Pedro García, ganadero a los 19 años: «Me contrataron antes de acabar el ciclo de FP y en tres meses ya mejoré las condiciones»

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Xoán A. Soler

El joven está independizado desde antes de terminar su formación en un ciclo superior con paro cero. «El sueldo me da sin problema para poder vivir yo solo y ahorrar», afirma

24 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Pedro García López siempre supo que quería dedicarse a algo que estuviese relacionado con el cuidado de los animales. Por eso, a sus 19 años, en lugar de irse por las ramas, ya puede decir que trabaja en la explotación ganadera y agrícola Casa Menor, en Boimorto, desde antes de terminar sus estudios. Este joven de Viana do Bolo se mudó a Melide para estudiar el ciclo superior de Gandaría e Asistencia en Sanidade Animal en el IES de Melide.

«Mi familia nunca se dedicó directamente a la ganadería, pero teníamos contacto con este mundo, y en mi pueblo tengo vecinos y también un tío que tiene ganado. A mí me gustó desde pequeño», indica Pedro, que cuando terminó el bachillerato —con un buen expediente— no se decidía del todo, hasta que se le presentó la oportunidad de hacer este ciclo: «Era la primera vez que se ofrecía esta formación en Melide, y me animé a hacerlo para probar y ver qué tal me iba, y la verdad es que muy bien».

Tan bien que lo contrataron antes de acabar. Pedro tiene un contrato de formación en alternancia. Va a clase dos viernes al mes para hacer un seguimiento, aunque cuenta que cuando empezó en la explotación iba más. «Empecé en enero, y los primeros meses iba a clase en horario de mañana y venía a trabajar media jornada por la tarde», indica el ganadero, que hoy ya tiene la jornada completa.

«Se necesita a gente con esta formación, y por eso nos contratan antes de acabar. La inserción en el mercado de este ciclo es del 100 % ahora mismo. Alguien a quien le guste y quiera sabe que va a tener trabajo, que es un trabajo duro, de muchas horas y también con fines de semana, pero si te gusta y quieres, lo que sobra es trabajo», insiste el joven, que dice que desde que está trabajando allí, no son pocos los que se han acercado a preguntar.

CAMBIO SOCIAL CON LA FP

El joven indica que se ha producido un cambio social en lo relativo a la percepción de la formación profesional. «Antes el que hacía una formación profesional era el que no valía para estudiar e iba a cobrar menos. Ahora, se ve que al final un albañil, un fontanero, un electricista o una persona que se dedique a cualquier oficio, está ganando muchísimo. Él mismo apunta que un ganadero «puede ganar en torno a 1.500 o 2.000 euros bien». Nada que envidiarle a muchos graduados, aunque Pedro dice que eso depende de la visión que tenga cada uno: «A mí me gusta formarme y, de hecho, el año que viene igual sí que hago una carrera, Ingeniería Agrícola. Pero en cuanto a lo que es el sueldo y las condiciones de vida, creo que no hay nada que envidiar a los de un ciclo. Aun así, socialmente seguimos tirando un poco más de las carreras».

Pedro tiene una formación superior, pero en su empresa «hacen las cosas bien», señala, y siempre empiezan desde abajo. A día de hoy, desempeña labores de todo tipo: «En cuanto a lo que es propiamente ganadería tenemos tareas más bien agrícolas, de agricultura, de fincas… Y, después, nos ocupamos de lo principal, que es el bienestar de los animales, de lo que vivimos. Hay que hacer un poco de veterinario y otro poco de gestor. Al final, tienes que hacer muchas cosas dentro de un mismo puesto de trabajo, incluyendo las tareas rutinarias, como el ordeño, la comida y lo propio de una granja».

Él trabaja con vacas de leche. Las atiende en todas sus necesidades, desde que la vaca da a luz hasta la recría. «Las terneras pequeñas son el futuro de la explotación y nos centramos mucho en ellas y en su bienestar, porque lo que nosotros buscamos en esta ganadería es que los animales estén bien. Si el animal está bien y produce, a nosotros nos va a ir bien».

El día a día es intenso, apunta Pedro, que advierte que este trabajo «te encanta o lo odias», e indica que uno sabe a qué hora entra, pero no a la que se va. «Porque al final son seres vivos, y cuando menos te lo esperas te puede aparecer cualquier imprevisto y tienes que estar, y a lo mejor hacer una o dos horas más. Claro que también es un trabajo que te permite tener libertad para organizarte, y si un día tienes que irte un poco antes y te lo permite, puedes hacerlo».

El ganadero hace una jornada partida de ocho horas, en horario de 7 a 11 por la mañana y de 16 a 20 horas por la tarde. A mayores están esas necesidades que pueden surgir en el día a día, aunque valora la flexibilidad que le permite el trabajo. «Mi compañero y yo nos quedamos a darles de comer a los terneros al mediodía, nos turnamos para hacerlo, y así después uno puede venir más tarde».

DOS FINES DE SEMANA

Libra ocho días al mes, como cualquier trabajador estándar, aunque puede repartirlos como quiera, siempre y cuando el trabajo quede cubierto. «Como trabajamos dos fines de semana y otros dos libramos, yo suelo juntar los días para poder librar cuatro días seguidos e irme a Ourense, a casa». No es un trabajo tan físico como lo fue en otras épocas, añade, porque la tecnología lo ha ido modernizando, reduciendo esa carga.

Este es el primer empleo para Pedro, que dice que apenas cuatro meses después de empezar cobra «lo normal, entre 1.200 y 1.300 euros», e indica que «de ahí para arriba». Basta un poco de tiempo para promocionar. «Para una persona joven a la que le guste y que quiera aportar, es rápido subir».

Ahora mismo, él lo está aprendiendo todo. «No es que al empezar te contraten por la formación que tienes en sí, sino que empiezas desde abajo a aprender cómo funciona todo. Y con el tiempo, vas haciendo las labores que te corresponderían, pero cuando empiezas te tienes que adaptar hasta que asumes cosas con más responsabilidad», indica el ganadero, que asegura que en su sector se promociona con facilidad. «Yo a los tres meses ya había mejorado», señala Pedro, que apunta que cuenta mucho la actitud de la persona: «Hay gente y gente. A mí no me importa quedarme más tiempo si hay algo que hacer. Lo principal es que el animal esté bien, no sirve de nada que te tires aquí ocho horas y después haya un parto fuera de tu horario y a lo mejor pierdas un animal. Yo paso más horas aquí que con mi familia cuando estaba en Ourense».

Hacer lo contrario, indica, es pan para hoy y hambre para mañana: «Si el animal está bien, el ganadero va a estar bien también. No sirve de nada tener animales que produzcan muchísimo y que después tengas problemas y lo que estás ganando por un sitio, lo pierdas por otro».

Al trabajar en otra provincia, el joven optó por alquilar un piso en la zona de Melide. Una vivienda en la que vive solo y que asegura que paga sin dificultades: «El sueldo te da para poder vivir tú solo sin problema y para ahorrar». Un imposible para la mayoría de los que se inician en el mercado laboral, muchos abocados a compartir piso o a esperar hasta tener pareja y que esta también logre su propia nómina estable.

Los alquileres allí, comenta Pedro, actualmente suelen estar entre los 400 y los 500 euros. Él paga un poco menos, pero percibe que han subido bastante en los últimos años, como en el resto de Galicia. «Por aquí pasa el Camino de Santiago y supongo que influye el hecho de que haya pisos turísticos, porque los estudiantes lo tienen bastante difícil para encontrar alojamiento». Él no, y tampoco para pagarlo. Todo un lujo que puede permitirse a sus 19 años gracias a la ganadería.