Irene Escolar, actriz: «A veces hay que rendirse a algo que está por encima de ti para liberarte de una adicción»

VIRGINIA MADRID

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«Soy muy exigente conmigo misma. No me conformo con lo que hago y ya está, busco el máximo nivel», dice la actriz que protagoniza «Personas, lugares y cosas» en el Teatro Español de Madrid

11 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

 Al 2026 le pide alegría, se confiesa disfrutona y está aprendiendo a dejarse llevar: «No soy nada impulsiva, medito cada paso que doy». Irene Escolar (Madrid, 1989) protagoniza Personas, lugares y cosas en el Teatro Español de Madrid, una obra que nos habla de las adicciones, pero también de las carencias y de las relaciones personales: «Esta obra revuelve tu universo, tu propia vida y duele, claro que duele, porque las relaciones familiares no siempre son fáciles», asegura.

—Esta obra habla de las adicciones, pero también habla de las carencias y vulnerabilidades de cada uno. Temas en los que todos nos podemos ver reflejados en algún momento.

—Eso es. Lo bonito de esta obra es que ves a gente que ha llevado a su hermano, a su pareja o a su padre para intentar entenderse y estar más cerca los unos de los otros. Dicen los terapeutas que la adicción es un síntoma. Y en la obra, la adicción también es un síntoma, porque el texto aborda la historia de Emma como adicta, porque no sabe cómo transitar en este mundo, no sabe cómo ser feliz y busca la fórmula para sobrevivir a través de las sustancias tóxicas. Pero en ese viaje también se habla de las carencias, de las desilusiones y de las relaciones familiares.

—¿Cuáles son las personas, lugares y cosas de Irene Escolar?

—¡Uy! Es una pregunta muy íntima y prefiero mantenerla en mi intimidad.

—Hay un momento en la obra en el que te emocionas y haces que el público se emocione contigo. ¿Cómo vives estos momentos de tanta intensidad?

—Pablo [Messiez], el director, juega mucho con el ritmo y es alucinante cómo notas, cómo vas sintiendo que la función te va arrastrando hasta el final. Lo más difícil para mí en esta obra era conseguir pasar por los tres estados de Emma, el primero de intoxicación, abrir la función así es muy complejo y es muy exigente a nivel interpretativo; el segundo estado de desintoxicación, cuando ella sufre malestar y ansiedad en su cuerpo y el tercero es el de la aceptación. Es un viaje durante el que experimento un dolor catártico, voy de la mano de mi personaje y me resuenan todas las historias que he conocido en los grupos de apoyo, que he visitado, para construir mi personaje. Sí, reconozco que es doloroso tener que transitarlo cada día, en cada función, es tremendo. Sobre todo el encuentro con los padres (puf). Esa conversación en la que se ponen encima de la mesa tanta cosas no dichas, silenciadas durante años y que hieren tanto. Te revuelve tu universo, tu propia vida y duele, claro que duele, porque las relaciones personales y familiares no siempre son fáciles.

—Por tus palabras, se intuye que tu nivel de exigencia a la hora de subirte al escenario es muy elevado.

—Sí. Soy muy exigente conmigo misma. No me conformo con lo que hago y ya está. Busco el máximo nivel. No me vale el aprobado. Pero, por otro lado, reconozco que también, soy muy disfrutona. Cuando salgo cada noche de la función, siempre me quedo con todos los momentos bonitos, con las risas, con el silencio que sobrecoge, nunca resalto las cosas malas.

—Y cuando no te salen las cosas como esperabas, cuando no sale un proyecto que te ilusionaba o no superas un «casting». ¿Cómo gestionas la frustración?

— ¡Hum! Bueno, pues aceptando que forma parte de la profesión y de la vida en general. Lo raro es que las cosas salgan muy bien. Por eso, cuando me salen las cosas muy bien como con esta obra, me siento muy afortunada, muy agradecida y me pongo muy contenta, porque no es lo normal. Estoy feliz.

