Yo di la vuelta al mundo en 320 días

Una aventura mundial. Eva Abal, de A Rúa, siempre quiso hacer mundo. Todo empezó a los 7 años, cuando viajó un día en metro, en barco y en avión. Ha estado en 56 países y vivido 11 meses seguidos de verano. Sus pies no paran. ¿Adónde la seguimos?

La foto está tomada en las cataratas del Iguazú, en el lado de Brasil.
La foto está tomada en las cataratas del Iguazú, en el lado de Brasil.

Eva sintió la sed de mundo por primera vez a los 7 años. Se la dio un viaje que hizo con sus abuelos y sus tíos que la llevó a recorrer Portugal entero. «Recuerdo llegar a Madeira como una odisea. ¡Y que el mismo día monté en barco, en metro y en avión!», cuenta sobre el que recuerda como el primer gran viaje de su vida, el principio. Esta aventurera de A Rúa estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y trabajó años de lo suyo hasta que empezó a vivir viajando y no pudo conciliar. Los viajes son hoy su fuente de ingresos. La aventura empezó en serio en el 2012 como un hobby que iba dejando miguitas de letras en un blog, Una idea, un viaje. «Lo hice porque mis amigos me iban preguntando por cada viaje. Para no tener que contar la misma historia veinte veces...

Sorpresa en Nueva Zelanda: la ficción hecha realidad de Tolkien.
Sorpresa en Nueva Zelanda: la ficción hecha realidad de Tolkien.

«Lo que empezó como una afición se fue convirtiendo en horas de trabajo semanal y empezó a generar dinero», dice. Eva estuvo un tiempo compaginando el trabajo como ingeniera con los viajes, hasta que llegó ese momento en que se le fue «de las manos». Y se dejó llevar por los pies. La media de viajes que hace al año varía, dice, y su estancia en el destino también. «El año pasado salí en octubre para Sudamérica, en ese caso con mi novio, y estuvimos hasta junio, pero no teníamos fecha de regreso. Sabíamos que queríamos dedicarnos a investigar los pueblos originarios en Argentina y Chile. Nos centramos en esos países y en Paraguay, y luego decidimos regresar para pasar aquí el verano», cuenta, de nuevo a punto de despegar.

La India es uno de los lugares más acogedores del mundo, según Eva Abal, que se rindió al Taj Mahal.
La India es uno de los lugares más acogedores del mundo, según Eva Abal, que se rindió al Taj Mahal.

Pero a Galicia siempre vuelve. «No me canso de volver. Por mucho que viaje... ¡no se come en ningún sitio como aquí! Será el sentimiento de gallega...», ríe. Los 320 días de vuelta al mundo de Eva empezaron en Ecuador. De ahí a Perú, Bolivia, por el norte de Argentina hasta Uruguay y luego viajó al sur de Argentina y a Chile. Desde ahí rumbo a isla de Pascua, a la Polinesia francesa y Nueva Zelanda, y después voló a Indonesia, Singapur, Malasia, Tailandia, Vietnam, Laos y la India. ¿Qué lugar del mundo te acogió mejor? «Tailandia fue uno de los sitios en los que más a gusto me sentí. También la India es acogedora. La gente es muy buena», se moja quien tiene ya en su lista 56 países con doble check.

Juego de perspectivas en el salar más grande del mundo, en Bolivia.
Juego de perspectivas en el salar más grande del mundo, en Bolivia.

La vuelta al mundo la comenzó con un amigo. «Pero a los cinco meses decidimos que cada uno seguía por su lado», confiesa quien continuó el viaje en solitario, «pero nunca en soledad». «Una cosa es estar juntos unas horas al día, y otra un 24x7», la fórmula que abrevia 24 horas siete días a la semana. «Uno quiere ahorrar, otro no... Si se trata de tu pareja y tienes otro nivel de confianza, quizá lo llevas mejor», considera. Esa vuelta al mundo le dio un vuelco a su amistad con su compañero de viaje inicial. «La dinamitó», dice Eva con humor, que desliza que viajar sola es una opción perfecta para conservar amistades. Y añade un matiz: «Con otros amigos he viajado y no he tenido problemas, pero no es lo mismo viajar en vacaciones que durante un año, que te lleva a establecer una rutina igual que la que tendrías en casa, pero moviéndote de país a país, viajando. Aflora el carácter, las cosas del día a día». Algún amigo quedó por el camino, pero llegaron nuevos compañeros de ruta.

