La lucha de Hanan por ser libre: «La semana que llegué a Galicia me quité el pañuelo, hoy me acosan, me siguen, me hacen fotos»
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De adolescente, esta «sisi» de 25 años se mudó de Tánger a Barbanza. La suya fue una de las primeras familias marroquíes en llegar a Ribeira. Con 18, dejó los estudios para trabajar y poder independizarse. Lo hizo, hoy la acosan por ser libre
06 mar 2023 . Actualizado a las 19:01 h.Es fácil de contar y difícil de hacer. Hanan quiere ser Hanan, tener la libertad de trabajar, de vestirse a su gusto, de decidir, de construirse, de hacer un camino en el que las normas heredadas que no entiende no sean obstáculos ni piedras en los bolsillos. Hanan (Tánger, 1997) llegó hace diez años a Ribeira con su familia, que fue una de las primeras marroquíes en asentarse en Barbanza.
Ella tenía entonces 15 años y un deseo de ser libre que solía estrellarse contra un muro en su propia casa. Las normas eran estrictas en el hogar de la que hoy ve en los amigos la familia. «Muchas veces, la familia es la gente que vas conociendo después», piensa esta sisi de 25 años que trabaja en una fábrica por las noches y estudia el bachillerato por las tardes.
Los 15 años de Hanan no fueron un encierro típico de adolescente en su habitación, sino un gran salto, un salto que exigía madurar antes de tiempo. «Fuimos de los primeros marroquíes en llegar... Solo había dos o tres familias de mi país. La gente me miraba por la calle. Esa semana que llegué me quité el pañuelo», relata. El principio fue duro para ella, viniendo de una cultura tan diferente, sin conocer el idioma e inmersa en el islam.
Trabajar fue una salida
Para Hanan, fue despegar a otro mundo en la etapa más vulnerable. Volvió a nacer con 15 años. «Fue duro. Todo era muy diferente. Cuando vivía con mi familia, no podía salir con amigos, no podía ir sola a la playa... Es una familia religiosa; yo tenía que estar siempre con mi madre», cuenta. Su madre aceptó que se quitase el pañuelo, pero sus creencias y sus formas de vida las mantienen hoy en día distanciadas.
Ella se sintió diferente siempre, «ya cuando estaba en Marruecos». De niña fue transigiendo por no dar que hablar y por verse aceptada socialmente. Galicia fue liberador en este aspecto, supuso ampliar miras y abrir una ventana contra el viento. «Al llegar, vi que este era un mundo totalmente diferente. SI no entendía muchas cosas cuando estaba en Marruecos, menos aún entendí al llegar aquí sobre aquello... No entendía por qué no podía no tapar mi pelo o por qué no podía ir como yo quiero. Y cuando preguntaba tampoco sabían qué contestar... No me sentía viva. Yo solo quería ser una más aquí, no la rara», relata esta chica que pelea la libertad con esfuerzo.
Según los estudios recientes, tres cuartas partes de las personas desempleadas en Marruecos son mujeres. El 80 % de las marroquíes en edad de trabajar están fuera del mercado laboral. Para Hanan, el trabajo fue la salida. Gracias a su empleo, empezó a hacer amigos. Entre ellos, ocupa un lugar especial su pareja, con el que lleva cinco años de complicidad, amistad y ayuda en momentos difíciles. «Si estoy mal, antes lo llamo a él o a una amiga que a mis padres. Sé que mis amigos van a estar ahí. Con mis padres, la religión ha sido y es un muro», afirma. «Él está siempre en los momentos importantes, cuando lo necesito está», dice de su chico, gallego. «Yo nunca he salido con un hombre marroquí», añade.
Trabaja desde los 18, edad a la que dejó un ciclo de formación profesional para buscarse la vida y poder generar ingresos que le permitieran sostenerse. De esos primeros sueldos que ganó, fue escondiendo el dinero que cobraba para independizarse y «poder salir de ahí», de casa. Salió, y hoy vive, de alquiler, por su cuenta.
Un pilar en la familia
Hanan cuenta con un pilar fundamental en su familia de sangre, un tío que es hermano de su madre, «que lo pasó muy mal cuando le contó a la familia que era gay». Ese tío-amigo vive hoy en Alicante con su pareja y en ocasiones viene a visitarla a Galicia. «Él siempre está ahí. De él sí puedo decir que es mi familia», valora. Hanan fue una sola vez a verle a él a Levante. «No me gustó mucho Alicante, me gusta más Galicia», declara.
Hanan compagina el trabajo y los estudios para «ver si en el futuro» puede tener «un trabajo mejor». No está sola, aunque nadar contra la corriente cueste más unas veces que otras. Sus amigos despejan el desarraigo, que es muchas veces el coste de conquistar la propia libertad, el precio de ser la persona que una quiere ser, de no dar el destino por escrito. Ella ha decidido escribir por sí misma cada capítulo de su historia.
Independizarse fue «como volver a nacer», cuenta. Al dejar su hogar, Hanan empezó a hacer todo eso que en casa solo hacía su padre. «Las mujeres no hacíamos nada. Supongo que depende de cada familia, pero donde me crie no está bien visto que una mujer trabaje», manifiesta.
Su tío, su chico, y tres amigas (una de A Coruña y otras dos de Boiro y de Ribeira) la ayudan a seguir, a no darse por vencida.
A Galicia se ha ido acostumbrando. Le gusta mucho «cómo es, el paisaje, la naturaleza». «La parte de abajo de España me recuerda a Marruecos. Esto es muy diferente. Lo que más me gusta de aquí es el paisaje, las playas... El Vilar es de las más bonitas», dice.
«Me acostumbré tanto a la playa, a tenerla aquí al lado y poder ir andando... Esto es una maravilla. Eso sí, el agua está muy fría y eso no me gusta mucho», rebaja. ¿Qué tal con los gallegos, la acogen? «Depende, pero en general bien. Antes pensaba que todo el mundo es bueno, pero te vas dando cuenta de que no».
El miedo es familiar para ella, a veces lo siente merodeando muy cerca. Hanan no lo rehúye, no lo tapa, lo mira de frente, con toda la dimensión real con que se manifiesta. Su sensación de seguridad, dice, era mayor hace unos años. Actualmente, «algunos marroquíes me acosan, me siguen, me hacen fotos y se las mandan a mi familia», denuncia. Y, si no acude a la Policía, explica, es por no tener pruebas o la manera de demostrar ese acoso.
En la adolescencia Hanan empezó a preguntarse quién era. A sus 25 años, no duda que la libertad es su bandera, un trabajo que se hace día a día.