«Vuelvo a casa 62 años después»

ELLOS VUELVEN POR NAVIDAD Charo esperó una vida para pisar Galicia, la tierra que dejó de niña, y donde hoy viven sus dos hijas. Este cuento de Navidad es de verdad. Y reúne cuatro historias. Falas o «portugol»?


Es mucha emoción, hay tanto que decir que no se puede contar. Así expresa Charo Balado lo que siente tras volver a casa, a su tierra, 62 años después. No tenía los 3 años cumplidos cuando se fue. Partió de Marín con sus padres y hermanos con lo puesto y la esperanza de una vida mejor en Brasil. «Mi padre se fue primero él solo. Y aquí quedaron su mujer y sus cinco hijos. Le dijo a mi madre: ‘Espérame, que vuelvo a por vosotros», comienza Charo. Este cuento de Navidad real nace en Galicia, donde vieron la luz cinco de los ocho hermanos Balado, Charo entre esos cinco, la familia que emigró (armada de repollos que se pudrieron en la larga travesía) para que no faltase el pan. «Y no va a faltar, decía mi padre. ¡Mi madre pensaba que el Pan de Azúcar era para comer, que con él no pasaríamos hambre...! No había Internet, no sabía que era un punto turístico», cuenta Charo con ternura y humor. José Balado, padre de Charo y abuelo de Suellen y Caroline, que desde hace casi un año viven en Coruña con sus pequeños Miguel y Gael, era maestro redero. Y así se ganó la vida con oficio y tesón, sorteando un huracán de dificultades, al otro lado del charco. «Mi padre era un héroe, un contador de historias», dice Charo. «Dejó la escuela en primaria, porque sus padres murieron cuando él tenía solo 7 años, pero no paraba de leer. Tenía una biblioteca en casa», cuentan sus nietas Suellen y Caroline. «Por las noches nos contaba cuentos de los hermanos Grimm. Iba por capítulos. ‘Mañana, siguiente capítulo’, decía. Y en Navidad nos llevaba, allá en Brasil, de casa en casa, él tocando su guitarra, y nosotros cantando villancicos», recuerda Charo, que rememora también la matanza del cerdo que hacían en Niterói, su hogar en Río de Janeiro. «Mi madre criaba un cerdo cada año para ponerlo a la mesa en Navidad. Ella nos protegía y nos mimaba. Y mi padre era el que nos contaba los cuentos y nos ponía firmes. Aún me acuerdo de él cuando volvía del mercado con las cajas de manzanas y plataneros, y mis hermanos y yo nos lanzábamos, nos subíamos unos por las piernas y los brazos de otros», relata.

Charo era tan pequeña cuando se fue que ¿qué recuerdos podría guardar? Sus padres y hermanos mayores la ayudaron a construir una memoria y a defenderse en ese idioma propio que acuñó su padre: «el portugol, una mezcla de portugués, gallego y español», sorprende. Pero, más de medio siglo después, Charo se acuerda de una vez, aún en Marín, en que se le cayó la ropa de la muñeca al río y se lanzó... «Y alguien me salvó». Gran parte de su vida la hizo en Niterói, en la isla de la Concepción, de la que, dice, salían siempre en «lanchiña» para ir a la ciudad. «Recuerdos de aquí tendré pocos, pero en Galicia están mis raíces, que me llaman, y mis padres volvieron aquí de año en año, cuando los hijos ya éramos mayores, como de luna de miel. Aquí tengo primas y primos con los que fui perdiendo el contacto. Durante años me carteé con mis dos abuelas... Cada vez que allá en Brasil oigo hablar a alguien en español o gallego me da un vuelco el corazón, siento morriña», se emociona Charo.

Este año celebrará la Navidad en su primer hogar, que está donde están los suyos. Sus hijas Caroline y Suellen volaron aquí a Galicia en busca de una vida mejor. «Y me parece que se repite la historia..., dice Charo, que está en A Coruña, sobre todo, para ayudar a sus hijas con los niños, para cuidar a sus nietos mientras Caroline y Suellen van a trabajar.

Ellas y sus hijos, Miguel y Gael, nacieron en Brasil pero tienen la nacionalidad española. Fue algo de lo que se cuidó su madre, de no perder las raíces.

«Mi abuelo tuvo prosperidad, hizo una vida buena en Brasil, pero también lo perdió todo. Su contable le traicionó, era un amigo de años que lo engañó y le robó lo que tenía», cuenta Caroline, que dice que a su abuelo José no le quedó más remedio que seguir trabajando de pescador hasta su muerte. Y por su arte en el oficio le dieron un premio de honor a uno de los grandes maestros rederos de Brasil.

