De «glamping» a los 80 por primera vez

El cámping en tienda safari ha unido aún más a estas cuñadas con 50 años de amistad. Compartieron tienda 24 días en A Lagoa, en Valdoviño, «pero por nós aínda botabamos máis!»


Llevan tan buen paso que, al andar, se les caen preocupaciones y gramos de edad. Al mal tiempo Dolores y Josefina le echaron ganas y una tienda de campaña con glamur. Con voluntad, puerta con puerta, estas cuñadas y amigas han cocinado felizmente 50 años de convivencia en As Pontes. En verano compartieron experiencia glamping por primera vez. Con mascarillas (aunque no salgan en esta foto) y con un sentido natural del confort. Acamparon muy cerquita de la playa de A Frouxeira, en la parte del lago, ¡la tienda safari venía puesta ya en el cámping de A Lagoa! Pero el arenal pudieron disfrutarlo más bien poco, porque el rabudo del tiempo se puso del revés. Tampoco son ellas de pasmar al sol. «Viñan catro días de vento e un de chuvia, pero pasámolo moi ben», dice Dolores, que volvería a repetir otra vez. ¿El próximo verano? «A ver...».

A sus 80 años, este agosto descubrió el cámping, porque antes no le cuadró. «Non fun de nova e vou agora de vella, mira ti.. Foi a primeira vez e estaba encantada. O único malo foi que se nos acabou o tempo en 24 días e tivemos que volver», lamenta.

La idea de irse de cámping surgió sin premeditación, fue una sugerencia familiar. Y se lanzaron las dos. Fue la hija de Dolores quien le propuso desconectar unos días e irse a Valdoviño, como hacían veranos atrás. «Nós sempre fomos aí á praia. Saía un coche para o Valdoviño e a miña filla díxome: ‘Aproveitamos e buscamos un bo sitio alí para que quedes’. Cando mo dixo, andaba por alí a miña cuñada, achegouse e dixo: ‘Ai, pois vou eu ir tamén!’», cuenta Dolores sobre su compañera de «safari» en A Lagoa, Josefina. Si se van juntas de vacaciones 24 días, es que saben que se llevan bien, que no va a haber conflicto, entiendo, les digo. «Podes entender, si... ! Levamos 50 anos vivindo xuntas. Dise pronto. Vivindo xuntas non!, que vive cada unha na súa casa..., xuntas porta con porta. A nosa relación sempre foi moi boa. Desde que nos coñecemos», asegura Dolores.

«COMODIDADE, TODA»

Esta no fue la primera experiencia de cámping para Josefina, de 73 años, que cuenta que se sintió en A Lagoa como en casa. «Estivemos moi cómodas, moi bromeadoras, tamén porque no glamping déronnos confianza, claro», valora la cuñada más joven de este tándem de oro con buen pie.

Josefina le cogió el gusto al cámping con su marido y sus hijas cuando ellas eran pequeñas. Fue su plan de verano durante cuatro años, recuerda, pero de acampada en estilo menos sofisticado, sin cama bien plantada ni terraza de aire chill out, sin wifi, sin servicio de lavandería y de comida para llevar, sin cafetera Nespresso: «Daquela, cando as miñas fillas eran nenas, iamos de tenda a Valdoviño tamén. Iamos cun irmán meu, a muller e a súa filla, pero menos tempo. Este ano foi a primeira proba de ir ao safari da Lagoa e quedamos contentas! Tamén somos máis vellas... Estivemos moi cómodas. Se queriamos comer fóra, comiamos fóra, e se non tiñamos cociña. Tiñamos a comodidade toda».

No dudan en «vender» los encantos de su tienda, que tenía, detallan, una habitación con cama grande y otra con literas, cocina eléctrica con fregadero, un amplio cuarto de baño y mesa de comedor.

El covid las obligó a disfrutarlo casi todo detrás de la mascarilla y a guardar las distancias, pero no las privó del todo de la nueva conversación. Tuvieron relación con otros usuarios del cámping. «Había noutra tenda uns que eran galegos tamén, el de Ferrol e a muller de Narón, e que viviron 50 anos en Francia. Collemos amizade con eles e o día antes de marchar viñéronse despedir de nosoutras», relata Josefina, que coincide en pegas, en un único pero, con su cuñada.

«O único pero foi que agosto veu moi malo, o que máis nos prexudicaba foi o vento. Despois de repente viña un día grande de sol e non se movía unha folla! E ao seguinte xa outra vez vento ou chovendo...», recuerda como sin acabarlo de creer.

DE MENÚ, PASEO

Pero ninguna excusa les detuvo el paso. Una nieta de Josefina de 12 años pasó unos días con ellas en el cámping. «E dicía: ¡Es que no hacéis más que andar, andar, andar!, jajajaja. Ai, non, non. A nós non nos para a auga, o vento nin nada...».

Por algo los psicólogos recomiendan «el paseo del abuelo» contra la ansiedad. El menú diario de Dolores y Josefina en sus primeras vacaciones de glamping incluyó poco plato y mucho zapato. Antes de comer, cuentan, iban cada día caminando hasta la que llaman la playa pequeña, A Frouxeira. «E despois, claro, tiñamos que volver! Pero pola tarde volviamos outra vez a dar o paseo», afirma Josefina. Caminaban casi tres kilómetros por la mañana y otros «dous e algo» por la tarde. «Non iamos a un paso largo. Iamos ao noso paso, pero colliamos o aire, e se facía un pouco de sol tamén o colliamos», explica.

«Se non fose polos cartos, repetiamos mañá!». En el cámping no extrañaron nada de casa, ni el sueño, y solo les sobró un poco de viento.

Aunque llevan viviendo al lado la una de la otra medio siglo, esta es la primera vez que se hacen juntas una escapada tan larga. Cuando aún vivía el marido de Dolores, cuenta su cuñada, fueron alguna vez de excursión o de viaje una semana. «Pero tanto como esta vez ningunha».

Josefina, de rayas, y Dolores, con muchas flores (en la foto, ante la tienda safari que compartieron en el cámping de A Lagoa) no son de discutir. «Ás veces as nosas cousas temos... pero despois quedamos igual. Non vamos ser sempre da mesma idea!», razona Josefina. Lo confirman 50 años de amistad y 24 días de convivencia en modo glamping, que seguro que serán más.

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