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Yo estoy mejor

YES

MABEL RODRÍGUEZ

22 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La tómbola del calendario vacunal ha provocado el encuentro de generaciones como nunca antes en la historia. Cientos de personas de la misma quinta haciendo cola a la espera del pinchazo. Un espejo inesperado para escrutar cómo el tiempo actúa sobre los cuerpos de personas que llevan sobre la tierra los mismos años que tú. La conclusión general confirma que pocos se reconocen en el señor de edad respetable que avanza hacia la aguja. Ese baile descomunal de gemelos se ha convertido en una puñeta para todos los que andan por el extrarradio que conduce a la vejez, una evidencia, amigos, de que eso de que los cincuenta son los nuevos treinta es una pendejada.

La confusión ha saltado a los rótulos de las televisiones que no saben cómo denominar a un tipo al que le quedan tres ciclogénesis explosivas para cumplir los sesenta. Los más insolentes, le han cascado el apelativo de anciano a un señor de entre 50 y 59 años, lo que agotaría cualquier intento de definir a uno de ochenta. En realidad la noticia no la publicó el As, como se dijo, si no un manipulador de titulares que aprovechó el patatús general de los maduros para los que Todo Esto también ha sido un bofetón de realidad. Se olfatea el aroma de la condescendencia y eso no mola, queridos.

Esa percepción de juventud que le asalta a un cincuentón al que le dolió mucho menos la AstraZeneca que la punzada de la vejez inminente ha sido escrutada por la ciencia. De hecho, cuanto más alta es la edad cronológica más se despega de la subjetiva, en una cuenta que tiene el sentido inverso de la que hacen los adolescentes, convencidos de que el crío que indica su calendario es un todo un tipo.