César Bona: «Los chavales necesitan una llamada de sus profes, no fichas»

La situación actual está evidenciando los descosidos del sistema, dice este profesor, que pregunta: «¿Qué pasa si no ponemos un número ahora, no vale para nada lo aprendido?». Le gustaría que sirviera como punto de inflexión, pero teme que la inercia se impondrá en septiembre. «No podemos hacer que no pasó nada»


Quiere desbordar el río de la educación, que el caudal salpique herramientas trascendentales en la vida: la salud, el respeto a uno mismo, a los demás y al medio ambiente, las emociones... que como se dan por básicas, apenas hay tiempo para tratar. Sin embargo, hasta a César Bona le cuesta, aunque sea sin intención, no volver al cauce de los contenidos. Nos invita a reflexionar sobre el sistema actual, a él le gustaría que este parón fuera un punto de inflexión, pero se teme que la inercia y la presión se antepondrán al cambio que desea: la humanización de la educación.

-Dadas las circunstancias excepcionales, ¿eres partidario de que haya tercer trimestre o no?

-Ahora a los adultos se nos vienen muchas preguntas sobre niños y adolescentes. Muchas veces son las mismas esperando respuestas diferentes. Lo que tenemos que hacer es cambiar las preguntas. Sin embargo, un periodista me decía: ‘Siendo prácticos, ¿con cuántos suspensos pasarías a un niño?‘. Y yo pensaba: ‘Si eso es la practicidad en educación, me bajo’. Siendo práctico lo que hay que hacer es cambiar todo el sistema en el que estamos ahora mismo, y no es una utopía. Lo que tenemos que hacer es tomar esto con perspectiva, ver qué sistema tenemos, qué funciona bien y qué no. Esta situación tan excepcional está desvelando los descosidos: dependencia de las notas a las que estamos atados, ¿si no se pone un número ahora mismo no sirve de nada lo aprendido hasta ahora? No, bastaría con una frase: ‘Lo ha hecho bien hasta ahora y lo va a hacer bien a partir de ahora‘. También desvela la presión brutal de contenidos en la que viven los niños, las familias y los docentes.

-Cierto, pero llevamos un mes con el mismo debate.

-Por eso es muy importante abrir otras ventanas. Esta situación también pone de manifiesto lo alejado de la realidad que está el sistema. Desvela la inflexibilidad del currículo...

-Y que no contempla las realidades de cada casa.

-Efectivamente. Diez familias son diez realidades diferentes y en ninguna la situación ha mejorado. Algunas se van a mantener, pero en otras será peor, porque falta un familiar, un trabajo o no tienen los medios de otras familias. Es necesario un ejercicio de empatía como antes no habíamos tenido. Empatía con los adultos y hacia los más pequeños, porque esto también desvela la «adultización extremada de las Administraciones educativas». Parece mentira que sigan presionando a los docentes para que manden tareas o para que evalúen y examinen, mientras se está viviendo una situación impresionante en la cual lo que necesitan los chavales es una llamada: ’No te preocupes que yo sigo aquí y cuando todo esto acabe lo primero que haremos será darnos un abrazo‘. Esto es lo que necesitan, en vez de fichas que nos obligan a mandar.

-Hablas de la presión de los profes, pero también de los alumnos...

-Absolutamente, brutal. Desde el punto de vista adultocéntrico, que es desde el que se están tomando las decisiones, no podemos olvidar a los protagonistas sin voz, los niños y niñas no son máquinas de hacer tareas, no son insensibles a lo que está pasando, necesitan más que nunca el apoyo, compresión y empatía de los adultos. Es lo primero que tenemos que pensar.

-Otro vértice de triángulo: muchos padres se quejan de la carga de trabajo, ¿se está planteando bien?

-Sin darnos cuenta el río vuelve al cauce de los contenidos, y yo lo que haría sería cerrar la persiana y colgar el cartel de cerrado por obras. Ahora mismo tendríamos que darles herramientas para que supieran llevar esta situación y replantearnos todo, incluyendo mandar tareas. El otro día alguien me preguntó: ‘¿Tú verías justo que pasaran unos y otros?’ Al principio pensé: ‘No, no sería justo para unos porque irían bien y para los otros porque necesitan reforzar‘. Sin darme cuenta ya había vuelto al cauce de los contenidos. Ese día apenas pude dormir, y me vino a la cabeza la palabra justicia. Decía: ‘¿Justo o injusto?‘. Los docentes no somos jueces, no estamos aquí para juzgar con cuántos suspensos deben pasar. El fin de la educación es dar herramientas.

