Irene Escolar: «Vivo la vida intensamente, pero soy algo miedosa»

Heredera de una saga de artistas, los Gutiérrez Caba, lleva en la sangre su amor por la interpretación. En su casa no contemplaban otro futuro, aunque «me decían que era muy pesada, que parara, que ya llegaría mi momento». Después de un Goya, ahora se estrena ante el gran público con «Dime quién soy»


Llevaba tiempo reservándose, esperando por un proyecto especial con el que estrenarse a lo grande en televisión, y por fin ha llegado. El personaje de Amelia Garayoa, la protagonista de Dime quién soy, la novela de Julia Navarro que Movistar ha convertido en serie, la cautivó desde el primer instante. La valentía y la intensidad con la que vive la vida la absorbieron durante casi doce meses. Irene Escolar (Madrid, 1988) también le pone intensidad a la vida, pero confiesa que es más miedosa. Donde no tiene dudas, es en cómo quiere enfocar su carrera, que ha ido forjando despacio pero de manera impecable. Ya apenas les consulta a sus padres, sus dos guías, que siempre le han puesto los pies en el suelo. Ha avanzado con la guitarra, pero sobre todo, ha aprendido a relativizar.

-Si Julia Navarro, que no era muy partidaria de llevar su novela a la pantalla, ha dado su visto bueno, puedes respirar tranquila ¿no?

-Sí, Julia ha sido una mujer muy exigente y muy respetuosa con su obra y con sus lectores. No se ha querido vender en ningún momento a nada. Eso habla, por supuesto, muy bien de ella, pero también del respeto que tiene a su profesión y a sus seguidores. Ha tenido otras oportunidades, porque si no me equivoco, una productora americana grande quiso comprarle los derechos y ella ha sido muy fiel a que la historia se contara bien: que fuera una actriz española la que hiciera el personaje de una mujer española. Siempre ha estado muy pendiente de todo, con los guiones, con las decisiones, y cuando ya vio que las cosas iban por el camino que tenían que ir, nos dejó total libertad. Ahora mismo, está feliz. Y te lo digo, porque no paro de escucharla y es una mujer muy sincera.

-Dices que es el trabajo que más te ha marcado, ¿sale una Irene distinta?

-Ha sido una experiencia muy importante, no sé si es el que más me ha marcado, porque a lo largo de mi carrera afortunadamente, he tenido muchos trabajos que siento que me han dejado un poso y me han transformado. En este caso, lo que sí que encuentro importante para mí, es que yo llevaba mucho tiempo haciendo teatro, reservando y aprendiendo para cuando llegara una oportunidad en la que poder abarcar algo así, que no deja de ser llevar todo el peso de un proyecto a tus espaldas. Esa oportunidad no acababa de llegar, o la que yo me imaginaba o la que me apetecía, y de pronto llega esta, y es una manera de que mucha gente, que no conoce mi trabajo, porque el teatro es un lugar muy reducido, se acerque a él. Y a mí me encanta que lo conozca.

-Si pudieras elegir una cualidad de Amelia, ¿qué elegirías?

-Su capacidad para vivir tan intensamente y su valentía.

-¿Tú también eres de ponerle intensidad a la vida?

-Sí, yo vivo la vida muy intensamente solo que soy más miedosa. Ella lo hace desde un lugar más valiente, sin miedo a las consecuencias, y yo en ese sentido soy más reflexiva.

-¿No arriesgas?

-Sí, lo intento y me gusta arriesgar, pero ella lo hace de una manera más salvaje, menos controlada. Yo sí siento que tomo decisiones que me cuesta mucho procesar a veces, que le doy muchas vueltas, hay más control. Ella tiene una intuición y la sigue, va a por ello sin cuestionarse nada, aunque ponga en peligro a gente... Quizás con un punto más de egoísmo, por eso me parece un personaje interesante, muy poliédrico. Yo no quería retratar a una heroína ni a una mujer perfecta, es alguien que comete muchos errores, que se equivoca, y que tiene grandes imperfecciones como todo ser humano.

-Pero aun así, atrapa.

-Esa era la dificultad, que tuviera el magnetismo, que te quedaras con ella... Yo pensaba: «Es que si la gente no se engancha a esta mujer...». Toda la serie está contada a través de mi mirada, por lo tanto, si no consigo esto, pues... Había un punto, no una responsabilidad que me haya marcado para mal, pero sí una toma de conciencia muy fuerte. Durante los ocho meses de rodaje y tres de preparación, aparté mi vida y me dediqué en exclusiva a esto.

-De algún modo, salvando las distancias, ¿Amelia representaba el 8-M de los años 30?

