Patricia Fernández, experta en orden doméstico: «La regla de los dos minutos es básica para mantener el orden»
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Conocida como «Patriwhitehouse» en Instagram, donde casi alcanza dos millones de seguidores, esta «influencer» se dedica a compartir consejos de limpieza y decoración
03 mar 2025 . Actualizado a las 12:41 h.Patricia Fernández empezó a compartir contenido en Instagram cuando su familia se acababa de convertir en numerosa. Su casa estaba recién reformada y pensó que la decoración que había escogido podría interesarle a alguien. «Mis seguidores fueron creciendo y como veían que mi casa no era muy grande, me preguntaban cómo nos organizábamos siendo tantos», señala. Así, empezó a dar trucos de orden, limpieza y hasta almacenaje.
Casi dos millones de seguidores después publica Organiza tu casa sin dramas (Libros Cúpula, 2025). Y destaca que un hogar desordenado puede ser un indicador de muchas cosas: «De que faltan rutinas, de que existe desigualdad a la hora de repartir tareas, de que hay altos niveles de estrés o cansancio». Así, el hogar es el reflejo de las emociones, de las situaciones y de la personalidad de quienes lo viven.
—¿Ordenado se nace o se hace?
—Creo que se hace. Totalmente. Es algo que todos somos capaces de ser. Al final, uno se hace ordenado porque aprende a serlo. No es un don. Es cierto que algunas personas tienden más a ello, pero cualquier persona puede conseguirlo a través de consejos, de sistemas de organización o de rutinas.
—¿Tendemos a la acumulación?
—Sí, totalmente. Además, la acumulación de cosas es la clave del desorden. Si tendemos a guardar con «el por si acaso», con el «me da pena», empezamos a perder un poco el control y el poder tener una casa ordenada. Sin embargo, también debemos entender que el desorden forma parte de la vida, y que a veces es inevitable, por lo que no nos tiene que hacer sentir mal ni culpables. Debemos ser realistas y aceptar que no todo va a estar siempre perfecto.
—¿Cuál es la regla más básica?
—Para mí, la regla de los dos minutos es muy importante, sobre todo, en la rutina diaria. Creo que es la base del orden para no perder el control, para que se mantenga a lo largo del tiempo. Consiste en que todo lo que ensucie y me lleve dos minutos o menos recogerlo, lo limpio al momento. Es una costumbre, una acción, que no nos quita apenas tiempo, porque hablo de la regla de los dos minutos, pero bien pueden ser la de los diez segundos. Por ejemplo, si me pruebo tres camisetas, pues doblo las dos que no me lleve y las guardo; no las dejo encima de la cama. Eso no me lleva nada, y creo que es la base del respeto hacia las personas con las que vivimos. Hay zonas comunes en las que estamos todos y que deben estar siempre recogidas.
—¿Qué cosa no puedes dejar sin hacer antes de salir de casa?
—La cama y ventilar la casa. Ya con eso tenemos el 80 % hecho casi. Se trata un poco de ponerse el piloto automático y hacer de ello una rutina. Igual que te lavas los dientes, lo mismo con la cama. Si es que al final, ni te das cuenta. No te lleva tanto tiempo.
—En el libro hablas del método Olé, que tú misma creaste, ¿cómo podría aplicarlo a mi salón?
—Ese método pretende conseguir que el espacio esté en armonía, ya sea un salón o la casa en general. Entonces, lo primero que tengo que hacer es organizar, que no es lo mismo que ordenar. Para organizar es necesario clasificar y depurar. Ver lo que no nos sirve, no funciona o lo que no queremos y deshacernos de ello. Con lo que hemos decidido quedarnos, pasamos a ordenarlo. Que cada cosa tenga su lugar. Para ello, podemos juntar los objetos similares asignándoles un lugar específico. Después, habrá que eliminar el ruido visual, lo que nos va a aportar a nuestra casa una sensación de paz, de limpieza, de orden. Para esto, los cestos o las cajas son fundamentales en mi caso, son esenciales para eliminar el ruido visual. Hay muchas cosas en casa que tenemos que no sabríamos cómo clasificarlas, ni tienen su sitio. Para estas cosas, podemos asignar un cesto. Lo siguiente sería la limpieza, que requiere establecer rutinas diarias y semanales, y por último, hacer equipo, que es lo que siempre suele costar. Todos los que viven en una casa deben participar en su cuidado.
—¿Qué es el ruido visual?
