Elena se casó y se quedó embarazada a los 23: «Nunca soñé con el matrimonio, pero apareció José»

Candela Montero Río
CANDELA MONTERO RÍO REDACCIÓN / LA VOZ

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Ana y Jose se casaron cuando tenían 23 y 27 años.
Ana y Jose se casaron cuando tenían 23 y 27 años. XOÁN CARLOS GIL

A este argentino y esta gallega no les dio miedo el compromiso y pasaron por el altar más pronto que tarde. Ahora, Isabel y Jose son padres de su primera hija

14 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La historia de este argentino y esta viguesa es la de un enamoramiento en tiempo récord que salió bien. Elena Fernández (Vigo, 2000) y José Martínez (Córdoba, Argentina, 1996) se conocieron en el 2021 en Santiago, se casaron dos años después en Baiona, se fueron a vivir juntos a continuación, y, al año siguiente, nació su hija Isabel. Cuando pasaron por el altar ella tenía 23 años y él 27, y Elena fue madre a los 24. Hace cinco años ni se conocían y ahora están casados y son padres. Esta matrona y este ingeniero mecánico que nacieron a casi 10.000 kilómetros de distancia terminaron juntándose en Compostela cuando eran estudiantes. El abuelo de José era pontevedrés y por ese vínculo, él vino a Galicia desde Argentina a hacer un máster. «En teoría me iba a quedar un año», bromea ahora.

Admiten que tuvieron un «noviazgo corto», pero alegan que rápidamente lo vieron claro. Cuentan que ninguno de los dos tenía prisa por pasar por el altar hasta que se conocieron: «Nunca fui una niña que soñase con casarse lo antes posible, pero apareció José y supe que era la persona para mí», dice Elena. Su marido completa el relato. «Simplemente supimos que era la persona indicada y quisimos hacerlo cuanto antes», alega José.

«Nos motivó el deseo de estar juntos y de construir una vida apostando el uno por el otro», coinciden en decir. Lo tenían tan claro que en la pedida casi no hubo lugar para la sorpresa porque «ya estaba muy hablado». Él dice que fue «muy sencilla», «algo tan fácil como comprar el anillo y preguntar». Elena le pone un poco más de romanticismo. «Fue muy bonita, muy especial y muy íntima entre nosotros», detalla, aunque confiesa que tampoco la «pilló por sorpresa». Y la respuesta también fue firme y rotunda: «Fue un sí clarísimo», sentencia ella. «Supuso adelantar el sí quiero que le iba a dar en el altar. Significaba decirle: ’Sí, quiero estar contigo siempre‘», añade Elena, que se casó al poco de empezar su residencia como matrona.

A pesar de que los dos lo tenían tan claro, reconocen que no faltaron los comentarios tratando de disuadirlos: «Nos decían que no lo hiciésemos, que éramos muy jóvenes», recuerdan ambos. Y lo explican con un ejemplo: «Muchos nos decían: ’’Aprovechad y viajad antes de casaros‘‘, pero nosotros queremos viajar juntos», alegan.

«Siempre supe que lo que quería era estar con él y construir una vida a su lado», cuenta Elena. El discurso lo completa José: «Durante la preparación de la boda era consciente de que solo me casaría una vez en la vida, pero siempre lo tuve claro». «No tuvimos dudas porque estábamos juntos», coinciden en decir.

Las dudas de la familia

Admiten que la mayor parte de las dudas provenían de su familia. «A nuestros padres los pilló más por sorpresa y les costó un poco hacerse a la idea», explica José. Él mismo completa su argumento. «Ellos nos ven más pequeños. Son gente que te quiere y quiere protegerte, porque saben que es una decisión que te va a cambiar la vida», defiende. Pese a todo, aseguran que, después de esa sorpresa inicial, toda su familia se alegró. Y qué decir de sus amigos. «Ellos estaban felices, ¡porque con tal de ir a una boda y armar fiesta! Los argentinos vinieron todos», bromea Elena.

A la pregunta de si se declaran defensores de casarse a una edad temprana, responden que el mensaje que quieren lanzar a los jóvenes es el de que «no tengan miedo al compromiso si lo ven claro». «De esa forma empezáis antes a construir ese proyecto en común que tenéis pensado», dice Elena. «Vais creciendo juntos», añade José.

Y es que para ellos, esa, la de construir ese «proyecto en común», es la mejor parte de lanzarse a la aventura del matrimonio antes de los 30. Ellos la empezaron justo después de pasar por el altar. Hasta ese momento nunca habían convivido y el paso siguiente al matrimonio fue el de mudarse juntos: «A los pocos meses de casarnos nos compramos un piso. Dormíamos en un colchón en el suelo, pero estábamos juntos», relata Elena. Y «juntos» es, para ellos, la palabra mágica: la clave de todo, la que da sentido a su historia y la que más repiten a lo largo de la conversación.

Al poco de vivir juntos, cuando Elena tenía 23 años, llegó el embarazo. Su hija Isabel, que ahora tiene un año, vino al mundo coincidiendo con su primer aniversario de boda: «Lo celebramos haciendo un desayuno romántico en el hospital». Elena se convirtió en madre a los 24 y confiesa que hubo «miedos e inseguridades», pero, a día de hoy, sigue pensando que «nunca se está preparado para algo tan grande». Tienen claro que la pequeña Isabel es «un regalo» que llegó para «llenarlo todo de más amor, alegría e inocencia». «Nos enseña lo que es el amor incondicional, sin importar nada. Estamos maravillados de que ella exista», dice Elena.

Sin embargo, aunque defienden firmemente que lo que más pesa es la «alegría de ir construyendo juntos», reconocen que también hay «sacrificio» y destacan dos aspectos que demuestran que no es oro todo lo que reluce en su experiencia. El primero es uno que contrasta con la idealización del matrimonio y que pocas veces se comenta: el dinero. «La parte económica es una de las más difíciles, porque vamos más justos», alega José. Elena coincide. «Partes de una situación menos cómoda con respecto a aquellos que se casan cuando tienen más ahorros», explica. Como muestra, ponen como ejemplo la crianza de su hija: «No le podemos dar ciertos lujos. No tiene el carrito más caro del mercado, pero tiene unos padres que se quieren y la quieren con locura, que es lo que más necesita», señala Elena.

La parte social es otra de esas que les ha costado amoldar a su nueva vida de casados. Aunque se han adaptado y ya cuentan con «un grupo de matrimonios jóvenes» que se han convertido en «amigos», cuentan que en su círculo cercano no siempre es así. «La mayoría de nuestros amigos de toda la vida aún no están casados y a veces nos sentimos un poco descolocados», cuenta Elena.

No cabe duda de que a Elena y José el matrimonio les cambió «toda» la vida, «desde los aspectos más importantes hasta los más rutinarios, porque todo se comparte», dice José—. Pero sostienen que ese cambio fue «para bien». «Se puede decir que antes éramos dos y ahora somos uno», defiende Elena. «Al casarnos jóvenes —continúa— nos entregamos todo el uno al otro: nuestras virtudes, miedos e ilusiones, nuestro pasado, presente y futuro». Y José hace una comparación que lo explica todo: «El noviazgo es como un contrato temporal, hoy está y mañana puede que no. El matrimonio es indefinido, una promesa para toda la vida. No puede ser igual», defiende. «Sabes que pase lo que pase, en las buenas y en las malas, vas a tener a alguien al lado», concluyen.