-Le he dado muchas vueltas, y también lo he hablado mucho con Julia, y yo creo que las mujeres vienen desde hace mucho tiempo allanando el terreno para que este momento de explosión que estamos viviendo ahora sea posible. Aprendí que hubo muchas mujeres, sobre todo durante la Segunda República, que tomaron la decisión de abandonar aquello para lo que estaban predestinadas para buscar su propio camino y tomar las decisiones que quisieran. Hay un documental que se llama Las Sinsombrero que habla de un montón de mujeres, para mí hasta ese momento desconocidas, con carreras brillantes, con oportunidades brillantes, pero claro, si esas historias no se cuentan, no existen.

-Dice Amelia que la familia no siempre es lo primero, ¿qué opinas?

-[Risas]. Supongo que depende de dónde cada uno ponga sus prioridades. Yo creo que la familia, depende de lo que se considere, porque igual a uno la familia no le ha hecho bien y se arma su propia familia... Lo importante son los vínculos sanos que uno genere más allá del vínculo de sangre. Ella toma otras decisiones, pero yo creo que es lo que no hay que abandonar.

No sabía ni leer pero yo ya quería hacer de perro sobre el escenario”

 

-Decías que llevabas un tiempo esperando algo especial para hacer televisión. ¿Cuándo supiste que era este?

-Hay varias cosas, primero hacer una serie con Movistar siempre es sinónimo de calidad, luego el resultado puede ser mejor o peor como en cualquier proceso creativo, pero hay un cuidado, una atención, y sobre todo, la historia y el personaje. Era profundamente rico y divertido, tenía millones de cosas para trabajar. Por último, la incorporación de Eduard Cortés al proyecto, es un hombre con muchísima experiencia, de una sensibilidad y una inteligencia brutal, que ha sido mi aliado durante todos estos meses, y del cual he aprendido mucho y hemos podido hacer un bello proceso creativo. Prácticamente todos los días de rodaje fueron placenteros y estamos hablando de muchísimos días. Sumado a aprender ruso y alemán, a trabajar con actores de otros países todos los días, por la mañana italianos, por la tarde polacos... Era tan divertido, tan apasionante, tan enriquecedor que no me costó mucho, por no decir nada, cuando se decidieron por mí, aceptar esta propuesta.

-Cuando uno asume el reto en primera persona, ¿asusta la responsabilidad?

-Sí, al principio asusta, luego yo intento ser bastante sana y creo que el trabajo de un actor depende de muchos otros factores, de la fotografía, del director, de cómo estés acompañada... Yo lo que sí sentía es que tenía la responsabilidad de hacer con el material que había, lo mejor que pudiera. Intenté aparcar la responsabilidad de llevar el peso para trabajar, centrarme mucho en lo concreto. Intenté ser todo lo fuerte que pude y no dejarme llevar por eso.

-Igual a partir de aquí, llegan más ofertas de televisión. ¿Es una puerta que no quieres abrir por si es difícil salir?

-Yo no espero nada, porque me han pasado cosas maravillosas en mi vida profesional de las que me siento muy orgullosa y agradecida, pero al final siempre lo que te salva es el trabajo, el arte, y la dedicación a lo que tú haces de manera artesanal casi, por eso el teatro te da mucha tierra. Ningún proyecto te cambia la vida, lo que te cambia es cómo tú te acerques, qué inquietudes tengas, qué ganas tengas de seguir planteándote qué tipo de artista quieres ser o hacia dónde quieres ir. Si me llegan más ofertas, yo las voy a recibir como siempre muy agradecida, porque creo que será un lujo y un gusto. Si soy muy sincera, prefiero no esperar nada. Es lo más sano.

-¿Te has arrepentido alguna vez de rechazar algún proyecto?

-No, en realidad siempre he intentado seguir mi intuición en lo que quería y hacia donde quería ir, y he tenido mucha suerte.

-Has ido despacio pero muy segura. ¿Le das muchas vueltas a lo que haces?

-Eso es que he tenido mucha suerte porque he estado rodeada de una familia que lleva muchas generaciones dedicándose a esto. He estado muy bien aconsejada.

-¿Les consultas?

-Muchas veces sí, cada vez menos, pero sí. Mis padres han sido dos grandes guías para mí en muchas cosas, me han puesto siempre los pies en la tierra, y echando la vista atrás, ahora agradezco los consejos que me han dado. En este sentido, también he tenido mucha suerte. Y es la mejor parte de todo esto, te da otro tipo de conciencia de tu profesión.