—Son todos esos elementos que, por así decirlo, nos provocan un estrés visual. Por ejemplo, un cargador de teléfono que está encima de un mueble, que no es ni bonito ni estético. Los mandos de la tele, el bote de gel, de champú y de mascarilla, que al final no crea ninguna armonía. Todo eso genera ruido visual.
—¿Cómo lo soluciono?
—Por seguir con el ejemplo de los champús y demás, para todo eso hay botes que son iguales, son rellenables y podemos conseguir una armonía mucho más bonita si todos son iguales. En el salón o en la habitación, vamos a quitar de en medio todos esos cargadores y cosas que no pintan nada en la decoración, pero que también deben tener su sitio. En ese caso, los guardamos en cestos o cajas para que el espacio esté liberado.
—En tu libro cuentas que si algo te ha permitido llevar al día todas las tareas de limpieza y orden ha sido tener la decoración justa pero bonita.
—Así es. Ahora, el minimalismo está muy de moda, pero para mí siempre ha sido un estilo de vida. Tener justo lo que necesito: casas muy despejadas, que me transmitieran paz, orden, tranquilidad y limpieza. Eso lo he conseguido teniendo los espacios muy ligeros de muebles. Siempre he buscado que los míos tuviesen el espacio justo necesario para las cosas que estoy utilizando. Antes, cuanto más almacenaje tuvieses, mejor. Pero, ¿para qué querer guardar siete vajillas o no sé cuántas revistas? ¿Para qué quieres acumular tantos si todo eso no lo vas a estar utilizando en tu día a día? Lo único que vas a conseguir es crear rincones difíciles de limpiar. Por eso digo que el minimalismo es una forma de vivir.
—¿Cómo consigo paz visual?
—Poniendo muebles de madera en colores un poco más oscuros y combinándolos con piezas principales, como un sofá, o los textiles, en colores neutros o más claros.
—Recomiendas no tener percheros en la entrada.
—Claro. Al final, ¿un perchero para qué nos sirve? Para acumular un abrigo sobre el otro. Para mí eso no tiene sentido porque aplicando la regla de los dos minutos, tardo diez segundos en cruzar la casa hasta mi habitación y colgarlo en el armario. Generan desorden y suciedad. Igual que los zapatos. No los dejes en el suelo, sino en el zapatero. Todas las cosas que nos hagan almacenar, acumular, hay que eliminarlas.
—Destacas la importancia de tener rutinas de limpieza diarias, semanales y hasta mensuales. Dime una de cada.
—La rutina diaria más importante para mí es la de ventilar y hacer la cama todos los días. También esa rutina de primera hora, de fregar la vajilla del desayuno y así ya no dejar el fregadero lleno. Cada uno puede limpiar el suyo y se tarda todavía menos. La rutina de noche también es importante. Hay que dedicarle unos diez minutos a recoger el salón antes de irte a la cama. Así te levantas con orden y con otra actitud. Y después, para mantener la limpieza, doy gracias por los robots aspiradores o las aspiradoras sin cable, porque te lo facilitan. Si queremos limpiar el polvo durante la semana, con un plumerito basta. Porque al final es un poco limpiar sobre limpio. Luego a la rutina semanal, si he podido mantener la diaria, le dedicaré unas tres horas en una casa como la mía de unos 80 metros. Aspirar, llegar a todos los rincones, fregar el suelo, pasar el polvo a lo mejor de otra forma. Yo, por ejemplo, durante la semana lo hago con un plumero de forma rápida, y luego para la rutina semanal, le paso una bayeta húmeda. Hacemos los baños a fondo también. Y luego estarían las rutinas mensuales, en las que podríamos repasar los cristales de las ventanas o dar la vuelta a los colchones, las trimestrales, las semestrales y las anuales.
—¿Cómo se puede dar una tarea a todos los miembros de la familia?
—Por edad daremos unos deberes diferentes a otros. Luego, también tenemos que enseñar. No tenemos tampoco que perder la confianza en que lo acaben haciendo porque, al final, ellos mismos comprobarán que todas esas rutinas y estos sistemas les van a funcionar. Como yo digo, siempre me he encargado de hacerlo todo hasta que dejé de hacer unas cosas para ponerme a hacer otras. Me quité cargas para sumarme a otras diferentes y claro, ¿cuál fue la clave? Pues no hacerlo. Mantenerse firme y pensar que si tu hijo quiere encontrar la camisa en el armario, que lo ordene él mismo.
—Así también se da ejemplo.
—Claro. Es algo que también importa, como la comunicación. Si está viendo que las cosas se hacen de una forma determinada, antes o después, acabará haciéndolo igual. Después, hay que dejar un tiempo de transición y valorar cuando lo hagan, decirle que han hecho bien.