Aquí aún hay playa

Septiembre al sol. Aunque para muchos el verano ha terminado, para ellos acaba de empezar. Un fotógrafo surfero, una gallega que se resiste a volver a Holanda y una bilbaína adicta a O Grove lo confirman

ADRIÁN VÁZQUEZ

No todos los veranos son soleados y calurosos -que nos lo digan a nosotros los gallegos-, pero hay quien aprovecha su último mes para saborear un poco de agua salada y sentir la arena entre los dedos de los pies. En el mes de septiembre los hoteles ya no están tan llenos, pero hay suertudos que consiguen vacaciones justo cuando los demás vuelven a casa. ¿Que por qué? La cuestión es bien sencilla: menos gente y aglomeraciones, precios más asequibles y, si tenemos un poco de suerte, un tiempo bastante aceptable. Y si vivimos cerca de la costa, la decisión de si ponerse el bañador o no está clara.

Hablando de la costa, si se acercan a cualquier playa coruñesa tienen muchísimas probabilidades de ver un llamativo pelo rizado secándose al sol. Jorge Alabau (A Coruña, 1998) tiene su segunda casa en el mar. Y quien dice casa, dice oficina, solarium e incluso destino de vacaciones. Este joven estudiante de arquitectura trabaja desde julio hasta mediados de agosto como monitor de surf en un campamento de Malpica, Silfo Surf Camp. Sin embargo, cuando llega su tiempo libre fuera de obligaciones universitarias y laborales, la playa sigue siendo su destino favorito.

«Voy a la playa en septiembre porque trabajo todo el verano. Y aunque mi trabajo sea en la orilla, no la disfruto del todo. Ahora me encanta ir porque es cuando tengo tiempo libre», confiesa Jorge. Pero su tiempo de ocio tiene mucho que ver con su trabajo. Jorge, además de monitor de surf, es un apasionado de practicar este deporte él mismo. «Es la mejor época, en otoño e invierno. Hay menos gente y más olas. A la hora de surfear, cuanta menos gente, mejor», explica Jorge. Además, a pesar de ser un coruñés de pura cepa, no le pone problema a descubrir otras playas.

Mapa surfero

De hecho, al preguntarle cuáles serían sus tres favoritas se queda un buen rato pensando: «Uff, qué difícil...», resopla. «Nemiña sería la primera, creo yo». No sorprende, ya que esta playa situada al sur del Cabo Touriñán es un lugar ideal para el surf -y la pesca-. Además, no es un destino muy transitado, así que sigue ganando puntos para los amantes de la tabla. El ránking de Jorge sigue con Soesto, playa de arena blanca y menor tamaño que Nemiña, y que parece un pequeño paraíso en Laxe. Por último, nuestro joven coruñés se decanta por una playa un poco más cercana, Repibelo, situada entre Sabón y Barrañán, y que es la más pequeña de las tres, con tan solo 145 metros de longitud.

Pero no solo de surf vive el hombre, y Jorge también disfruta detrás del objetivo. Su cámara réflex lleva ya varios años con él, en constante renovación. Sus momentos ideales para hacer fotos son un clásico: «Los amaneceres y los atardeceres son lo mejor», dice. Aunque también nos confiesa que, aunque disfruta de una buena compañía, generalmente prefiere ir solo. Eso sí, no es amante de los cielos nublados. «Cuanto más sol, mejor. Para las fotos y para el surf», nos cuenta.

Este momento de relax y placer solo se lo podían proporcionar las costas gallegas, que son sus verdaderas musas. Ellas y sus amigos haciendo surf, a quienes le encanta captar en el momento en el que surcan una ola. De amateur aficionado ha pasado a ser su otro trabajo, que le ha llevado a crearse una cuenta de Instagram, @alabau.photos, donde cuelga sus trabajos. Su última fotografía es del mes de junio, pero no duden que en septiembre veremos más de una instantánea en su perfil.

La playa, parte de casa

Jorge es un tipo afortunado. Vive al lado de la playa -ve la puesta de sol desde la ventana de su habitación-, y en apenas cinco minutos se planta en la de Matadero, una de las más concurridas (en parte por su pequeña extensión) de A Coruña. También su pequeño perro Blues, un bichón maltés, conoce muchas playas de cabo a rabo -nunca mejor dicho-. Concibe la playa como una habitación más de su casa, pero admite que no es el tipo de persona que se pasa todo el día en ella. «Suelo pasar varias horas haciendo fotos o surfeando, pero no soy de comer, cenar y dormir allí», bromea.