FAMILIA EN PONTEVEDRA

Esta historia que empezó con la crisis tras la Guerra Civil es como «un conto galego», ríe Suellen aliviando el poso de dolor. «Mi madre me cuenta que mi madrina (su hermana mayor) cogió el sarampión cuando cruzaron la línea del Ecuador. En el barco. Y cuando llegaron a Brasil, no querían dejarla bajar. Pero mi abuelo entró, cogió a su niña y dijo: ‘Mi hija aquí no queda. No vuelve. ¡Aquí nos bajamos todos!’. Mi madre lo cuenta mejor...», relata Caroline, profesora de Historia que no planeó venirse a Europa. «Yo sí que tenía ganas de irme a otro país, y sabía que teníamos familia en Pontevedra, en Marín, y Lugo», dice Suellen, que estudia un máster en la Facultad de Educación. Las dos dicen que la realidad laboral es dura aquí, pero que la calidad de vida es mejor.

«Hay tanto que decir... -dice Charo-. Mis padres nunca perdieron la esperanza. El otro día fui a un concierto de música gallega y me acordé de ellos bailando... Mis hijas han podido conocer las raíces de su madre. Es emocionante volver».

«Mi regalo es volver a casa»

Antía vuelve de Londres por Navidad, con el propósito de Año de Nuevo de cambiar la vida en la City por su hogar. «Londres no es para mí», confiesa. En los tres años que esta cocinera que llegó a chef lleva ganándose la vida en Inglaterra voló a casa siete veces. Pero por Navidad, esta será la primera, the one! «No lo había pensado...», dice. El sabor de la ocasión es especial. «Mi madre está como loca, llenó todo el árbol de adornos, jajaja. Espero que nos juntemos todos por Navidad. Esta es la primera vez que tenemos tres bebés en la familia, así que las Navidades tienen otra luz... sí», afirma Antía, ansiosa por ver a Anxo, Alejandro Federico y Breogán, sus pequeños sobrinos.

Ella aterrizó de nuevo en casa el día 16. «En Navidad nos juntamos seguro. «¡Todos tocamos el ukelele, así que va a ser una fiesta!», dice quien estudió el Ciclo Formativo de Cocina a la vez que trabajaba en una tienda de ocio cultural en A Coruña.

El primer vuelo que la llevó al Reino Unido la iba a traer de vuelta en unos meses. «Me fui a Oxford con unos amigos... y al final esos meses se convirtieron en tres años. Me mudé a Londres hace seis meses, pero hasta entonces viví en Oxford, que es, literalmente, vivir en un cuento. Se parece a Harry Potter, los estudiantes también van con capas. Oxford es muy bonito, en verano vas en barco, con el vino, y te sientes amigo de todo el mundo. El cambio a Londres es brutal», afirma. Antía, que exportó a Londres las potas y otros cacharros galegos, vuelve con la intención de quedarse, de hacer las prácticas de FP de cocina que le «quedaron colgando» y el máster en profesorado. «Siento que me estoy perdiendo cómo crecen mis sobrinos y da rabia... Me apetece volver a vivir a la gallega; como aquí no se vive en ningún sitio». Of course. ¿Lo mejor que se trae de vuelta? «La fortaleza. Aunque te vayas a la China Mandarina, sobrevives. Fui jefa de cocina, hice amigos y tengo un buen nivel de inglés. Eso abre puertas», sazona. Y aquí la guinda: «El mejor ya lo tengo, es mi autorregalo. Volver a casa. ¿Qué más puedo pedir?». Queridos Reyes, aquí hay dabondo.

«La Araucanía se parece a Galicia»

El pasado 22 de diciembre a Kike García le tocó la lotería. Ese día del 2017 le propusieron viajar a Chile, a la Araucanía, para hacerse cargo de la parte técnica de la construcción del Parque Eólico San Gabriel. «Aquí la energía renovable está pegando fuerte, pero yo sabía que tarde o temprano tendría que irme fuera. Mejor ahora, que soy joven, que no tengo atadura y a mí me encanta viajar», dice este ingeniero de Caminos coruñés que nos recibe en casa. Ni tiempo le dimos a recuperarse del jet lag... Semanas antes de Navidad, volvió de Chile a su tierra para dejarse abrazar por el sentimiento de hogar.

UN SHOCK CLIMÁTICO

«De primeras llegué a Santiago, una ciudad enorme. Estar en Las Condes es como estar en Manhattan. Es la Nueva York chilena. Tiene el edificio más alto de Sudamérica, impone», cuenta. A 500 kilómetros al sur de Santiago de Chile está el lugar donde Kike vive esta temporada, acogedor, de unos 50.000 habitantes. «Llegué en agosto y lo primero que me encontré fue frío. Llegas del verano en Galicia con 25 o 26 grados, y de repente invierno. Te levantas a tres grados... ¡Es un poco un shock! Por lo menos climático...», manifiesta.

Pero el verde de la Araucanía se parece al de Galicia, aprecia, y el calor de su gente también. Él ha vuelto a casa dos veces desde que se fue a Chile. «Estoy bien pero se echa de menos a la familia, a los amigos, sobre todo el fin de semana. Los partidos con los amigos, bajar a tomar algo... y la comida. No hay nada comparable a la comida de casa. La tortilla de mi hermana Carla es espectacular», asegura quien pasará la Navidad en Oviedo (su madre es asturiana, así que también vuelve al hogar por Navidad) y el Fin de Año en su Coruña, entre amigos. Por Reyes se queda aquí, y se juntarán unos 18. ¿Les pides a los Magos algo especial? «No soy yo de pedir mucho, tengo de todo, pero no sé... ¡un dron! Es quizá el único capricho que tengo este año». Pues a escribir la carta...

