El bolso de Isabel


Buscan los medios españoles al rey emérito por el planeta como si Juan Carlos I se hubiese enfundado una camiseta de rayas rojas y anduviese camuflado por algún país muy, muy lejano. Pero mientras no llegan noticias de Gurb, el asunto pasa por interpretar cada uno de los gestos del jefe del Estado y su familia como si fuesen una complicada partitura de Stravinsky cuyos secretos se nos escapan a los sencillos mortales que como mayor muestra de sofisticación nos limitamos a renegar de un reguetón.

Como los reyes no responden a preguntas, el juego estos días pasa por escrutar cada gesto, cazar un ademán que ofrezca información detallada de lo que se está ventilando en palacio. El martes los ojos se fijaron en el vestido de la infanta Leonor y en la camisa de Felipe VI. El rey y su heredera parecían compartir gama de verdes, una apuesta cromática que apenas daría para un pie de foto en el Hola!, aunque el Hola! sea hoy un boletín real que hay que estudiar con el mismo rigor acobardado con el que empuñamos el BOE durante Pandemia. El insignificante detalle de la vestimenta real parece que escondía mucho mensaje, pues es el verde el color más borbónico que existe al coincidir su denominación con un acrónimo: Viva el rey de España.

Los cronistas monárquicos sitúan el origen de este juego en el siglo XIX, al imponerse el verde entre los partidarios del rey que tiraron de código secreto para distinguirse en una sociedad en la que ya existían serias tensiones republicanas.

No sabremos si el martes por la mañana Felipe VI y su hija entraron en el vestidor con el debate dinástico en las manos, pero del hechizo de los códigos secretos se alimentan mucho reyes y princesas.

Uno de los más escrutados es el que reside en el bolso de Isabel II desvelado hace un tiempo por Hugo Vickers, historiador y experto en la familia real británica que en una entrevista a la revista People desentrañó el código de Hammurabi que permite a los asistentes de la reina entender qué es lo que quiere sin romper el tieso protocolo marca de la casa. Podrían simplemente hablar pero la magia es mucho más regia y conjura el riesgo que siempre entrañan las palabras, artefactos como se sabe de naturaleza sustancialmente peligrosa que a la mínima montan una revolución. Según Vickers, si Isabel II se cambia el bolso de mano es que reclama que finalice una conversación y si lo deja encima de una mesa es que quiere marcharse. Habría una tercera seña en este mus real que supongo que siempre es a la grande: con un discreto giro de su alianza, la reina de Inglaterra le comunica al servicio que quiere cambiar de conversación. Qué difícil ser reina de Inglaterra.

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