-He leído que con cada estreno tu tía Julia te manda un ramo de flores y un dibujo. ¿Qué te ha mandado en esta ocasión?

-Mi tía Julia es una pintora estupenda, hacía Bellas Artes y le encanta, luego se dedicó a la interpretación, pero pinta muy bien. Sabe que a mí me gusta mucho eso, y siempre me manda una tarjetita con algún detalle que le he contado de los ensayos o del proceso. Cuando llegan los estrenos, lo espero mucho, siempre tengo ganas de saber qué me ha hecho. Pero es con los estrenos de teatro, que son los estrenos de verdad, porque al final tienen que ver con el presente, con que esa noche lo haces, pero en realidad este estreno, lo estoy viviendo con alegría, pero no estoy nerviosa.

-A ti el teatro te quema la sangre, ¿con la tele se desinfla esa sensación?

-No, ni mucho menos. Son sensaciones diferentes. La adrenalina que uno siente cuando tiene al público delante, y todas las posibilidades de que ocurra cualquier cosa, el peligro es muy grande. Lo que pasa cuando estás grabando es algo mágico, tiene que ver con la adrenalina también, pero es algo más como espiritual, sacro, sabes que si pasa algo hay una salvación. Es la gran diferencia, pero sigue siendo muy mágico, y sigue habiendo algo dentro de ti que se activa.

-En tu caso no es eso de cómo se tomaron tus padres que quisieras ser actriz, sino todo lo contrario. ¿Contemplaban otra alternativa?

-La verdad es que no, nunca se contempló otra cosa. Desde muy pequeña era muy evidente que era así.

-Con 9 años debutaste, ¿qué te decían en el cole? ¿Lo sabían?

-Claro que se enteraban, yo montaba funciones en el colegio, mi grupo de amigas que ninguna tenía nada que ver con esto, y que sigue siendo mi grupo de amigas aún ahora, el nuevo mundo que yo les abría o les enseñaba, era muy rico y muy apetecible. Las liaba siempre para hacer funciones de teatro, las dirigía, las montaba, traía ropa...

-No sabías ni leer, y decías: «Pues hago de perro».

-Sí, sí. [Risas]. Eso es verdad, estaba obsesionada con estar ahí y no sabía cómo, porque no paraban de decirme que era una pesada, que lo dejara, que ya llegaría el momento. Aunque es totalmente simbólico, es muy gracioso, lo de pensar que quisiera hacer de perro. Ahora que lo pienso, tiene mucha simbología y tiene que ver con el juego, que creo que no se debe perder nunca en esta profesión. La capacidad de imaginar, de crear, y de no tener miedo a jugar.

-Más allá de que a ti te gustara, lo tenías todo a tu alrededor para ser actriz.

-Luego las cosas pueden ser o no, pero sí que es cierto que mi entorno me favorecía.

-¿Es cierto que el Goya anda suelto por casa?

-Noooo. Lo tengo en casa de mi madre. Está en una estantería en la entrada.

-Acaba de empezar el 2021, pero ¿qué ha sido lo mejor del 2020?

-El aprendizaje, muchas veces cuando tocas fondo en algo sea de la manera que sea, aunque es muy doloroso y muy duro, luego lo que sale es más humilde, está más conectado con uno, te has planteado más cosas, has visto lo que puedes perder, te has dado cuenta de lo que tienes. Creo que ese aprendizaje es un antes y un después.

-¿Te ha cambiado lo que hemos vivido?

-Sí, me ha cambiado mucho. He aprendido a relativizar mucho las cosas y sobre todo después de haber pasado un poco de susto con esto del covid, y a dar muchas más gracias por cosas que damos por sentadas, no hay que dar nada por sentado. Hay que cuidar la salud física, la mental, uno da por hecho que se levanta de la cama y está bien, y no hay que darlo nunca por hecho. Lo primero que hay que pensar es: «Qué gusto, qué bien, estoy sano, vamos a ver qué nos depara la vida en otro sentido», pero lo más importante ya es eso.

-Has aprovechado para darle a la guitarra.

-Sí, estoy en ello, es mi tarea pendiente, la música, me encanta. En el confinamiento di clases de guitarra, continué con ellas mucho más seguido.

-Eres la sexta Irene de la familia, ¿hay opciones de una séptima Irene?

-Ojalá que sí, no lo sé todavía pero me encantaría mantener la tradición.

-¿Si tuvieras una hija, no descartarías el nombre?

-No, no lo descartaría, me parece muy bonito, es como tener a tu familia, a tus raíces, presentes, y en este caso para mí... es algo tan hermoso como para mí el arte, pues que me encanta recordarlo.

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