—Esta satisfacción personal que sientes y el reconocimiento profesional del oficio, ¿te empujan a seguir por el mismo camino?

—No sé cuál es el camino, la verdad. Pero, sí que creo que tiene que ver con la intuición, con la constancia y el trabajo. También creo que es importante rodearse de un buen equipo y de elegir muy bien a las personas que te rodean en tu día a día.

—Volvemos a la obra en la que tu protagonista sigue el método de los doce pasos aferrándose a una entidad superior, una especie de Dios, para desintoxicarse de las drogas y salir del pozo en el que ha caído.

—Yo creo que, a veces sí que hay que rendirse a algo que está por encima de ti, no sé como definirlo, para salir del bloqueo en el que estás metido; entregarte a algo, quizás es algo no tangible, que te puede ayudar a desenredarte y a liberarte de una adicción o de algo que te está haciendo mucho daño. Esto me ha hecho reflexionar mucho para preparar mi personaje y comprender el proceso de los doce pasos.

—¿Cuál es la tabla de salvación a la que te aferras cuando no suena tu teléfono con nuevos trabajos?

—Aunque estoy muy contenta con mi carrera, también he pasado muchos meses sin trabajar y reconozco que es un tiempo difícil de sobrellevar y más en una sociedad hiperproductiva como esta. Aprovecho estas etapas para estar más tiempo con la gente a la que quiero, para disfrutar de los amigos, para tomar un café sin mirar el reloj en mi café preferido. Son pausas muy interesantes para pensar, ver cine y teatro, para llenarse de creatividad y también para armarte por dentro. Procuro estructurarme los días, formarme unas nuevas rutinas y dinámicas para darle sentido a mi vida.

—Esto que dices, me lleva de nuevo a Emma, tu protagonista, porque dice en la obra que a veces no sabe ni quién es. ¿Te has sentido así en algún momento de tu vida?

—Sí, claro. Varias veces. Ni saber quién soy, ni saber exactamente qué quiero, ni hacia dónde voy por la presión social con la que convivimos y que a veces no somos conscientes de ello. Entonces, necesito pararme, reflexionar y mirar hacia dentro para saber cómo estoy y lo que necesito en ese momento.

—¿Eres más de dejarte llevar, de fluir según se sienta, o prefieres meditar cada paso que da en la vida?

—No, suelo ir meditando mis pasos. No soy impulsiva. Pero estoy aprendiendo a dejarme llevar, poco a poco.

—¿Tu familia ha visto ya la función?

—Mis padres sí. Mi madre la ha visto varias veces y es muy fiel a mi trabajo. Me ayuda, me guía y está muy presente en mi vida. Ella ha visto muchos trabajos míos y cuando vio la función me dijo palabras muy bonitas sobre mi actuación y el espectáculo. Siempre es una alegría y es muy bonito que los que te quieren se sientan orgullosos de ti.

—Además de teatro, acabas de estrenar la película «Ariel» y ya está disponible también en las plataformas la serie «La ruta». No paras, Irene.

—Estoy muy contenta, la verdad y estoy viviendo este momento con mucho agradecimiento, sin perder de vista que son épocas. Así es que, estoy disfrutando mucho de esta etapa tan hermosa y tan satisfactoria por todo lo que me está pasando, porque no se sabe lo que me deparará el año que viene. Vamos a ver cómo se presenta.

—¿Eres más de mirar al futuro, de revisar el pasado o prefieres ir día a día?

—Mi cabeza va mucho hacia el futuro, pero intento amarrarla hacia el presente.

—¿Cuáles son tus pequeños placeres cotidianos?

—Dar largas caminatas escuchando música me encanta, estar con mis amigos me carga las pilas. Disfruto mucho también viendo una película con mi tía [la actriz Julia Gutiérrez Caba] y comiendo una rica pasta.

—Y al nuevo año recién estrenado, ¿qué le pides?

— [Se lo piensa]. Le pido alegría.