Aquí no hay milagros. Ni noches de paz. Tampoco busques ejecutivas estresadas atrapadas en Vermont con su ex del instituto. Si necesitas un antídoto contra la sobredosis de azúcar navideño, esta es tu lista
23 dic 2025 . Actualizado a las 14:42 h.Ahora que ha muerto Rob Reiner, de la peor manera posible, y a las puertas de la Navidad, no estaría de más recordar las melancólicas fiestas que les toca vivir a los protagonistas de la memorable Cuando Harry encontró a Sally. Nada hay más deprimente que ver a Meg Ryan tratando de arrastrar, ella sola, un enorme abeto. Pero nada hay más esperanzador que Billy Crystal corriendo por todo Manhattan al ritmo de It Had to Be You para llegar a la fiesta de Fin de Año. Será que la desaparición de Reiner carga de más melancolía las fiestas, será que ya no podemos más con el espíritu de Qué bello es vivir. Pero ante la avalancha de películas navideñas con final feliz, ante el empacho de historias protagonizadas por Lindsay Lohan, es más necesario que nunca buscar alternativas para todos los señores y señoras Scrooge que creen que la Navidad no está reñida con el humor negro y el buen cine. La cura puede empezar con una buena cucharada de la muy negra Plácido (Luis García Berlanga, 1961), y continuar con dosis cada vez más altas de gamberrismo, mala uva y acción.
TERRORISTAS POR NAVIDAD
De todas las cosas terribles que pueden pasar en la cena de Navidad de la empresa, seguramente nunca nadie habría sospechado que el siempre impecable Alan Rickman podría liderar un grupo terrorista con más ganas de bombas que de champán. Pero eso es lo que le pasa al sufrido Bruce Willis, aquí el agente fuera de servicio John McClane, que solo quiere reconciliarse con su mujer aprovechando la fiesta en La jungla de cristal (John McTiernan, 1988). Un intento de robo a gran escala pondrá a prueba todas sus habilidades y entre tiros y persecuciones es posible que olvidemos que es Navidad..., aunque ahora es muy fácil encontrar jerséis festivos con el legendario «Yippee ki-yay».
Alma de terroristas tienen los siguientes protagonistas anti Navidad, aunque no vayan armados. Y es que los Gremlins (Joe Dante, 1984) no necesitan tiroteos para sembrar el caos en los suburbios. Por mucho que algunos se empeñen en decir que es una película para niños, lo único infantil de esta comedia aterradora es la carita encantadora de Gizmo. El resto es una espiral salvaje y divertida con unos bichos brutales. Claro que más allá de momentos antológicos (como toda la secuencia de la madre del protagonista acabando con ellos), ¿hay algo más terrible que la historia del padre de Kate? Para traumas navideños, el de esta pobre chica.
EL PEOR SANTA CLAUS
Cuenta Billy Bob Thornton que rodó alguna escena de Bad Santa (Terry Zwigoff, 2003) completamente borracho. Método puro para meterse en un papel hecho a medida. Alcohólico, ladrón, adicto al sexo... y todos los vicios que harían saltar por los aires a cualquier guionista de espumillón de Netflix. Comedia gamberra de la mejor tradición, plagada de tópicos pero que funciona, precisamente gracias al actor protagonista. Trató de repetir la fórmula con una secuela. Pero incluso en Navidad, nunca segundas partes fueron buenas. Excepto en El padrino II, claro, donde Coppola rueda una de las fiestas de Fin de Año más recordadas. Pero esa es otra historia, como diría Moustache en Irma la dulce, de Billy Wilder... , que por cierto también celebra unas gloriosas e irónicas fiestas en El apartamento.
Nada que ver, eso sí, con la sofisticación retorcida de la última película de Kubrick. Eyes Wide Shut arranca precisamente con el matrimonio Cruise- Kidman preparándose para la elegantísima fiesta que organiza el director (aquí metido a actor) Sidney Pollack. Si en La jungla de cristal la fiesta es el escenario del caos, aquí es el punto de partida del camino a la perdición del personaje de Cruise. Ni las luces de la ciudad, ni el árbol familiar de su apartamento, ni la visita a la juguetería, son capaces de iluminar el desconcierto del buen doctor que descubre que ni su querida esposa ni su supuestamente sofisticado entorno son lo que parecen. Todo es mentira, dice Kubrick, y sobre la superficie brillante y navideña se esconde lo que de ninguna manera queremos que los demás sepan.
Frente a la siniestra elegancia de Eyes Wide Shut, Álex de la Iglesia se queda solo con lo más siniestro del Madrid de los noventa en El día de la bestia. Aquí la Navidad es algo más que contexto: en el colmo de la irreverencia y la herejía, el anticristo va a nacer el 25 de diciembre. Y para acabar con él, un cura vasco (Álex Angulo), un metalero (Santiago Segura) y un presentador de televisión (Armando de Razza) se lanzan a una persecución por las calles de una ciudad marcada por la violencia ultra, una maldad mucho más satánica que la que temen los protagonistas. Aquí los únicos ángeles son los ángeles caídos.
¿MEJOR EN FAMILIA?
Los expertos en buen rollo dicen que lo mejor para evitar líos es no hablar de política o temas polémicos en la cena de Nochebuena. Todo esto es porque no han visto el capítulo seis de la segunda temporada de The Bear, la serie ambientada en un restaurante de Chicago donde la familia es el ingrediente más desestabilizador. Un episodio de más de una hora de duración que pasa de la cocina de la familia, con una desquiciada (y fabulosa) Jamie Lee Curtis como la madre del chef, al comedor donde se juntan hermanos, primos, tíos insoportables, y todos los rencores acumulados. ¿Es posible que sea la cena de Nochebuena más angustiosa jamás vista en televisión? Desde luego, quita hierro a cualquier cuñado pesado que te pueda tocar en la mesa de este año. Pero, además, es un durísimo retrato de los trastornos mentales y sus efectos en el entorno más próximo.
Mucho más amable, menos doloroso, y aun así para salir corriendo, es el encuentro navideño de Sarah Jessica Parker con su futura familia política en La joya de la familia (Thomas Bezucha, 2005). Bajo su apariencia de comedia dramática superficial, se esconden varias lecturas más interesantes, y sobre todo un puñado de estupendos actores y actrices, encabezados por la siempre maravillosa Diane Keaton. Los Stone son una familia abierta y que se cree interesantísima, que reciben en su casa de postal en Massachusetts a uno de sus hijos y su novia, la estirada Parker. Que es insoportable, nada empática y políticamente incorrecta, pero no se merece ni la mitad del desprecio que recibe, incluido el de su novio (Dermot Mulroney). Moraleja: la Navidad no es el mejor momento para conocer a tu familia política, y Santa Claus puede hacer que descubras que has escogido al hermano (y a la hermana) equivocado.