Y aunque Jorge va a la playa como quien va a la cocina, lo cierto es que nunca ha desvalorizado el placer de disfrutar de las olas y el aroma a mar que entra al abrir la ventana. ¿Quién abandonaría ese placer solo por ser septiembre? Desde luego, él no.

«No me hace falta un tiempo espectacular»

María reside en los Países Bajos durante el invierno, pero ha pasado parte de su verano disfrutando de la costa gallega. Sus padres residen cerca de Carballo y ella, acompañada de sus familiares y amigos, ha hecho de la playa de Razo un lugar en el que desconectar y relajarse, algo que continuará haciendo en las próximas semanas. María es una habitual del arenal carballés. Su forma de disfrutar de este paraíso situado en la Costa da Morte va más allá de tomar el sol. «Si hace buen día vengo con mis amigos holandeses que también se encuentran en Galicia», afirma. Si el tiempo no favorece, su compañía suele ser diferente y menos numerosa. «Cuando no hace bueno, vengo con mi perro y paseamos por los alrededores de la playa, no necesito un tiempo espectacular para venir», explica la gallega residente en Países Bajos.

«Aquí estaré en septiembre»

La playa de Razo ofrece numerosas y diferentes actividades para seguir disfrutando del entorno durante este mes. La gran extensión del arenal permite que sean muchas personas las que sigan acudiendo a correr por su kilométrica orilla a lo largo del mes de septiembre. En las zonas verdes que rodean la playa se siguen viendo familias paseando a sus mascotas y, en el agua, se distingue una gran cantidad de tablas de surf, algunas de ellas las de los hijos de María. Para algunos la llegada de septiembre es sinónimo del final de la playa y del buen tiempo hasta el año que viene. Pero en el caso de nuestra abonada a Razo, esto no puede estar más lejos de la realidad: «Seguiré disfrutando de esta playa en septiembre con mis amigos, mi familia y mi mascota». Su vuelta a los Países Bajos tendrá que esperar, y es que aunque le encanta vivir allí, reconoce estar enamorada de su rincón. «Me encanta pasar aquí los días. La gente que vive cerca de Razo y puede venir durante todo el año no es consciente de la suerte que tiene», reitera.

Con el permiso de los jefes, aún queda verano para relajarse. Si hace buen tiempo las playas estarán llenas, y si no siempre habrá gente como María que busque actividades y distracciones para seguir teniendo un pretexto que le permita disfrutar del agua y de la arena, al menos por un mes más.

 «Disfruto de Galicia de junio a septiembre»

Por desgracia para la mayoría, las vacaciones duran un mes o incluso menos. Pero hay algún que otro afortunado como Susana, que disfruta de tener todo el verano de vacaciones. Con tanto tiempo libre podría parecer difícil decantarse por un destino u otro, pero para esta bilbaína eso no es un problema: «Desde hace 20 años veraneo siempre en Galicia», afirma. Siempre entre el Camping Paxariñas y el Paisaxe II, ambos sitios le sirven de refugio desde hace dos décadas y de junio a septiembre para ella y los suyos. «Al principio venía con la familia de mi marido, luego nos casamos, tuvimos niños y empezamos a venir nosotros, en caravana», explica la turista, que reconoce no necesitar un tiempo espléndido para disfrutar de la playa. «Voy aunque no haga sol. Cojo un libro, una silla y disfruto del paisaje», relata.

«Estamos como en casa»

Para Susana, las playas y el cámping son su segundo hogar: «Unos días antes de irme ya empiezo a echarlo de menos. Acompañada de su familia y de alguna amiga que ha arrastrado a venir y que también se ha enamorado de la zona, disfruta de unas largas vacaciones en unos arenales que compara con el paraíso. «De existir, el paraíso sería esto. Los gallegos son gente maravillosa, es un sitio increíble, agua cristalina, arena blanquecina y una gastronomía espectacular», admite emocionada.

El año que viene volverán a disfrutar de las Rías Baixas. Susana reconoce que lo que más le enamora de esta zona es la tranquilidad que se respira en los alrededores. Y a pesar de que eso no ha cambiado, explica que año tras año nota como cada vez son más los turistas que se acercan a vivir la experiencia. «Creo que en Galicia se está explotando más el turismo, es normal pero no me gustaría que se masificara la zona», señala.

Por lo de pronto, esta familia seguirá disfrutando unas semanas más de su paraíso particular antes de volver a echarlo de menos y planear la vuelta el próximo verano. «No cambio esto por nada del mundo», concluye una bilbaína que ya es una gallega más.

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