Lucía Lomba, la gallega de 27 años que investiga el cáncer de pulmón: «Es muy bonito sentir que eres la primera en descubrir algo»
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La joven de A Guarda forma parte del equipo de Mariano Barbacid y está en el grupo que lidera la científica y astronauta Sara García Alonso. «Durante el doctorado hay muchos altibajos. Las cosas no son fáciles», explica
21 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Hola, ¿cómo estás? ¡Qué acento más bonito, cuánto lo echo de menos!», responde una dulce voz por teléfono tras saludarla. Ella es Lucía Lomba (1998), una joven de A Guarda que, además de tener mucha morriña del mar y de Galicia, tuvo que hacer las maletas rumbo a Madrid para trabajar en su sueño. Pero no en uno cualquiera, sino en el de hacerse un hueco como científica en la investigación contra el cáncer. De pequeña, los Reyes Magos nunca le dejaron bajo el árbol el juego del Quimicefa, aunque ella admite que le hubiera gustado. «Me encantaba hacer pociones y cosas raras con mis amigas. Recuerdo quedar con ellas para hacer jabones», bromea. El gusanillo que ya tenía por vivir entre probetas y microscopios se hizo mucho más latente cuando pisó la Universidade da Coruña para estudiar un doble grado de Biología y Química. «Allí me pareció interesante el hecho de saber que había gente que se dedicaba a investigar las enfermedades y todo lo que nos contaban los profesores sobre ello. Según fueron pasando los cursos, me interesé todavía más. Sobre todo, lo que más me llamó la atención fue el tema del cáncer», explica.
Tanta fue la fascinación que sintió Lucía por esta área de estudio, que decidió orientar uno de sus Trabajos de Fin de Grado (TFG) por ahí. «Mi TFG de Biología lo hice con un grupo del CICA de la UDC, investigando el cáncer de ovario. Fue una etapa muy bonita porque creo que cuando estás en la carrera y te cuentan eso de investigar, no te haces una idea de lo que realmente es hasta que no entras en un laboratorio y con tus propias manos empiezas a hacer cosas que implican averiguar algo. De tener de repente reuniones con tu equipo, que cada persona del grupo vaya contando un poco su progreso...», afirma. Y, al mismo tiempo, la joven lo vivió de forma muy cercana. «Cuando lo estaba estudiando, a una familiar le acababan de diagnosticar ese mismo cáncer. Fue una coincidencia un poco rara. A la vez también me sentía bien porque como investigadora estaba buscando la cura. Es complicado, porque sabes perfectamente que, a lo mejor, con lo que tú haces, no vas a encontrarla y no puedes darle una falsa esperanza a tu familia. Pero el sentir que estás aportando, aunque sea un granito de arena dentro de toda una playa...», cuenta.
Porque cuando se habla de investigación sobre este terreno, no todo acaba en una pastilla o vacuna. «Al final, no solo es buscar medicamentos o fármacos. También es importante conocer el mecanismo de la enfermedad o la ciencia más básica. Saber que estás contribuyendo un poquito a conocer más sobre cómo es, y más si una persona de tu familia la tiene, me parece muy revelador», confiesa. Y, entre la mezcla de inquietudes por saber y lo que le había pasado en su entorno, Lucía ya estaba cada vez más encaminada a realizar el doctorado.
La tesis como objetivo
Posteriormente, se marchó a Madrid para hacer un máster. Aunque, en principio, no entraba en sus planes. «Estuve toda la etapa universitaria pensando que al hacer dos carreras tenía créditos de sobra para poder meterme directamente al doctorado. El último curso, en sexto, me di de cuenta de que no, que al hacer doble grado te separan los expedientes. Es decir, haces Química por un lado y Biología por otro. No tenía los suficientes para poder entrar y ahí me planteé hacer un máster aquí», indica. Es en ese momento cuando Lucía encontró al grupo del científico Mariano Barbacid y el CNIO —Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas— y donde se encuentra trabajando ahora. Para desarrollar su actividad como doctoranda, la joven obtuvo una de las becas de excelencia de la Fundación “La Caixa”. «Entre los requisitos que piden, están los básicos para poder hacer un doctorado, que en mi caso eran el grado y el máster. También una carta de motivación o explicar tu línea de investigación. Mucha gente cree que necesitas tener muy buena nota y haber tenido una gran experiencia y, en realidad, lo que te piden es que profesores o investigadores que hayan trabajado contigo puedan dar buenas referencias sobre ti. Hombre, cuanta mayor nota tengas, mejor, pero no es supernecesario tener un 10. Yo, de hecho, no lo tengo», explica.
