen en la aldea esas artistas. «Eu cando me mudei tiña a impresión de que me ía para o deserto, e resulta que descubrín xente cunhas iniciativas guapísimas, cunha proxección inspiradora», asegura la ilustradora coruñesa.

No quiere hacer de su aldea «un Sanxenxo», pero Xulia sí desearía ampliar la temporada del lugar más allá del verano, tener más vecinos de manera estable en la zona y un acceso a la vivienda en la zona que fuera menos complicado, con menos trabas y más opciones en cuanto, por ejemplo, a alquiler de vivienda. Son seis en la aldea, en breve, quizá hoy mismo ya, serán siete personas en la aldea. Vida nueva e inquietud artística ayudan a ver el horizonte más despejado en la montaña.