«Muchos albinos africanos se llaman Problema»

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LOS HIJOS BLANCOS DEL ÁFRICA NEGRA son su misión. La farmacéutica ourensana Mafalda Soto Valdés expande, con la crema solar que ha desarrollado para los albinos, formación e inclusión para evitar la muerte anticipada de quienes nacen diferentes

07 ene 2020 . Actualizado a las 15:32 h.

Muchos albinos se llaman Maluvo, que significa problema en chicheua, la lengua de Malaui», resume Mafalda Soto Valdés de lo que ha podido ver y sentir de los hijos blancos del África negra. Lo contó hace unos días en una charla en el Hospital A Coruña (Chuac). Farmacéutica con vocación cooperante, esta joven ourensana cree que «la sanidad es también dignidad», sobre todo cuando se nace marcado por un estigma. «Recuerdo una familia de ocho hermanos, a la pequeña la llamaron Lodina ‘la tierra nos ha traicionado’. Revelador hasta dónde un nombre define una condición y marca un destino. «Se lo llevan puesto toda la vida», dice. Esa carga genética inevitable limita la vida y señala la muerte anticipada de unas 200.000 personas en la África subsahariana, donde la prevalencia del albinismo triplica a la de Europa. La mayoría tiene problemas visuales y en las escuelas nunca están en primera fila, un boleto más que los condena al fracaso escolar y a trabajar expuestos a su verdugo: el sol. El 90 % muere antes de cumplir los 30. Eso cuando no sufren persecuciones, secuestros y mutilaciones para un tráfico de miembros que creen amuletos de fortuna en los negocios, en el amor «e incluso para ganar las elecciones», explica antes de restar asombro tirando de historia: «Aquí -reflexiona- se creía que el hombre venía del barro y la mujer de una costilla, hasta que llega la ciencia y lo explica». Eso, explicar y mucho más, es lo que intenta hacer.

Ha sido capaz no solo de desarrollar un protector solar específico para albinos, sino de tejer una red de producción y distribución que va extendiendo, con la crema, el conocimiento, y con él la posibilidad de una vida diferente. Ahora, lo hace a través de la oenegé Beyond Suncare, pero su tarea ha ido superando obstáculos desde el 2008, cuando aterrizó en Malaui por unos meses sin saber que cambiaría todo su horizonte. Desde muy pronto, sobre el terreno y pegada a la realidad, Mafalda cayó en la cuenta que en la batalla contra un enemigo omnipresente y de peligro desconocido para quienes nacen blancos de padres negros no bastaba con poner una barrera al sol. «Era necesario un enfoque integral, desde la perspectiva sanitaria, pero también de la educación y la inclusión social».

«No es solo ‘ponte la crema’, ‘ponte el sombrero’», insiste Mafalda, que ha visto que la creación de centros de «muros altísimos», como se intentó, para protegerlos no hizo más que en guetos que separaron familias y desconectaron a los albinos de sus orígenes. El desconocimiento es mal aliado, cuando no la razón de ser, de supersticiones y prejuicios condenatorios. La comunidad, esa tribu que lo da todo por los suyos, también acaba apartando a los diferentes. «A las mujeres las abandonan, no entienden cómo es posible», relata, y el síndrome del patito feo universal, aún siendo cisnes, es común entre niños a los que pronto les comienzan a salir úlceras y feas lesiones sobre su clara piel.