«Nos dijeron que sería un milagro»

En plena pandemia, con todo en contra, 600 gramos de peso y 23 semanas de gestación y seis días, llegaron Hugo y Valeria. El pequeño se saltó el límite de la vida y llegó tras cinco embarazos de Paula. «Cuando nació, era transparente», dice su padre. Tres días después falleció Valeria, su melliza. Hace un año habían perdido a los gemelos


Con la mirada siempre tras la voz de su madre, sus mofletes se agitan al ritmo de un chupete bailarín que va indicando que la hora de comer no debe retrasarse mucho más. Nadie diría ahora que su primer biberón fue un diminuto bastoncillo de algodón empapado en leche. «Cuando nació, era transparente», describe su padre. Hugo y Valeria llegaron cuando solo llevaban 23 semanas y 6 días en el vientre de Paula. Ni el covid acechando fuera paró la vida abriéndose paso.

«Nos dijeron que sería un milagro», recuerda del 20 de abril del 2020 en el que llegó sola a un hospital desértico para un control y le dijeron que estaba de parto. No les tocaba nacer hasta el 13 de agosto, pero lo hicieron el 23 de abril. En el límite de la viabilidad, como dicen los médicos que, en el Teresa Herrera de A Coruña, los ayudaron a llegar a un mundo que entonces se encerraba encogido ante la amenaza. Ocurrió en pleno pico de una pandemia a la que el deseo real, un instinto cruzado de cicatrices, se enfrentó con el tesón del que solo es capaz una madre. «Era mi quinto embarazo», explica Paula Viqueira. «Nos dijeron que sería un milagro», repite Jose Ramón Guerra de aquellos días en los que solo querían que pasasen más horas antes de oír el primer llanto. El milagro va camino de cumplir siete meses -tres de edad corregida-, se llama Hugo y pesa ahora 4.650 gramos, 4 kilos y 50 gramos más de los que tenía al nacer.

PÉRDIDAS REPETIDAS

Hasta que las pruebas dieron negativo, las escafandras del covid disfrazaban todavía de mayor incredulidad lo que de repente les estaba ocurriendo. Otra vez. Un año antes, y a las 19 semanas de embarazo, habían perdido a sus gemelos. Sucedió poco después de la muerte del abuelo, de modo que «de repente no tenía nada, ni a mi padre, ni a mis niños», recuerda Paula.

Juntos desde los 16, aquello golpeó a la pareja de nuevo en su camino de ilusiones truncadas. «Nunca tuvimos problemas para embarazarnos, pero no iban adelante», resumen. Probaron de todo: la selección de embriones, la sanidad pública, la privada, «con los ciclos de hormonas, con todo el desgaste emocional, y económico también, ¡no me aguantaba ni yo!», dice Paula. A punto ya de rendirse, les hablaron de Juana Crespo, en Valencia. Y allá se fueron. «En la primera consulta ya me dijo que si no me operaba nunca conseguiría que un embarazo saliese adelante, que era como plantar una semilla en el desierto: germinaría, pero se secaría». Así que lo hizo. Dos veces pasó por el quirófano y, aun así, el quinto intento volvía a precipitarse.

Con el coronavirus rondando, 72 horas lograron retrasar la llegada de sus mellizos. «Fueron tres días horribles», resumen. Por su edad gestacional, «se cuentan con los dedos de una mano los que salen adelante, y pensar en las secuelas... estuvimos desesperados», explican sobre la razón de contarlo: «Si alguien pasa por esto, que se sienta con más esperanzas».

A pesar de todas las medidas covid, Hugo y Valeria «nacieron rodeados de cariño, me sentí arropada y segura», insiste Paula. «Aquello parecía la feria, llegué a contar 16 personas en el paritorio», bromea Jose de los tres equipos reunidos para atender el alumbramiento. Entre las prisas por llegar de los pequeños y el miedo real «a que no naciesen vivos después de lo que nos había pasado», explica la madre, ni siquiera habían pensado cómo llamarlos. Sus primeros nombres fueron Primer Gemelo y Segundo Gemelo. Así rezaba en el cartel de las incubadoras. «No se lo habíamos dicho ni a las abuelas», apunta.

La alegría, aún contenida por la inmadurez de los peques, pronto se rompió. Tres días después, una llamada de madrugada: Valeria había sufrido una apnea demasiado fuerte para sus 580 gramos de vida. El límite de la viabilidad se precipitó para ella hacia el otro lado. «Sus venitas eran como de cristal, tuvo un derrame cerebral», lamentan. «Sabíamos que podía ocurrir, pero cuando nacen y ya los ves... Paula no podía dejar de llorar», trata de explicar Jose, que baja la mirada al recordar el momento de «tener que hablar con la funeraria pensando que en cualquier momento, a lo mejor al día siguiente, tenía que volver».

Se despidieron de Valeria sin dejar de velar cada respiración de Hugo, tantas veces interrumpida en unos pulmones que «eran solo ganglios». Así, se fueron sucediendo los sobresaltos, y también los días. «Alguna vez casi me tienen que reanimar a mí», reconoce Paula recordando las veces en que la frecuencia bajaba al límite.

Contaba Hugo alrededor con muchas manos dispuestas a auparlo. «Estuvimos 15 días solos en la uci, estaban todos para Hugo, ya no sabían qué hacerle», agradecen los padres. «Nos advirtieron que teníamos para largo, y yo pensé ‘lo malo es que me digas que nos podemos ir’». No pudieron cogerlo en brazos hasta las tres semanas, de modo que el día que le dijeron «hoy haces de canguro» no se lo creía. Y así, entre susto y respiro, 97 días después salió del hospital con 2.200 gramos de peso. «Casi no se le veía en la maxicosi, sobraba por todas partes, pero por fin entramos dos y salimos tres».

Confiesa que cuando llegó a casa «me vine abajo por la niña.. Tenía que estar ahora con los dos», pero busca ayuda y mira a Hugo. «Su médico dice que es como una pescadilla, siempre sale para adelante, siempre rozando el límite, pero se escabulle», sonríe Paula. Así lo ha hecho, hasta ahora, de las muchas secuelas que se temían como gran prematuro que es, una condición que, casualidades, sus padres llevaban ligada a su pequeña gran historia de amor desde el comienzo. «¿Sabes que día empezamos a salir Jose y yo? -dice- Fue el 17 de noviembre del 93, el día del prematuro».

Jesús Fuentes, neonatólogo: «No límite da viabilidade, os pais teñen moito que dicir»

ROSA D. SEOANE

En neonatos do materno coruñés non tratan só de acadar que a vida, cando nace mínima, siga. Facelo sen a condena de secuelas insuperables é o traballo de cada día dun equipo que comparte o seu labor coas familias. «Os pais non son visitas», di o doutor

O retrato que máis lle gusta del é unha caricatura que lle regalaron os amigos. Nela, Jesús Fuentes Carballal (Ames, 1972) aparece vestido de verde quirófano co vehículo que máis o representa: unha incubadora. Ese é o medio de transporte cara a vida que el manexa a diario. Fíxose médico na Universidade de Santiago e pediatra no Chuac da Coruña, onde exerce dende o 2003 cun paréntese no Arquitecto Marcide de Ferrol como médico adxunto na unidade de neonatoloxía do Hospital Teresa Herrera.

 

 -Cando falan do límite da viabilidade en grandes prematuros coma Hugo, a que se refiren?

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