Mauxi Saldaña resiste en el mostrador de una mercería de 1951: «Se compra mucho en plataformas, pero los cuerpos no son los de las modelos y al final vienen a nosotras»
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«Me encanta asesorar a los jóvenes y hacer a la gente feliz», confiesa la propietaria de este negocio vigués que este año cumple 75
10 feb 2026 . Actualizado a las 12:45 h.En la mercería Saldaña el tiempo se mide en carretes de hilo, y este ha dado ya muchas vueltas. Este año cumple 75, una cifra poco habitual en el comercio local y aún más en un sector tan castigado como el textil tradicional. Fundada en 1951 por Hermitas Tizón, Pituca, y su marido Luis Saldaña, la mercería sigue afrontando etapas de la mano de su hija María Auxiliadora Saldaña, Mauxi, que continúa atendiendo tras el mostrador con la misma cercanía que convirtió al local en un referente de Vigo.
Sin llamarlo así, en Saldaña llevan toda una vida practicando lo que hoy se conoce como upcycling. Alargar la vida de una prenda, transformar un vestido antiguo, reutilizar botones o adaptar una chaqueta heredada no es una moda reciente, sino una forma de consumo que ya practicaban nuestras madres y abuelas. «Lo que antes se tiraba, ahora vuelve a tener otra vida», dice Mauxi, aunque en realidad siempre fue así. Mucho antes de que la sostenibilidad se pusiera de moda, en las mercerías se arreglaba y se aprovechaba la ropa como un bien valioso.
El local de Saldaña original estaba en la calle Progreso. Abrió primero como bazar y pronto como mercería. Con el paso de los años fue creciendo y adaptándose a la ciudad. Hoy mantiene tres tiendas en activo en Vigo, con la nave nodriza en Ronda de Don Bosco, dos más en la ciudad (O Calvario y Teis) y un establecimiento en Pontevedra.
El sector ha ido cambiando con los años. «La mercería es como una ferretería», explica su responsable. «Hay que tener ochenta mil colores de hilos, botones, cremalleras… Es una inversión enorme. Por eso cada vez hay menos». A ese esfuerzo se sumó el declive de la costura doméstica: «Antes había colas tremendas. La gente se hacía su ropa. Había muchísimas modistas y amas de casa que cosían».
Como una familia
Esa transformación obligó a Saldaña a reconvertirse sin perder su esencia. «Si viviéramos solo de la mercería pura, como mis padres, hoy sería inviable», reconoce. Así, el negocio incorporó ropa interior, calcetines, pijamas, sujetadores y otros complementos, manteniendo el corazón de la tienda. Pero si algo sostiene el día a día son los arreglos. Bajos, vestidos, ajustes, tocados, bolsos, encargos especiales e incluso confección de prendas. «Tenemos una modista que trabaja muy bien, y eso nos da mucha vida», presume. El auge de la compra online ha tenido un efecto inesperado a favor del comercio tradicional. «Se compra mucho en plataformas como Temu, pero los cuerpos no son los de las modelos», explica. «Entonces vienen porque la talla no encaja, les queda estrecho, hay que ajustar...», cuenta Mauxi, que se confiesa enamorada de su trabajo: «Me encanta asesorar a los jóvenes. Me encanta hacer feliz a la gente y de rebote me hace feliz a mí».
En la tienda de Ronda de Don Bosco trabaja junto a su nuera, Naiara, muy implicada en la parte visual del negocio, y con dos empleadas más, Patricia y Aixa, a las que Mauxi considera parte de su familia. «Para mí son como hermanas. Me ayudan en todo. Lo pasamos bien trabajando juntas, y eso se nota». La figura de Pituca, la fundadora, sigue muy presente. Falleció el 1 de enero del año pasado, a los 92 años, después de una vida entera ligada a la mercería. Mi madre aún venía a la tienda todos los días», recuerda.