«O ano pasado collín máis de cen avións»


Haz maleta, quita maleta. Esta es la acción que más repite este particular señor Miyagi coruñés desde hace cuatro años. En menos de un lustro, Carlos Santamarina ya conoce todos los países del viejo continente, sin excepción. Es soldador y su profesión lo ha llevado a ligar las estructuras de innumerables establecimientos del sector textil y tecnológico. Vive entre aeropuertos y centros comerciales, y reconoce que viaja «máis en avión que en coche». Calcula que solo el año pasado hizo más de cien vuelos.

Cuando tiene tiempo libre aprovecha para hacer turismo, sobre todo, si es la primera vez que visita la ciudad: «Se che empezo a dicir os países onde estiven temos aquí para unha hora. Europa recorrina toda. Algunhas fins de semana aproveitamos para facer visitas. Sobre todo, cando chegas por primeira vez a algún sitio. Noutras cidades xa non, como en París, que xa estiven cinco veces. Agora vou alí e xa non vou á Torre Eiffel», asegura este viajero que nació en O Pindo (Carnota), pero que lleva tiempo asentado en Culleredo.

Carlos sabe que es un privilegiado porque su trabajo le permite conocer muchos lugares, pero también opina que no todo el mundo vale para andar con la maleta a cuestas todo el día. De esas, de maletas, ya lleva unas cuantas destrozadas: «Non sabería dicir un número, pero unhas cantas», confiesa este orgulloso papá de una preciosa niña de tres años y de otro bebé que está en camino: «Carol -su pareja- aínda ten máis valor ca min. Porque ela ten que traballar, ten que ocuparse da nena e agora do que vén», asegura.

Si tuviera que quedarse con uno de los muchos países que ha visitado, elegiría Polonia. Él devora todo lo que llega a sus manos y que está relacionado con la historia de Hitler y del holocausto, y le impactó la huella que dejó en este país este negro episodio de la humanidad. También dice que le gusta su gastronomía, sobre todo las sopas que allí les daban cuando tenían que trabajar a veinte grados bajo cero: «Buf, iso quéntache o corpo rapidamente». Pero para comer, Portugal. Dice que después de España es el país donde mejor le sienta sentarse a la mesa. Y, por supuesto, cuenta con un sinfín de anécdotas con gallegos: «Estamos en todas partes», concluye.

«Es un reto adaptarme a culturas diferentes»

CAROLINA F. VALES

Las oportunidades de crecer en la vida suelen ser una moneda de doble cara, una cuestión de poner en balanza lo que das y lo que te llevas, y ver hacia qué lado se inclina. Hace apenas un año, a Julio le propusieron un reto: dirigir las ventas en América y Portugal de la empresa en la que llevaba trabajando quince años: Geotexán, empresa española dedicada a la fabricación de geotextiles y fibras. «El mercado español había pegado un bajón tremendo en los últimos años y tuvimos que buscar oportunidades fuera».

En la parte negativa de la balanza: suponía no ver a su familia durante, por lo menos, una semana de cada mes. El contrapeso: se trataba de un proyecto muy bonito, un cambio muy refrescante en su forma de trabajar, el reto y aprendizaje constantes que supone absorber y adaptarse a formas de trabajar tan diferentes. Finalmente, el reto ganó a la comodidad y Julio se embarcó en esta aventura multicultural.

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