«Sufrí bullying de niña por tener alta capacidad»


Hace solo dos años que Gema López descubrió que tenía altas capacidades. Ella estaba acudiendo a una psicólga y fue quien la puso en la sospecha de que podía ser una persona con una mente con un coeficiente intelectual mayor que la media. Gema decidió seguir sus indicaciones y, tras realizarse varios test, -el de Mensa, el Wais y el de Latento-confirmó por tres vías que la experta estaba en lo cierto.

«Para mí tener esa información supuso una liberación, siempre me sentí el bicho raro, la diferente y durante años sufrí bullying en el colegio por este motivo. Era la que hacía siempre en clase las preguntas raritas, yo no me sentía como los demás niños y al final intentaba esconderme, no destacar, no dar la nota, preferí guardarme y estar calladita», explica muy emocionada Gema, que recuerda aquellos años con dolor. «Fueron duros, los niños me pegaban a la salida del cole, me insultaban, me amenazaban y yo no comprendía nada de lo que sucedía a mi alrededor», apunta esta mujer, que hoy es licenciada en Bellas Artes, y siempre demostró una particular destreza para el dibujo.

«Yo era muy creativa, me veían como una persona demasiado imaginativa, fantasiosa, y después de hacerme los test, y ver que efectivamente destaco por esas cualidades ahora me encuentro mejor conmigo misma. De algún modo te reconcilias», dice Gema. Ella destacó siempre en clase y su currículum académico está lleno de sobresalientes y matrículas. «Para mí -apunta- no era agradable, porque por mis notas me señalaban delante de mis compañeros, y a ellos los comparaban constantemente conmigo, los profesores los ridiculizaban y como comprenderás en ese ambiente no era fácil hacer amigos».

«LA TÍPICA EMPOLLONA»

Gema se define «como la típica empollona» que le ponía esfuerzo a aquello que le encomendaban. «Siempre me gustaba hacerlo todo bien, era y soy superperfeccionista, así que en la primera etapa de los estudios destaqué mucho. En la facultad, en cambio, tuve una media de notable, creo que fue de los pocos sitios donde me sentí en mi salsa», señala Gema, que se dedica a dar clases.

«Ahora que tengo entre mis alumnos a niños y adolescentes muy distintos, pienso en que en mi etapa de estudiante nadie le daba importancia a mis dotes creativas, nadie potenció ni fue capaz de ver en mí todo lo que yo desarrollaba e imaginaba a través de la pintura. Por eso creo que es muy importante que se le dé valor, igual que a la música», añade.

Gema reconoce que durante los años escolares sufrió tanto por destacar, por sobresalir que entiende a muchas niñas que como ella aún hoy en día ocultan sus habilidades para mantenerse en el grupo, en la media: «Yo no tuve una educación feminista, era una educación conservadora, y si estás en este contexto, sabes que de las niñas se espera otra manera de responder. Yo notaba esa presión y creo que ahora también debe de sucederle a muchas crías».

«YO INTENTABA CORTARME»

Gema pone mucho ímpetu en explicar esta frustración que sufren casi todas las personas con altas capacidades. Es muy complicado gestionar interiormente que tu mundo y el del resto no se acoplan, pero sobre todo entender que destacar se ve como algo malo. «Quieres adaptarte, yo intentaba cortarme a mí misma, pero es muy difícil, porque finalmente una no es como la mayoría», concluye esta gallega, que sin embargo asegura que ahora mismo está mucho más feliz. «Saber que tengo altas capacidades me ha ayudado a no hacerme de menos, porque lo curioso, nuestra paradoja, es que siendo más no sentimos menos. Creo que he ganado en seguridad en mí misma», concluye.

«Ahora me fío más de mi intuición -se reafirma Gema-, que se define como una persona muy reflexiva, que le da vueltas a las cosas y que siempre ha sentido una necesidad de expresarse, de hablar. «A mí siempre me decían eso de: ‘¡Cuánto te rayas!’, porque sí creo que tengo ese punto obsesivo de las personas con coeficiente alto».

También Gema cree que tiene un don para percibir a la gente en cuanto la conoce. «Enseguida capto cómo son, creo que me doy cuenta de lo que piensan, lo que sienten, eso sí me diferencia también, soy muy perceptiva», dice.

Esa hipersensibilidad la ha desarrollado en su faceta artística, un mundo en el que se ha refugiado y que le ha permitido expresar sus miedos, sus inquietudes y sus deseos. El de Gema es ayudar ahora también a visibilizar una realidad que debería ser tratada con apoyo en las escuelas y con todas las garantías para que las personas con altas capacidades no sufran esos prejuicios negativos. «No deben aislarse, ni sobreprotegerse, y mucho menos deben ser objeto de burla, como fue mi caso. No somos bichos raros».

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SANDRA FAGINAS

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Juanjo Bande descubrió hace solo unos meses que su mente está muy, muy por encima de la media. Él prefiere que no publique su coeficiente intelectual, lo que demuestra, como me advierte nada más comenzar la conversación, que el tema de las altas capacidades todavía se sigue viendo como algo negativo. «Es aún pudoroso, a muchos les avergüenza y algunas personas desean mantener ese dato en el ámbito más íntimo por el miedo al rechazo». «Finalmente, la mayoría lo que queremos es estar integrados en el grupo, por eso quienes se salen de la media, aunque sea por arriba, también sufren esa mirada distinta y se sienten extraños, reducidos muchas veces a la imagen de un tipo rarito y friki».

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