Cumbre en Roma


Se reúne el Vaticano estos días para expiar uno de sus grandes pecados. Paraliza calcular el número de seres humanos que han sufrido abusos de religiosos que durante décadas se aprovecharon de su poder y de su influencia para violentar con impunidad a sus feligreses. Tras décadas en las que la jerarquía eclesiástica se dedicó a mirar para otro lado, el papa Francisco ha decidido convocar una cumbre antipederastia, una nomenclatura que hace muy poco tiempo hubiese sido impensable.

Una de las estrategias más dañinas del catolicismo ha pasado por meter bajo la alfombra todo lo que no interesaba que se viera. Esa estrategia de la simulación que nos ha marcado culturalmente y que valora las apariencias por encima de la verdad. Una forma de presentarse ante el mundo que se llevó al extremo en el asunto de los abusos. Han sido décadas en las que las víctimas no solo no han sido atendidas y reparadas, sino que la culpabilidad recayó sobre ellas.

Una película, Spotlight, retrata de forma descarnada el proceso de iluminación de esos crímenes en la diócesis católica de Boston. El periodismo, el gran periodismo, una vez más al servicio de la causa de los seres humanos. La cumbre puede marcar un nuevo paradigma en uno de los asuntos más lamentables de una organización que no puede aspirar a la normalidad sin encarar de una vez el desmantelamiento de una red que no solo es inmoral sino, sobre todo, delictiva. En los días previos al encuentro, el Vaticano ha hecho algún movimiento sorprendente. Uno de los más llamativos, la publicación de una guía dedicada a los sacerdotes con hijos. Así que, efectivamente, los curas han procreado por el mundo desde que existen, una verdad cierta y comprobable que la Iglesia ha negado hasta ahora. Sin entrar en consideraciones que solo competen a los católicos, la paternidad de los sacerdotes tiene también consecuencias civiles y patrimoniales. En la guía el Vaticano recomienda a sus clérigos padres que abandonen la sotana y se ocupen de sus hijos. Una organización que da apoyo a personas engendradas por sacerdotes, Coping International, atiende cada año a 50.000 descendientes de religiosos, con lo que podemos imaginar que la estirpe de los curas es frondosa y multitudinaria.

No parece que la cumbre de estos días vaya a concluir con decisiones drásticas que modifiquen de raíz algunos dogmas. Pero puede que tanto detrás de los casos de pederastia como de las paternidades desoídas converja el mismo asunto: la instrucción del celibato que tan mal soportan muchos religiosos. El dogma, claro, es cosa de los católicos pero sus consecuencias son cosa de todos.

Por Fernanda Tabarés Directora de Voz Audiovisual

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