-Dices que las palabras que más escuchamos estos días son: examinar, evaluar y contenidos. Partiendo de que son muy importantes, ¿nos estamos llenando de contenidos y vaciando de otros aspectos?

-Si el debate se centra en las preguntas que nos hemos hecho siempre, esto no nos ha enseñado nada. Si pensamos las herramientas que se necesitan en una vida normal, sin pandemia, necesitaríamos: contenidos relacionados, somos seres sociales y hay que educar también para eso, con asambleas, con diálogos, hacia la convivencia... Respeto a los demás, a uno mismo, al medio ambiente, a otras culturas, en el uso de la tecnología responsable y ético, y en el no uso de la tecnología. Gestionar las emociones, la salud, ¿cuánto peso tiene ahora en la educación? Como se da por hecho, se meten en el saco de lo transversal para que se toquen en todas las materias, pero como hay tantísimos contenidos, muchas veces no se puede tocar lo esencial.

-Explicar por qué tenemos que estar un ratito al sol, eso ya es una lección.

-O como cuando un niño hace una tarta con su madre, necesita saber leer, explicar ciertas cosas, sumar.. O si coge un globo terráqueo, lo gira y solo poniendo un dedo puede montar dos semanas de viaje virtual, metiendo geografía, historia, educación física, idiomas...

-Sin embargo, hay quien solo ve lo que están perdiendo...

-Un profesor de Economía de la Universidad de Madrid decía que los alumnos en este tiempo iban a perder el 11% de los contenidos que se dan en un año. Y que el efecto será que perderán el 1 % de su salario cuando tengan 30 años, y yo ahí tenía los ojos como platos de ensalada. Sugería recuperar lo perdido en verano, y ahí ya se me salían de las órbitas.

-¿Crees que cuando regresen a las aulas van a volver diferentes?

-Está claro que les va a marcar, y no podemos pretender hacer como si no pasara nada, un par de días de ánimo y vamos a seguir con los contenidos. Si pensamos en todas estas herramientas que faltan, es ahora cuando se las tenemos que dar, que es cuando tienen que hacer uso de ellas. Hay ejemplos de chicos y chicas, que viendo lo que está pasando muestran su solidaridad. Un chico que hace máscaras en 3D para un centro sanitario. ¿Eso cómo lo evalúas? Pues: ‘Estoy orgulloso de ti‘, no hay mejor frase. ¿Qué le voy a poner, un 9?

-¿Confías que esta situación nos lleve a hacer borrón y cuenta nueva?

-Cuando digo inercia a veces esa palabra es incompatible con la reflexión y con valentía, y en temas políticos, con la palabra consenso. Si piensan que un pacto educativo arreglaría las cosas, yo no estoy tan seguro, porque no se trata solo de aprobar leyes, se trata de escuchar la realidad de las familias y de cada niño.

-¿En qué te gustaría que cambiara el regreso a las aulas?

-Uno se enfrenta a la realidad de esa inercia que te he dicho antes, hay tantas cosas sobre las que podríamos reflexionar, empezando por los contenidos que vienen desde bachillerato hasta infantil y que empiezan a marcar la presión, o por contenidos reales, que den espacio para la vida o para escuchar y dialogar, que apenas da tiempo, y sigue siendo una paradoja en educación. Que se den cosas por hechas como el respeto a uno mismo, a los demás o al medio ambiente, o a otras culturas, y que apenas tenemos tiempos de verlo según los contenidos, pero sobre todo que fuera un recibimiento más humanizado, y que perdurara a lo largo del tiempo. Y que las Administraciones entendieran cuáles son las herramientas necesarias en la vida y que se pusieran manos a la obra.

-Tiene pinta de que todo volverá a ser como antes...

-Eso me provoca tristeza e indignación pero aflora la esperanza, porque para mí la educación es sinónimo de esperanza. Aunque no cambie el sistema, que veo difícil que cambie, espero que cambien muchas de nuestras escuelas.

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