«No estoy enfermo. Si me llevan a tomar un vaso, voy»


Llegar al siglo de vida es difícil. Hacerlo con la agilidad mental de Juan Maceiras Amor parece casi imposible. «Tuvimos otros centenarios, pero como él ninguno. Tiene algunas dificultades para andar, pero de cabeza está perfecto, no es algo habitual. Está como una rosa», comentan desde la residencia DomusVi del barrio de Matogrande de A Coruña. Esta semana, en concreto el 11-M, cumplió 100 años este hombre nacido en Betanzos que se pasó media vida embarcado. Charlamos por teléfono durante 10 minutos y la conversación fue más fluida que con un adolescente. Escucha perfectamente y recuerda infinidad de detalles de su vida. De hecho, escribió un libro de memorias y le están preparando otro. Juan, que nació el 11 de marzo de 1920, asegura que «los llevo maravillosamente. Pasan, pero no me entero. No me doy cuenta de que tengo años. No tengo porqué cuidarme porque no estoy enfermo. Si ahora me llevan a tomar un vaso, voy», comenta sonriente.

EL HOMBRE DE LOS CAÑONES

Fue teniente de navío y embarcó a los 17, en plena Guerra Civil. «Estuve en la guerra por mar y me quedé, no quería volver y trabajar de labrador. Siempre estuve embarcado, hasta que tuve los 60. Ferrol era mi base, pero estuve en todos los puertos, en cantidad de barcos como el Cervera o el Galatea. De vez en cuando venían los alemanes de reconocimiento y nosotros con el corazón en un puño. Dios me ayudó», detalla con memoria prodigiosa. Una y otra vez insiste en que no se da cuenta de la edad que tiene, y no se queja de nada. «Tengo un hijo maravilloso, mi vida es cojonuda (sic) y aquí me tratan muy bien, aunque el pescado no sé de dónde es, pero no de la ría», apunta sobre su estancia en la residencia. De nuevo vuelve a su etapa en el ejército. «Soy de armas. Mi labor consistía en cuidar los cañones, aunque nunca disparé directamente a otros barcos. No era muy bonito, pero era el trabajo que tenía. ¡Y bendito sea que no me pasó nada y sigo aquí!», afirma. No me extraña que haya resumido su vida en un libro aprovechando su experiencia y esa mente privilegiada un siglo después de venir al mundo.

LA BUENA MESA

Es curioso, esta semana estuvieron de actualidad restaurantes tradicionales. Anduvieron por Galicia los de la Asociación de la Buena Mesa, que agrupa a clásicos como el Mesón Cándido de Segovia, Lucio o Portonovo de Madrid y el legendario O Parrulo de Ferrol, entre otros. Me dice uno de sus responsables que el lema del colectivo es «familia, tradición y buen hacer». Y El Corte Inglés de A Coruña presentó unas jornadas gastronómicas dedicadas a las tabernas centenarias de la capital de España, en concreto a Casa Ciriaco, famosa por su gallina en pepitoria. Tengo la sensación de que en lugares como Madrid o en otras grandes ciudades es habitual que un restaurante llegue a cumplir los mismos años que el teniente de navío Juan Maceiras. En Galicia lo que es más frecuente, por desgracia, es conocer que clásicos de la buena mesa cierran sus puertas por distintos motivos. Cada vez quedan menos.

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