En los últimos años han aumentado los restaurantes que se ubican en estos enormes viñedos para elevar una experiencia enoturística en la que apuestan por platos y un servicio dignos de los vinos que elaboran
30 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.En los últimos años las grandes bodegas han entendido que la mejor forma de acompañar sus vinos de alta gama es creando restaurantes propios, donde la gastronomía se convierta en una aliada del viñedo. Más allá de sencillas salas de cata, estos espacios reúnen talento culinario, productos de kilómetro cero y el cuidado diseño de cada plato, para elevar la experiencia enoturística a un nivel inolvidable.
En la Ribera del Duero destacan proyectos como Arzuaga Navarro, donde Taller Arzuaga ha sumado una estrella Michelin gracias a su audaz reinterpretación de la cocina castellana. Platos como la carrillera glaseada en su propio fondo y las croquetas de caza maridan con vinos de finca que beben directamente de las viñas. A pocos kilómetros, Pago de Carraovejas ofrece en su restaurante Ambivium una fusión de la esencia tradicional local con técnicas contemporáneas. Si continuamos por la Ribera del Duero y avanzamos por el río hasta la Denominación de Origen Rueda, en la localidad que le da nombre a esta zona vitivinícola nos encontramos con el restaurante Arrope. La propuesta enoturística del Grupo Yllera pone en valor la trucha castellana y el lechazo churro en su reconocido restaurante.
Pero la onda expansiva de esta acertada idea de abrir restaurantes en las bodegas transciende las fronteras. Continuando el cauce del Duero, en Peso da Régoa, una de las localidades más conocidas del Alto Douro nos encontramos con el restaurante Schistó situado en la bodega Quinta Vacaria. En él se eleva a alta cocina el recetario tradicional portugués y de esta región. Por último, en la zona productora del Dão, el restaurante Mesa de Lemos complementa la oferta de la bodega Quinta de Lemos, con una cocina de temporada basada en los productos de la zona y que se caracteriza por el autoabastecimiento.
Mesa de Lemos (Quinta de Lemos)
Diogo Rocha, con dos soles Repsol, una estrella Michelin y una estrella Verde, es el responsable de la cocina de este impresionante espacio, reconocido por prestigiosas listas internacionales de arquitectura.
El proyecto se basa en una gastronomía sostenible centrada en los sabores nacionales y los tradicionales de la región portuguesa de Viseu. Mantiene los ingredientes en el estado más puro para que lleguen a la mesa con los sabores genuinos.
Schistó (Quinta da Vacaria)
Conducido con audacia y creatividad por el chef portugués con más estrellas Michelin, Vitor Matos, y siempre con el apoyo diario del chef Vitor Gomes y de Carolina Columbano, este proyecto de alta cocina único del Douro es un homenaje a la gastronomía lusa.
En el centro de la cocina de Schistó hay siempre ingredientes procedentes de pequeños productores locales, como las perdices de Lamego o la trucha del río Corgo.
Ambivium (Pago de Carraovejas)
Situado en la reconocida bodega Pago de Carraovejas, Ambivium se distingue por su innovadora propuesta enogastronómica.
Cada creación culinaria se acompaña de un maridaje perfecto con los reconocidos vinos de su bodega, de prestigio internacional. Su cocina, con dos soles Repsol, una estrella Michelin y una estrella Verde, fusiona la esencia de la tradición local con técnicas contemporáneas, utilizando ingredientes de temporada.
Arrope (Bodegas Yllera)
Con Nauzet Betancort en los fogones y Roberto Simal como responsable de sala, la esencia de este restaurante es el respeto por el territorio y la hospitalidad en cada detalle. La cocina de Nauzet Betancort pretende ser honesta, creativa y profundamente ligada al entorno de la bodega.
Su filosofía se basa en el producto de proximidad, la temporada y una mirada contemporánea que reinterpreta la tradición sin artificios. Las galerías subterráneas del siglo XV de origen mudéjar son el telón de fondo de la experiencia Arrope.
Taller de Arzuaga (Arzuaga)
Situado en la Ribera del Duero, dirigido por la diseñadora Amaya Arzuaga y con Sara Ferreres como jefa de cocina, elabora unos platos contemporáneos basados en la estacionalidad e inspirada en el recetario castellano.
Platos como el huerto ecológico o la liebre con curry demuestran una perfecta convivencia entre la tradición culinaria y su evolución técnica y conceptual. Esta creatividad, junto con la profesionalidad de Irene González en sala, le ha llevado a obtener una estrella Michelin y una estrella Verde, además de un sol Repsol.