En la Patagonia está este parque natural para hacer trekking.
En la Patagonia está este parque natural para hacer trekking.

Eva empezó viajando de mochilera, con bajo presupuesto. Y ahora va con mochila, pero porque tiene «mal una muñeca y resulta mucho más práctica a la hora de viajar». Se aloja en sitios normales, que «no son lujosos, y el tipo de alojamiento depende de los países». En Sudamérica recurrió al hospedaje, «que sería lo equivalente a las pensiones de aquí, sitios que están limpios y bien, y en los que te sientes a gusto». De las anécdotas más curiosas que le dejó en la mochila su vuelta al mundo, Eva menciona una en particular. «Estaba en Tailandia, viajando con un chico que conocí, con el que coincidí durante unas semanas del viaje. Estábamos haciendo autostop y paró un chico en moto a preguntar de dónde éramos. Yo le dije que era española, y mi amigo, argentino. El chico dijo: ‘Messi, Messi’ y se sacó unas fotos con nosotros, se fue y al cabo de un rato reapareció con yogures, gominolas, bizcochos... Era superamable y nos preguntó si queríamos ir a su casa. Le dijimos que vale, y se fue a por un coche para venir a buscarnos en 15 minutos. Pero en vez de llevarnos a su casa nos llevó a un sitio donde apareció un señor americano diciéndonos que era pastor de una iglesia evangélica, que nos quería enseñar su iglesia. Nos tuvo dos horas soltándonos un sermón y contándonos desgracias. Fue tétrico. Y en un momento nos dice: ‘Y ahora... ¿estáis listos para creer y bautizaros?’. Y nosotros: ‘Tendremos que pensarlo...’». Y salieron de allí.

Plataforma de los moais en isla de Pascua (Chile), que llaman «el ombligo del mundo» y es la isla habitada más aislada del planeta.
Plataforma de los moais en isla de Pascua (Chile), que llaman «el ombligo del mundo» y es la isla habitada más aislada del planeta.

El chico que les había llevado se ofreció a conducirles a la estación de autobuses, pero de camino se paró a comprarles «diez pinchitos morunos, cinco bolsas de arroz blanco, cinco botellas de agua» y les pagó los billetes de autobús para el destino al que iban. «Ahí terminó la historia», resopla Eva.

Su próximo destino será la Polinesia francesa: «Voy con mi novio 40 días para promocionar el destino, tras un acuerdo con la aerolínea principal que vuela de París a Tahití. Y tenemos un acuerdo con Turismo de Tahití para promocionar algunas de las islas menos conocidas. Porque todo el mundo ha oído hablar de Bora Bora, pero no de Nuku Hiva o de Maupiti, que son mucho más que cabañas junto a la playa. Tienen trekking, cultura y tradiciones increíbles que conocer».

Un viaje a Namibia lo cambia todo, asegura Eva.
Un viaje a Namibia lo cambia todo, asegura Eva.

A Eva y a su pareja les unió la sed viajera. Amor al vuelo. «Él también tiene un blog de viajes», cuenta. «Soy gallega. Aunque mi provincia es la única que no tiene mar, el olor del mar es mi olor preferido. Lo mío es el olor del mar [...] Siempre pienso que si pudiese guardaría el olor a algas en un bote de cristal», escribe. Cada idea es un viaje, y cada viaje, un relato para Eva, que llegó a perder siete uñas en un trekking y saltó en el salar más grande del mundo. Se midió a Machu Picchu y al Taj Mahal, y caminó sobre la línea del ecuador. Y en su vuelta al mundo vivió 11 meses en verano y olvidó, asegura, «lo que era el frío».

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