Aquí no haces cola, pero el roscón está igual de rico

¿CON O SIN RELLENO? Piénsalo bien, que en algunos puedes encontrarte dentro hasta una petición de mano. En la ruta más dulce de la víspera de Reyes te vas a comer más de un rosco...

MARÍA GARRIDO Y NOELIA SILVOSA

No solo ricos. Hay roscones de Reyes que son magos. En la víspera del día más ilusionante del año, súmate a la ruta del rosco sin hacer cola. Todos tienen secreto y dentro de algunos hay más que un haba...

Uno de los roscones de Reyes con más sabor a tradición se hace en Malpica, en la Panadería Labrador, que lleva 70 años con las puertas abiertas y que va ya por la cuarta generación. Se trata de un negocio familiar en el que Benjamín Labrador, más conocido como Tito de Manolo, lleva las riendas. Él es la clave del sabor explosivo de su pan de huevo. «Non hai ninguén no mundo que moldee a masa coas mans tan ben coma el, porque o fai con cariño, sen sobala nin esmagala, para que consiga ese brillo fundamental», dice su mujer, Carmen Mouzo. «Faille un rizo cunha soltura, rapidez e delicadeza que é imposible de copiar. É unha arte que só sabe el», reafirma su hijo, Manuel. Ambos, junto con la otra hija, Carmen, le ayudan en las tareas de cocer y decorar, pero lo que es el trabajo principal, lo sigue haciendo a sus 77 años el gran maestro que desde pequeño aprendió de su padre.

«Outro aspecto importante é que lle dá o tempo necesario para que a masa levede», desvela Manuel, a lo que Carmen añade los ingredientes: «Ovos da casa, esencia de anís, manteiga fresca e cocida, fariña, trigo da zona moído e outros que irán comigo á tumba». Una vez hecho, lo decoran con azúcar y frutas, y también lo rellenan de nata, aunque esto último solo lo hacen por encargo.

El pan de huevo es su producto estrella. Y pese a que no tienen largas colas, lo cierto es que venden cerca de 1.000 roscones, entre el propio día y el previo, para lugares muy dispares. Por eso, antes de la llegada de los Magos trabajan varias jornadas sin descanso: «Somos unha panadería pequena, pero matona», expresa el hijo, tremendamente orgulloso del éxito de su roscón de Reyes.

35 AÑOS DE ROSCONES

Cuando algo funciona, no hace falta cambiarlo. Y esa es la filosofía que mantienen en la confitería París, en A Coruña, donde llevan ya 35 años elaborando roscones. «O que facemos é manter a esencia da repostería tradicional cunha visión. A receita é a que facían os meus pais, pero as formas van cambiando co tempo; por fortuna agora temos máis formación», asegura Xulián Suárez, que pertenece a la segunda generación de pasteleros de la familia. Los maestrillos suelen ser reacios a mostrar los librillos, pero Xulián confiesa que en los aromas está la diferencia de los roscones de la París. «Máis aló do azucre, a fariña, os ovos, a manteiga, leite e os fermentos, para nós os aromas son moi importantes: leva de limón, de laranxa, de auga de azar, de anís e, como novidade, recentemente introducimos noz moscada», explica Xulián, que asegura que estamos ante uno de los momentos más caóticos del año. No es para menos, estos días llegan a despachar 1.000 unidades. Claro, que no hay que reprimirse hasta Navidades, bajo reserva te lo preparan cualquier día del año.

Estos días puedes llamar para asegurarte el rosco, pero ni aún así estás a salvo de la espera. «Tratamos de ter isto bastante organizado; antes a xente non o reservaba, e tratamos de concienciar para que o fagan, e que deste xeito non veñan e teñan que marchar cunha man chea de nada e outra de cousa ningunha. Aínda así, durante os días 4 e 5, hai momentos puntuais de colas na rúa da Torre», comenta. Merece la pena, porque todos traen premio.

CINCO GENERACIONES

Guillermo Moscoso no para en estas fechas. A la producción diaria de pan le suma las creaciones especiales para la Navidad, con la traca final de los roscones de Reyes, con una gran demanda. Su negocio, Pan da Moa, ha cumplido quince años y tiene tres puntos de venta, en los barrios de San Lázaro, Fontiñas y Meixonfrío, pero su pasión por la masa viene de cinco generaciones de panaderos compostelanos, los Moure. Él y su equipo diseñan una ajustada programación para dar salida en el entorno de Reyes al mayor número de roscones posibles, pero «todo ten un límite». Moscoso recomienda reservar, porque no son capaces de hacer muchos más de los que ya están encargados, que es la garantía de que el roscón esté en su punto. El mejor momento para comerlo es tres horas después de cocerlo, asegura, «porque o facemos cunha masa moi sutil que é doado que seque». No debería haber problema para insistir en las siguientes 24 horas siempre que esté «tapado, fresco e seco, e sen correntes de aire», apunta.

En las casas con familias numerosas o con muchos invitados el roscón vuela en una mañana, pero detrás queda mucho trabajo. En Pan da Moa la fermentación es larga, casi de veinte horas a temperatura ambiente, dejando crecer la masa poco a poco para que tenga «sabor e durabilidade». Pero lo más laborioso es hacer «as trenzadas» y respetar la receta más tradicional, «a do meu pai», con huevos, manteca de vaca, ralladura de limón, azúcar, anís y frutas confitadas. Y las figuritas que aparecen por sorpresa, claro.

CON PEDIDAS DE MATRIMONIO

La sorpresa en este roscón que vamos a probar en Ribeira está asegurada. Isabel Cárdenas está acostumbrada a meterle casi cualquier cosa dentro en su panadería, La Boutique del Pan Isabel. Desde propuestas de matrimonio hasta cien euros para el ahijado: «El último fue el mes pasado. Un chico quería pedirle matrimonio a su novia en Reyes con un roscón, pero no se aguantó y le pusimos el mensaje dentro de una tarta», cuenta la pastelera, que recuerda también otro con un mensaje en el que se leía «Perdóname» y una chica que lo rellenó con más de mil euros, que era el dinero que le quería regalar a su hermano por su boda. Por no hablar de las sorpresas, que aquí se multiplican por cuatro si hace falta: «Recuerdo un encargo en el que nos pidieron un roscón con cuatro sorpresas, porque era para una casa con cuatro niños y, si no, se ponían a llorar y a pelear».

Por supuesto, también tienen rellenos más clásicos. Y si te despistaste y ya habías encargado uno sin rellenar, estás de suerte porque te lo hacen en el momento. Además, podrás elegir entre nata, crema, trufa o chocolate. Por tener, hasta tienen una opción sin lactosa. Todos los roscones vienen recién hechos del obrador de su marido Enrique, de la panadería Falcón de Aguiño, que despacha entre 750 y 800 roscones cada año para la de Isabel en Ribeira y que suele alcanzar los mil cien entre las dos. «Entre los encargos de toda la zona y los que se compran en el mismo día, llegamos siempre a esas cifras», indica la panadera. Sí, has leído bien. Aún estás a tiempo de ir a por uno, porque hacen suficientes unidades de más para los rezagados que no los han pedido por adelantado. Mañana, el propio día de Reyes, ocurre lo mismo. Y además, lo comprarás calentito. «Los roscones que se venden hoy, los hacemos hoy; y los de mañana, se hacen mañana. Tenemos tres hornadas cada día», indica Isabel, que vende a 8 euros el roscón pequeño, a 12 el mediano y a 14,50 el grande. Rellenarlo tan solo cuesta 3. Claro, aunque depende de qué...

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