A pesar de formar parte del equipo de Mariano Barbacid, Lucía no está dentro del grupo que investiga el cáncer de páncreas y que recientemente logró eliminar tumores de ese órgano en ratones. Por eso, para ella es importante aclararlo. «El equipo de Mariano Barbacid se divide en dos subgrupos. Por un lado, está el que se dedica al cáncer de páncreas liderado por él como investigador principal, y luego está Carmen Guerra, que es otra investigadora que forma parte del staff, por así llamarlo, que lleva toda la línea de páncreas. Yo pertenezco al subgrupo que está liderado por Sara García Alonso y en el que nos dedicamos a investigar el cáncer de pulmón», detalla. Y de eso trata su tesis, que tendrá que depositar en febrero del 2027. «Básicamente, hace unos años, en nuestro laboratorio se vio que en el cáncer de pulmón había una proteína que cuando la eliminaban genéticamente en los ratones, los tumores se hacían más pequeñitos e incluso desaparecían. Entonces encontraron lo que nosotros llamamos diana terapéutica. Lo que hacemos en nuestra línea de investigación es intentar encontrar medicamentos o fármacos que puedan degradar esa diana terapéutica, esa proteína», explica.
Lucía ya está acostumbrada, pero no cualquiera trabaja todos los días mano a mano con la bióloga molecular y primera mujer española astronauta seleccionada por la Agencia Espacial Europea. «Es mi jefa. Cuando yo hablé con Sara para hacer la tesis, ya había sido anunciado que era astronauta. Pero, por ejemplo, tengo dos compañeros que empezaron la tesis sin que lo fuera todavía. Fue un shock en el laboratorio. Yo me enteré porque estaba en casa y uno me mandó el tuit de Pedro Sánchez anunciándolo», dice recordando con cariño el momento.
Una montaña rusa
En su momento, a ella tuvieron que enseñarle los doctorandos. Ahora, Lucía enseña a los nuevos junto a sus compañeros. Por eso es inevitable preguntarle cómo se ve en el futuro. «¡Buenísima pregunta!», responde entre risas. «Durante el doctorado hay muchos altibajos y momentos en los que ves que todo está saliendo bien y dices: “Estupendo, cuando acabe me voy a hacer un posdoctorado fuera de España y luego vuelvo para ser profesor o investigador”. Pero... Las cosas no son fáciles», confiesa. Sin embargo, recalca la parte positiva del proceso. «De pronto, hay cosas que te salen, a veces lo que creías que estaba bien resulta que no y tienes que empezar de nuevo, luego haces algo que nadie hizo antes y sientes ese hormigueo al ver que eres la primera persona en descubrirlo... Es muy bonito», afirma. Por lo pronto, al acabar, Lucía tiene posibilidades de continuar en el CNIO. «Está muy bien, de hecho lo estoy viendo con varios compañeros. Al terminar la beca, el laboratorio te puede contratar. Así, si estás escribiendo un artículo científico, tienes la opción de quedarte un par de meses más, terminar, cerrar toda tu línea de investigación o pasársela al siguiente estudiante que venga e irte. Te dan ese colchón de no quedarte sin dinero, porque no trabajas gratis durante esos meses que sigues», explica. Aunque vuelve a mencionar Galicia. «Me encantaría volver si las oportunidades laborales me lo permiten. Madrid está muy bien, pero siento que no es una ciudad en la que yo me veo toda la vida», confiesa.
En las últimas semanas, el debate de la inversión en ciencia volvió a activarse. La joven tiene su opinión al respecto. «En mi caso, sí que era consciente de que había que invertir más y sigo pensándolo. Cuanto más se financien los estudios científicos, más rápido sacaremos nuevas terapias. Es superimportante que haya dinero para esto. Si no me equivoco, España no es de los países que tienen el PIB más alto en ciencia. Yo soy una simple investigadora predoctoral, tampoco podemos cambiar las cosas así, pero sí que estaría muy bien que todo el mundo se diese cuenta de lo importante que es investigar y financiar esa investigación», concluye. Porque en las horas de laboratorio invertidas por Lucía y el resto de científicos está la esperanza de vida de muchas personas.