«Mi deseo de Año Nuevo es conciliar»

Vuelve a casa, vuelve. Vuelve, como el Almendro, al hogar Xisela López (A Coruña, 1979), directora creativa ejecutiva de Sra. Rushmore, la agencia de publicidad autora de uno de los anuncios más pegadizos de esta Navidad: «Creo que mi padre es un elfo, ¡sí lo es, sí lo es! Es un elfo...». ¿Puedes dejar de cantar?

A esta creativa coruñesa que vive en Madrid, uno de los anuncios navideños que más morriñenta la ponen es, precisamente, el mítico de El Almendro: «Lo recuerdo de pequeña. Cuando estaba estudiando y sabía que quería dedicarme a esto... Era un anuncio que te emocionaba, que iba por esta parte directa de la emoción, emoción pura y dura. Morriña total. Este año también me ha gustado mucho el anuncio que ha hecho El Almendro con los animales que retornan, y que dice que no hay lugar más cálido y acogedor que el hogar. Habla del sitio al que perteneces».

Xisela pertenece a Galicia y vuelve a A Coruña mañana, día 23. Con un regalo premium bajo el brazo, más interactivo, multifunción y sorprendente que cualquier otro, su hija Alexandra, de 6 meses. «Nombre gallego», subraya quien ha seguido la tradición de poner un nome do país. «Sí, Xisela además tiene una x, y dije: ‘Pues que tenga una x también. Y Alexandra nos gustaba’», cuenta. Alexandra duerme toda la noche y come «superbién», así que su madre con eso ya se da con «un canto en los dientes», dice, y hasta tiene cuerpo para fiestas.

BEBÉ A BORDO

La primera Navidad de Alexandra juntará a toda la familia en la casa de la abuela coruñesa. «Mi padre vive en Lugo, pero viene a pasar la Nochebuena con nosotros en casa de mi madre. Y como ya hay familias políticas, hay que repartirse, ¡pero no se puede pasar la Nochebuena en Coruña y la Navidad en Madrid...!». El padre de Alexandra es madrileño. «Mi chico nació en Coruña de casualidad, porque veranean aquí, pero es de Madrid. Y, al final, las mujeres ganamos en estas cosas. Nochebuena y Navidad lo pasamos en Galicia, y Fin de Año, en Madrid», comparte Xisela, que para abrir boca de cara a la temporada más familiar no lo dudó y se pilló un vuelo con su niña hace cosa de un mes. Un entrante... «Mi madre me dijo: ‘¡Pero estás loca, venirte así con la niña, con el frío que hace!’, pero al final estaba encantada», asegura Xisela.

Según calcula la creativa de publicidad y autora de la novela en SMS Volverán las naranjas, unos diez se juntarán la próxima noche del 24 en casa de mamá, entre hermanos, abuelos, «políticos» familiares y sobrinos.

¿Algún deseo o propósito especial para el 2019? «Mi propósito de Año Nuevo es, sobre todo, trabajar un poco menos, poder estar más tiempo con la enana. Conciliar», revela Xisela haciéndose eco de un clamor social grande, que tiene cada vez más voz y voto.

En su empresa, se aplican ya en serio desde el verano, con una jornada flexible de 9.30 a 18.00, en esta asignatura difícil de aprobar en general en el mercado laboral. «A veces no puede llevarse a cabo, si el cliente pide, por ejemplo, una reunión a las siete, y hay momentos que son una locura, pero solemos intentar cumplirlo, un horario y dinámicas que permitan conciliar. Es lo que le pedimos todos al 2019, ¿no? El problema de la mujer con la inflexibilidad y las horarios de trabajo solo pasa por la conciliación. Y es algo que afecta a hombres y mujeres. Este no es solo un problema de mujeres; es un problema social. Necesitamos que los hombres nos apoyen en esta reivindicación», afirma Xisela.

¿HABEMUS CENTOLLO?

¿Algún plan o antojo en tu vuelta al hogar? «Bueno... yo lo único que le he dicho a mi madre por ahora es: ‘Yo quiero centollo’ (risas). Y mi madre me ha dicho: ’¡Estás tú buena para tener antojos!’», confiesa con risa y apetito.

El 23 celebrará, con buen diente, su regreso navideño con una cena de amigos, la noche del 24 seguirá la celebración con un centollo, seguro, y, después... a vivir, trabajar y conciliar.

Que la Navidad sea de anuncio de los buenos. Para los que vuelven en estas fechas. Por los que se han ido, y para los que siempre están. Y hablando de anuncios con la Sra. Rushmore... los favoritos de Xisela López este año son «el del elfo de El Corte Inglés, un homenaje a todos los trabajadores que nos ayudan a construir la Navidad; el de los langostinos de Vicente del Bosque... Y a nivel internacional, el de Elton John». Un artista. Un regalo grande. Solo se vuelve a ser niño por Navidad... y eso es un regalo.

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